Fernando VII de España: Un reinado entre la crisis y la restauración (1808 y 1813–1833)

Rodrigo Ricardo Publicado el 7 marzo, 2025 5 minutos y 41 segundos de lectura

Fernando VII de España, conocido como «el Deseado» y «el Rey Felón», es una de las figuras más controvertidas y complejas de la historia de España. Su reinado, que abarcó dos periodos distintos (1808 y 1813–1833), estuvo marcado por la invasión napoleónica, la Guerra de Independencia, la lucha entre el absolutismo y el liberalismo, y el declive del Imperio español. Este artículo explora la vida, el reinado y el legado de Fernando VII, analizando cómo su gobierno influyó en la historia de España y en el rumbo político del siglo XIX.


Primeros años y ascenso al trono

Fernando VII nació el 14 de octubre de 1784 en el Palacio de El Escorial, hijo de Carlos IV y María Luisa de Parma. Desde su infancia, fue educado en un ambiente cortesano marcado por las intrigas políticas y las tensiones familiares. Su relación con sus padres, especialmente con su madre, fue tensa, y desde joven mostró una clara animadversión hacia el favorito de la corte, Manuel Godoy, quien ejercía una gran influencia sobre Carlos IV.

En 1808, las tensiones entre Fernando y sus padres llegaron a su punto culminante con el llamado «Motín de Aranjuez». Este levantamiento popular, instigado en parte por los partidarios de Fernando, llevó a la abdicación de Carlos IV en favor de su hijo. Sin embargo, el ascenso de Fernando VII al trono fue efímero. Napoleón Bonaparte, aprovechando la debilidad de la monarquía española, convocó a la familia real a Bayona, donde obligó a Fernando a devolver la corona a su padre, quien a su vez la cedió a Napoleón. Este último colocó a su hermano, José Bonaparte, en el trono de España, iniciando así la Guerra de Independencia (1808–1814).


La Guerra de Independencia y el cautiverio de Fernando VII

Durante la Guerra de Independencia, Fernando VII permaneció cautivo en Francia, en el castillo de Valençay. Mientras tanto, en España, el vacío de poder generado por la ausencia del rey llevó a la formación de las Juntas Provinciales y, posteriormente, a la convocatoria de las Cortes de Cádiz en 1810. Estas Cortes, dominadas por liberales, promulgaron la Constitución de 1812, conocida como «La Pepa», que establecía una monarquía constitucional y limitaba los poderes del rey.

Aunque Fernando VII fue visto por muchos españoles como un símbolo de resistencia frente a la ocupación francesa, su actitud durante su cautiverio fue ambigua. Mantuvo correspondencia con Napoleón y mostró cierta disposición a colaborar con el emperador francés, lo que generó desconfianza entre sus partidarios.


La restauración absolutista (1814–1820)

En 1814, tras la derrota de Napoleón, Fernando VII regresó a España. A su llegada, se encontró con un país dividido entre los partidarios del absolutismo y los defensores del liberalismo. Aunque inicialmente pareció aceptar la Constitución de 1812, pronto dio un giro hacia el absolutismo. Con el apoyo de los sectores más conservadores de la sociedad, firmó el Manifiesto de los Persas, que justificaba la restauración del poder absoluto, y derogó la Constitución.

El periodo entre 1814 y 1820, conocido como el «Sexenio Absolutista», estuvo marcado por la represión política, la persecución de los liberales y el intento de restaurar el antiguo régimen. Sin embargo, el gobierno de Fernando VII se caracterizó por la ineficacia y la corrupción, lo que agravó la crisis económica y social del país.


El Trienio Liberal (1820–1823)

En 1820, el descontento generalizado con el gobierno de Fernando VII llevó a un levantamiento militar liderado por el coronel Rafael del Riego. Este pronunciamiento obligó al rey a aceptar la Constitución de 1812 y a iniciar un periodo conocido como el Trienio Liberal. Durante estos tres años, se implementaron reformas progresistas, como la abolición de los señoríos, la libertad de imprenta y la desamortización de tierras eclesiásticas.

Sin embargo, el Trienio Liberal estuvo marcado por la inestabilidad política y la oposición de los absolutistas, quienes conspiraron para restaurar el poder absoluto de Fernando VII. En 1823, con el apoyo de la Santa Alianza (una coalición de potencias europeas conservadoras), Francia intervino en España y restauró a Fernando VII como monarca absoluto en lo que se conoce como la «Década Ominosa» (1823–1833).


La Década Ominosa y el problema sucesorio

La última etapa del reinado de Fernando VII, conocida como la Década Ominosa, estuvo caracterizada por la represión política, la persecución de los liberales y el intento de mantener el orden absolutista en un contexto de creciente descontento social y económico. Durante este periodo, el rey se enfrentó a numerosos desafíos, incluyendo rebeliones internas y la pérdida de la mayoría de las colonias americanas, que lograron su independencia.

Uno de los aspectos más significativos de este periodo fue el problema sucesorio. Fernando VII no tenía descendencia masculina, y su única hija, Isabel, nació en 1830. Para asegurar su sucesión, el rey derogó la Ley Sálica, que excluía a las mujeres del trono, mediante la Pragmática Sanción de 1830. Esta decisión fue contestada por su hermano, Carlos María Isidro, quien reclamó sus derechos al trono y se convirtió en el líder de los carlistas, partidarios del absolutismo más intransigente.


Muerte y legado de Fernando VII

Fernando VII murió el 29 de septiembre de 1833 en Madrid, dejando un país profundamente dividido y al borde de una guerra civil. Su hija, Isabel II, fue proclamada reina bajo la regencia de su madre, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias. Sin embargo, la cuestión sucesoria desencadenó la Primera Guerra Carlista (1833–1840), un conflicto que enfrentó a los partidarios de Isabel II (liberales) con los carlistas (absolutistas).

El legado de Fernando VII es objeto de debate entre los historiadores. Por un lado, es recordado como un monarca que obstaculizó el progreso liberal y contribuyó al declive de España como potencia internacional. Por otro lado, su figura simboliza la resistencia frente a la ocupación francesa y la defensa de la monarquía tradicional.


Conclusión

El reinado de Fernando VII fue un periodo crucial en la historia de España, marcado por la lucha entre el absolutismo y el liberalismo, la pérdida del Imperio colonial y el inicio de las guerras carlistas. Aunque su gobierno estuvo lleno de contradicciones y fracasos, su figura sigue siendo un punto de referencia para entender las tensiones políticas y sociales que definieron el siglo XIX en España. Fernando VII, «el Deseado» y «el Rey Felón», encarna las contradicciones de una época en la que España buscó su lugar en un mundo en transformación.

Rodrigo Ricardo
Rodrigo Ricardo Editor y fundador