Historia de la Empresa La Serenísima: Orígenes y Fundación

Rodrigo Ricardo Publicado el 27 agosto, 2025 3 minutos y 34 segundos de lectura

La historia de La Serenísima, una de las empresas lácteas más emblemáticas de Argentina, comienza con la llegada de un inmigrante italiano a principios del siglo XX. Su nombre era Antonino Mastellone, nacido en Piano di Sorrento, Nápoles, el 12 de diciembre de 1899, en el seno de una familia con tradición quesera. A los 18 años, se trasladó a Milán para perfeccionarse en la elaboración de quesos y, posteriormente, trabajó en la quesería de la ciudad de Sassari, en Cerdeña. Egresó con el título de técnico en quesería y, en 1925, decidió emigrar a Argentina, atraído por las oportunidades que ofrecía el país en el sector lácteo.

Primeros pasos en Argentina

Al llegar a Buenos Aires, Antonino comenzó a trabajar como técnico en una industria láctea de Junín, provincia de Buenos Aires. Sin embargo, su espíritu emprendedor lo llevó a fundar su propia empresa. En 1929, tras casarse con Teresa Aiello, estableció oficialmente La Serenísima. El nombre de la empresa tiene una historia particular: durante la Primera Guerra Mundial, una escuadrilla de aviones italiana denominada “La Sereníssima” sobrevoló Viena con la misión de bombardearla, pero en su lugar lanzó miles de folletos convocando a la paz mundial. Antonino, conmovido por este acto, prometió que, al tener su propio emprendimiento, lo bautizaría con el nombre de dicha escuadra.

Expansión y consolidación

En 1935, La Serenísima adquirió su primer camión para transportar los productos, asegurando que llegaran al consumidor con la calidad original. Los productos comenzaron a venderse en pizzerías de la calle Corrientes y en barrios porteños como La Boca y Barracas, donde una fuerte inmigración italiana apreciaba la mozzarella y la ricotta.

A medida que la demanda crecía, la empresa implementó innovaciones tecnológicas. En 1952, comenzaron a realizar los primeros análisis para comprobar el tenor graso y la acidez de la materia prima, lo que llevó a que los tamberos entregaran leche de mayor calidad. Ese mismo año, tras el fallecimiento de Antonino Mastellone, su hijo Pascual asumió la dirección de la empresa.

En 1960, La Serenísima comenzó a procesar leche pasteurizada, y en 1961 comenzó a venderla en botellas de vidrio de color verde. En 1962, la empresa creó la inspección de tambos, y en 1963 comenzó a elaborar yogur en Argentina. En 1967, diversificó su producción al comenzar a elaborar dulce de leche y reemplazó la botella de leche verde por una transparente litografiada. En 1968, introdujo el sachet como envase para la leche.

Innovación y liderazgo

Durante las décadas siguientes, La Serenísima continuó innovando y consolidándose como líder en el mercado argentino. En 1982, la empresa impuso el sello de calidad LS en sus productos, y en los años 1990, lanzó al mercado la Leche Ultrapasteurizada, Leche Cultivada y Leche con Hierro. En 1996, concretó una alianza con el Grupo Danone para la elaboración, comercialización y distribución de las líneas de yogures y postres de la marca argentina.

En los años 2000, La Serenísima lanzó la Leche Serecol, Mundialito La Serenísima y varios productos lácteos junto al Grupo Danone. Durante los años 2010, la empresa continuó ampliando su portafolio con nuevos productos lácteos, en alianza con el Grupo Danone y otras marcas, consolidando su presencia en el mercado.

Actualidad

Actualmente, un 51,22% de La Serenísima pertenece a Arian Oliver Hermanos, mientras que el 48,78% restante está dividido entre Arcor y Bagley, siendo Arcor propietario del 36% y el Grupo Danone del 66%. La empresa también ha avanzado hacia la sostenibilidad: en septiembre de 2024, anunció que el 63% de su suministro energético proviene de energía renovable, tras firmar un convenio con MSU Argentina.

Conclusión

La Serenísima es un claro ejemplo de cómo el esfuerzo, la innovación y el compromiso con la calidad pueden transformar una pequeña empresa en un líder del mercado. Desde sus humildes comienzos en General Rodríguez hasta convertirse en una de las empresas lácteas más importantes de Argentina, La Serenísima ha sabido adaptarse a los cambios del mercado y seguir siendo un referente en la industria alimentaria.

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Rodrigo Ricardo Editor y fundador