¿Cómo se Aplica el Construccionismo Social en la Psicología?

Rodrigo Ricardo Publicado el 28 mayo, 2025 6 minutos y 22 segundos de lectura

Imagina por un momento que la tristeza no fuera solo una reacción química en tu cerebro, sino una conversación con la soledad. O que la ansiedad no fuera un mal funcionamiento interno, sino una danza agotadora con las expectativas de los demás. Esta es la premisa fundamental del construccionismo social: todo lo que entendemos por «psicológico» se crea, se sostiene y se transforma en nuestras relaciones.

No estamos hablando de negar la biología o el sufrimiento individual. Hablamos de cambiar el foco. En lugar de preguntarnos «¿qué le pasa a esta persona?», el construccionismo social nos invita a explorar «¿en qué tipo de relaciones está inmersa, y qué historias se están contando sobre su vida?».

El objetivo de este artículo es que, al finalizar su lectura, hayas comprendido no solo la teoría, sino el «cómo» se utiliza esta poderosa perspectiva en la práctica psicológica contemporánea.

El Giro Fundamental: Del Mundo Interno al Diálogo Constante

Para aplicar el construccionismo, primero debemos aceptar una idea radical: el significado no se descubre, se negocia. La psicología tradicional a menudo asume que conceptos como «autoestima», «trauma» o «inteligencia» reflejan realidades objetivas internas o biológicas. El construccionismo, sin embargo, sostiene que el significado de estos conceptos se forja a través del lenguaje y las prácticas culturales compartidas.

Piénsalo así: la palabra «depresión» tiene un significado muy distinto para un adolescente en Tokio, para una abuela en un pueblo rural y para un médico en Nueva York. No es que uno tenga la verdad y los demás no; es que cada uno ha construido su realidad en comunidades de significado diferentes. Como afirmó Kenneth Gergen, pionero en este campo, el conocimiento no es algo que posea un individuo aislado, sino algo que se genera en la acción conjunta.

En consecuencia, la aplicación práctica implica dejar de ver a la persona como un recipiente de patologías y empezar a verla como un participante activo en redes de conversaciones que dan forma a su experiencia.

Aplicación en la Terapia: El Cliente es el Experto

El lugar donde el construccionismo social ha tenido su impacto más profundo es en la consulta terapéutica. Su aplicación transforma radicalmente el rol del psicólogo y el del paciente.

El Terapeuta «No-Sabe»

Una de las aplicaciones más revolucionarias proviene de Harlene Anderson y Harold Goolishian, quienes propusieron la postura del «terapeuta no-sabe». Esto no significa que el terapeuta sea ignorante, sino que es un experto en facilitar procesos, no un experto en la vida del otro. El terapeuta deja de ser un detective buscando la causa oculta del problema para convertirse en un colaborador curioso que ayuda al cliente a construir nuevas historias.

En la práctica, esto se ve así:
Un cliente dice: «Soy un fracasado porque perdí mi empleo».
Un enfoque tradicional podría explorar sus creencias irracionales o su pasado. Un enfoque construccionista preguntaría: «¿Quién fue la primera persona que te hizo sentir que el valor de una persona se mide por su empleo? Si tu mejor amigo estuviera en tu situación, ¿le llamarías fracasado? ¿Qué otras palabras usarías para describir lo que estás viviendo ahora que no te hagan sentir tan pequeño?».
El objetivo es resquebrajar la narrativa dominante, la del fracaso, y abrir espacio para historias alternativas que honren otras partes de su identidad.

La Re-Autoría de la Vida

Michael White y David Epston, desde la terapia narrativa, una rama directa del construccionismo social, llevaron esta aplicación un paso más allá con la técnica de «externalización». La idea es que «la persona no es el problema; el problema es el problema».

En una sesión, un terapeuta podría ayudar a un niño diagnosticado con TDAH a separarse del «Monstruo de la Distracción». Juntos, cliente y terapeuta, mapean la influencia de este monstruo en su vida (le hace perder la tarea, enfada a sus padres) y, crucialmente, buscan los «resultados extraordinarios»: los momentos en que el niño derrotó al monstruo o simplemente no le hizo caso.

Esta aplicación es poderosa porque libera a la persona de la culpa y la convierte en la protagonista de una lucha contra un enemigo externo, devolviéndole el sentido de agencia para re-escribir su propia historia.

Lo Personal es Político: Deconstruyendo el Poder en la Consulta

Otra aplicación ética fundamental del construccionismo es la conciencia del poder. Sheila McNamee y Emerson Rasera abogan por un «terapeuta activista», alguien que entienda que el sufrimiento psicológico no ocurre en un vacío social.

Aplicar esta idea significa explorar cómo los discursos dominantes (el machismo, el racismo, la presión por la productividad, los cánones de belleza) se infiltran en la identidad de las personas. Si una mujer llega a consulta con una profunda insatisfacción corporal, un enfoque construccionista no solo explorará su historia personal, sino que la ayudará a deconstruir el discurso social que equipara la delgadez con el éxito. Le preguntará: «¿A quién beneficia que te sientas mal con tu cuerpo? ¿De qué te liberarías si decidieras que tu cuerpo está bien tal como es?».

Se trata de una aplicación que pasa de lo «micro» (el diálogo interno) a lo «macro» (las estructuras sociales), ayudando al cliente a ver que su problema no es solo una falla individual, sino una tensión con un guion cultural más amplio.

Creando Nuevas Realidades: Más Allá de la Terapia Individual

La aplicación del construccionismo social desborda la terapia uno a uno y se manifiesta en formatos grupales y comunitarios de forma muy potente.

En la terapia de grupo, el objetivo no es que el terapeuta interprete, sino que el propio grupo se convierta en un generador de múltiples perspectivas. Un grupo es un laboratorio donde los participantes pueden experimentar con nuevas formas de relacionarse. Si una persona se ve a sí misma como «tímida», el grupo puede ofrecerle un espacio seguro donde probar a ser «el que habla primero» y recibir una validación que contradiga su narrativa de incapacidad.

Los terapeutas construccionistas facilitan este proceso haciendo preguntas circulares que conectan a los miembros: «Pedro, ¿qué sientes cuando ves que María se emociona al contar lo que tú acabas de decir?». De esta manera, la cura no es un insight interno, sino el nacimiento de un nuevo tejido relacional.

Resultados de Aprendizaje

Después de leer este artículo, deberías haber aprendido lo siguiente:

  1. Diferenciar el Paradigma: Identificar la diferencia fundamental entre el modelo psicológico tradicional (centrado en el déficit interno) y el construccionista (centrado en la construcción relacional del significado).
  2. Definir el Concepto Central: Explicar qué significa que la realidad psicológica se «construye socialmente» a través del lenguaje, la cultura y las relaciones.
  3. Analizar la Postura del Terapeuta: Describir la postura del «terapeuta no-sabe» y cómo esta facilita un proceso de colaboración horizontal.
  4. Aplicar Técnicas Narrativas: Reconocer el principio de «la persona no es el problema» y cómo técnicas como la externalización ayudan a re-escribir historias de vida.
  5. Evaluar la Influencia Social: Ser capaz de analizar críticamente cómo los discursos de poder (género, clase, raza) contribuyen al malestar psicológico individual.
  6. Visualizar la Práctica Grupal: Comprender cómo la terapia de grupo se convierte en un espacio de co-creación donde los participantes construyen nuevas posibilidades de ser.

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Rodrigo Ricardo Editor y fundador