Golpe de Estado y Guerra Civil en España (1936–1939)

Rodrigo Ricardo Publicado el 7 julio, 2025 5 minutos y 43 segundos de lectura

Los Antecedentes del Golpe Militar y la Fractura Social

La Guerra Civil española, que se extendió desde el verano de mil novecientos treinta y seis hasta la primavera de mil novecientos treinta y nueve, no fue un evento aislado, sino la culminación de tensiones políticas, sociales y económicas que se habían venido acumulando durante décadas. España, a principios del siglo XX, era un país profundamente dividido entre tradición y modernidad, con una estructura social desigual donde la oligarquía terrateniente y la Iglesia católica ejercían un poder considerable sobre las clases populares.

La proclamación de la Segunda República en mil novecientos treinta y uno había generado esperanzas de reforma entre los sectores progresistas, pero también un profundo rechazo entre los conservadores, que veían en las medidas laicas y redistributivas una amenaza a sus privilegios. Durante el bienio reformista, bajo el gobierno de Manuel Azaña, se impulsaron cambios como la reforma agraria, la secularización del Estado y la autonomía regional, lo que exacerbó los enfrentamientos entre izquierdas y derechas.

La victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero de mil novecientos treinta y seis fue el detonante final que convenció a los sectores más reaccionarios del ejército y la política de que solo un golpe de fuerza podría «salvar a España» del comunismo y la anarquía.

Entre los conspiradores, destacaban figuras como los generales Emilio Mola, José Sanjurjo y Francisco Franco, quienes, desde sus respectivos puestos en el ejército, tejieron una red de apoyos que incluía a monárquicos, carlistas y falangistas.

El asesinato del líder derechista José Calvo Sotelo en julio de mil novecientos treinta y seis, supuestamente a manos de guardias de asalto vinculados a la izquierda, sirvió como justificación moral para el alzamiento, aunque el plan ya estaba en marcha desde hacía meses. El golpe, que debía ser rápido y contundente, fracasó en su objetivo de tomar el poder inmediatamente debido a la resistencia popular y la lealtad de amplias zonas del país al gobierno republicano.

Este fracaso inicial convirtió lo que pudo haber sido un simple cambio de régimen en una larga y sangrienta guerra civil, donde España quedó dividida en dos bandos irreconciliables: los sublevados, que se autodenominaron «nacionales», y los defensores de la República, compuestos por una frágil alianza de socialistas, comunistas, anarquistas y republicanos burgueses.

El Estallido de la Guerra y la Internacionalización del Conflicto

Una vez iniciado el conflicto, la guerra civil española adquirió rápidamente una dimensión internacional, convirtiéndose en un campo de batalla simbólico entre las ideologías totalitarias que dominaban Europa en los años treinta. Los sublevados recibieron el apoyo decisivo de la Alemania nazi y la Italia fascista, que enviaron armamento, aviones y tropas, como la Legión Cóndor y el Corpo Truppe Volontarie.

Este respaldo fue fundamental para que Franco consolidara su posición como líder indiscutible del bando nacional tras la muerte de Sanjurjo en un accidente aéreo y las discrepancias entre otros generales. Por otro lado, la República, aunque reconocida internacionalmente como gobierno legítimo, fue abandonada a su suerte por las democracias occidentales, que impusieron una política de no intervención que en la práctica perjudicó solo a los republicanos.

Solo la Unión Soviética y México ofrecieron ayuda significativa al gobierno legítimo, aunque la ayuda soviética llegó con condiciones políticas que generaron tensiones internas en el bando republicano, especialmente entre comunistas y anarquistas.

Las Brigadas Internacionales, formadas por voluntarios antifascistas de todo el mundo, se convirtieron en un símbolo de la lucha por la democracia, pero su impacto militar fue limitado frente a la superioridad técnica y organizativa de las fuerzas franquistas. Mientras tanto, en la retaguardia de ambos bandos, se vivieron episodios de extrema violencia.

En la zona nacional, se impuso desde el principio un régimen de terror sistemático contra cualquier sospechoso de simpatizar con la República, con ejecuciones masivas y purgas ideológicas. En la zona republicana, aunque inicialmente hubo un estallido de violencia revolucionaria incontrolada, con persecuciones religiosas y colectivizaciones forzosas, el gobierno intentó, con poco éxito, restablecer el orden legal.

La guerra no fue solo un enfrentamiento militar, sino también una lucha por el control de la narrativa histórica, donde ambos bandos utilizaron la propaganda para deshumanizar al enemigo y justificar sus acciones. La aviación alemana, por ejemplo, bombardeó ciudades como Guernica en un claro ensayo de lo que sería la Segunda Guerra Mundial, mientras que la resistencia republicana en Madrid se convirtió en un mito de heroísmo popular.

El Desenlace de la Guerra y sus Consecuencias a Largo Plazo

Para mil novecientos treinta y nueve, la República estaba militarmente derrotada, con Cataluña y Madrid cayendo en manos franquistas en los últimos meses de la guerra. Franco, ya investido como caudillo, estableció una dictadura que duraría casi cuatro décadas, basada en la represión política, el nacionalcatolicismo y el culto a su figura.

La posguerra fue un periodo de hambre, exilio y persecución, donde miles de republicanos fueron ejecutados, encarcelados o forzados al exilio, mientras que el régimen franquista consolidaba su poder mediante un férreo control sobre todos los aspectos de la vida pública. La guerra civil dejó una huella traumática en la sociedad española, con familias divididas y un silencio impuesto que solo comenzaría a romperse décadas después, con la transición a la democracia.

A nivel internacional, la guerra civil española fue vista como un preludio de la Segunda Guerra Mundial, demostrando la ineficacia de la política de apaciguamiento frente al expansionismo fascista. Para muchos intelectuales y artistas de la época, como George Orwell o Pablo Picasso, la lucha en España simbolizó la defensa de los valores humanistas frente a la barbarie.

Sin embargo, la victoria franquista consolidó un régimen autoritario que sobrevivió incluso a la derrota de sus aliados del Eje en mil novecientos cuarenta y cinco, gracias al aislamiento inicial y posteriormente al apoyo de Estados Unidos durante la Guerra Fría. Hoy, el estudio de la guerra civil sigue siendo esencial para entender no solo la historia de España, sino también los conflictos ideológicos del siglo XX, cuyas repercusiones aún resuenan en el debate político contemporáneo.

La memoria histórica sigue siendo un campo de batalla, donde las víctimas de ambos bandos reclaman reconocimiento y justicia en un país que, aunque reconciliado en apariencia, aún carga con las cicatrices de su pasado más oscuro.

Rodrigo Ricardo
Rodrigo Ricardo Editor y fundador