La Resistencia Peronista (1955-1973): Proscripción y Lucha por el Retorno

Rodrigo Ricardo Publicado el 4 abril, 2025 10 minutos y 1 segundos de lectura

Entre septiembre de 1955 y mayo de 1973, la Argentina vivió una de las etapas más singulares y violentas de su historia política. El derrocamiento del gobierno constitucional de Juan Domingo Perón no solo fracturó el orden institucional, sino que dio origen a un fenómeno inédito en América Latina: una resistencia popular organizada que durante 18 años desafió la proscripción, la dictadura autodenominada “Revolución Libertadora” y los sucesivos gobiernos militares y civiles que intentaron “desperonizar” el país.

Este artículo no es un simple relato cronológico. Es un análisis profundo de cómo una masa sindical, juvenil y territorial, sin su líder presente en el suelo patrio, logró mantener viva una identidad política, resistió la persecución, construyó redes clandestinas y, finalmente, forzó el retorno de Perón a través de las urnas. Al finalizar, encontrarás los resultados de aprendizaje esperados y las etiquetas para WordPress.


El Giro Inicial: ¿Por qué estalló la resistencia? (Contexto relámpago)

El 16 de junio de 1955, la Marina y sectores del Ejército bombardearon la Plaza de Mayo matando a más de 300 civiles. Fue el preludio del golpe del 16 de septiembre. Perón, sitiado, firmó su renuncia y partió al exilio. Inmediatamente, el general Eduardo Lonardi asumió con la frase conciliadora: “ni vencedores ni vencidos”. Duró 56 días. Su reemplazo, el general Pedro Eugenio Aramburu, implementó la proscripción total: disolvió el Partido Peronista, intervino los sindicatos, prohibió la utilización de símbolos (el escudo, la canción “Los muchachos peronistas”, la foto de Perón) y declaró ilegal la mera mención de su nombre.

El detonante central: La clase trabajadora argentina, que entre 1945 y 1955 había duplicado su participación en el ingreso nacional y obtenido derechos como el aguinaldo, las vacaciones pagas y la jornada de 8 horas, vio ese universo amenazado. La resistencia no nació por nostalgia, sino por la defensa concreta de conquistas laborales y de un lugar en la sociedad que el peronismo les había garantizado.


Las Etapas de la Resistencia Peronista (1955-1973)

Para comprender su evolución, dividimos este período en cuatro fases clave. Cada una modificó las tácticas, los protagonistas y los objetivos.

Primera Fase (1955-1958): La resistencia civil y los comandos clandestinos

Tras el golpe, la respuesta fue inmediata pero descoordinada. Nacieron los “Comandos de Resistencia” en fábricas y barrios. Las acciones incluían:

  • Sabotaje industrial: Cortes de luz, rotura de maquinarias, pintadas con consignas peronistas.
  • Huelgas salvajes: Sin aviso legal, como la ola de paros en los frigoríficos de Berisso y Avellaneda.
  • El “Plan de lucha” de la CGT: La Confederación General del Trabajo, intervenida, operaba desde la clandestinidad. El 22 de noviembre de 1956, el general Juan José Valle encabezó un levantamiento militar peronista (fusilado junto a otros civiles y militares en junio de 1956). Ese hecho radicalizó a la base: ya no había vuelta atrás.

Hito emblemático: La primera huelga general exitosa de la resistencia fue en enero de 1957. Duró 10 días y paralizó la industria metalúrgica. El gobierno respondió con la cárcel para miles de obreros y la intervención de 46 sindicatos.

Segunda Fase (1958-1962): La resistencia sindical y el “Plan de Lucha” de Vandor

En 1958 asume Arturo Frondizi (UCRI) con un discurso que prometía integrar al peronismo. Frondizi legalizó parcialmente la actividad sindical, pero mantuvo la proscripción electoral. Aquí emerge la figura de Augusto Timoteo Vandor, metalúrgico, líder de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM).

Vandor planteó un pragmatismo duro: “Para volver, hay que estar”. Propuso que los sindicatos presionaran sin romper el sistema. En 1959, lanzó un Plan de Lucha que incluyó ocupaciones de fábricas y una huelga de 37 días. El resultado fue ambiguo: Frondizi dictó el “Plan Conintes” (Conmoción Interna del Estado), poniendo a los huelguistas bajo tribunales militares. La resistencia aprendió que el gobierno civil podía ser tan represivo como el militar.

El quiebre: En marzo de 1962, Frondizi permitió que el peronismo participara en elecciones provinciales. El peronismo ganó 10 de las 14 provincias (incluyando Buenos Aires con el controvertido sindicalista Andrés Framini). Los militares presionaron, Frondizi fue derrocado, y se demostró una verdad central: el peronismo era invencible en las urnas si se lo dejaba competir. La proscripción se endureció.

Tercera Fase (1963-1969): El “Peronismo sin Perón” y el surgimiento de la nueva izquierda

El gobierno de Arturo Illia (UCRP) intentó una “desperonización educativa” y mantuvo la proscripción. Fue el momento de mayor fragmentación interna:

  • Los sindicalistas ortodoxos (Vandor, luego asesinado en 1969) negociaban con el poder de facto buscando un “peronismo sin Perón”.
  • Los “Comandos de la Juventud Peronista” (CJP): Nacen en 1965, liderados por estudiantes y obreros jóvenes que rechazaban el sindicalismo burocrático. Comienzan a vincularse con experiencias guerrilleras (como el Frente Revolucionario Peronista y luego las FAR – Fuerzas Armadas Revolucionarias).
  • La figura de Perón desde Madrid: Perón maniobró hábilmente. Desde el exilio, envió directivas contradictorias: a veces apoyaba a Vandor (para mantener el control sindical), otras bendecía a la juventud radicalizada (para presionar a la cúpula). Su lema fue: “No hay enemigos a la derecha, todos son compañeros”. Pero la realidad mostraba una lucha sorda por la conducción.

Dato crítico: En 1965, Perón autorizó la creación del “Frente Nacional y Popular” (FreNaPo), una alianza con el radicalismo frondicista. La resistencia dejó de ser puramente defensiva y comenzó a construir una estrategia electoral, aunque seguía siendo ilegal.

Cuarta Fase (1969-1973): El Cordobazo, la juventud armada y la implosión del régimen

El 29 de mayo de 1969, la ciudad de Córdoba estalló. El Cordobazo fue una insurrección popular que combinó estudiantes, obreros de las fábricas (Ika-Renault, Fiat, Kaiser) y vecinos. No fue dirigido por la burocracia sindical tradicional, sino por las CGT de los Argentinos (sindicatos combativos) y el Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo.

Consecuencias inmediatas del Cordobazo:

  1. Cayó el dictador Juan Carlos Onganía (Revolución Argentina) y asumió el general Levingston, luego Lanusse.
  2. La resistencia pasó del sindicalismo al activismo territorial y armado. Surgieron Montoneros (peronismo de izquierda) y el ERP (guevarista, no peronista, pero aliado táctico).
  3. El régimen militar comprendió que la proscripción era insostenible. Lanusse lanzó el Gran Acuerdo Nacional (GAN) en 1971, ofreciendo salida electoral sin Perón candidato.

La respuesta de la resistencia fue el “Operativo Retorno”: movilizaciones masivas, la consigna “Luche y vuelve” y una hábil negociación de Perón desde Madrid. En noviembre de 1972, Perón regresó brevemente (fue expulsado por Lanusse, pero dejó ordenado el frente electoral). El 11 de marzo de 1973, el peronismo ganó con su delegado personal, Héctor J. Cámpora. El 20 de junio de 1973, Perón volvió definitivamente. La resistencia había triunfado.


Métodos y estrategias de la resistencia: más allá de los mitos

La Resistencia Peronista no fue una guerrilla homogénea. Podemos identificar tres grandes líneas de acción:

EstrategiaTácticasProtagonistasResultado
SindicalHuelgas, ocupaciones, sabotajes en fábricas, negociaciones encubiertasVandor, Ongaro, dirigentes de UOM, SMATA, Luz y FuerzaMantuvieron la cohesión del movimiento obrero
Política clandestinaCreación de partidos tapadera (UP), imprentas ilegales, distribución de volantesAbogados, docentes, empleados públicosImpedieron la desaparición del discurso peronista
Insurreccional/armadaToma de ciudades (Cordobazo, Rosariazo, Viborazo), atentados selectivos, secuestrosJuventud Peronista, Montoneros, FARForzaron la apertura política del régimen

Un elemento poco estudiado pero crucial fue la red femenina de resistencia. Las mujeres peronistas (herederas del Partido Peronista Femenino) organizaron ollas populares, escondieron militantes perseguidos, trasladaron correspondencia entre fábricas y sostuvieron económicamente a presos políticos. Su rol fue el esqueleto invisible de la lucha.


El costo humano: represión, desaparecidos y memorias

Entre 1955 y 1973, el Estado argentino (militar y civil) aplicó una política sistemática de represión. Datos cuantitativos parciales (basados en archivos de la CGT y la Liga Argentina por los Derechos del Hombre):

  • Más de 20.000 detenidos políticos solo entre 1955 y 1958.
  • Al menos 400 fusilados (incluyendo los del levantamiento de Valle en 1956 y ejecuciones ilegales en 1959-1962).
  • Cientos de “desaparecidos temporales” (secuestros de 24 a 72 horas con torturas, antes de la figura legal de desaparición forzada que se instalaría en 1976).
  • Exiliados: más de 5.000 peronistas debieron huir a Chile, Uruguay, México y España.

La resistencia respondió con su propia violencia: atentados con explosivos, asesinatos selectivos (como el del dirigente sindical no peronista) y, hacia 1970-1973, acciones de guerrilla urbana. Sin embargo, el balance de poder fue siempre asimétrico: el Estado tenía las fuerzas armadas; la resistencia, la capilaridad social.


Lecciones estratégicas: ¿Por qué resistieron tanto tiempo?

La Resistencia Peronista ofrece un caso de estudio en politología sobre movimientos de liberación nacional en democracias restringidas. Cuatro claves explican su longevidad:

  1. Liderazgo externo unificador: Perón, desde Madrid, actuó como “árbitro” entre facciones. Su capacidad de emitir órdenes (la “conducción”) evitó la fragmentación total que sufrieron otros movimientos proscriptos (ej. el radicalismo en los años 30).
  2. Base social sólida: No era una vanguardia sin pueblo. El 40% de los trabajadores argentinos estaban sindicalizados y tenían memoria de los beneficios peronistas. Cada ataque del Estado reforzaba la identidad de clase.
  3. Flexibilidad táctica: Pasaron de la huelga pacífica a la insurrección callejera y al diálogo político sin dogmatismo. Supieron cuándo negociar (Frondizi, Lanusse) y cuándo presionar (Cordobazo).
  4. Construcción de una narrativa de “mártires”: Los fusilamientos de 1956 (Valle, el general Juan José Pérez, los civiles) se convirtieron en rituales de memoria. Cada 9 de junio, la resistencia realizaba actos clandestinos. El dolor colectivo se transformó en combustible político.

El desenlace: El retorno y las heridas abiertas

El 25 de mayo de 1973, Cámpora asumió la presidencia. La resistencia festejó, pero el final del artículo no es feliz. El retorno de Perón, el 20 de junio, derivó en la Masacre de Ezeiza: francotiradores de la derecha peronista dispararon sobre la juventud montonera, dejando al menos 13 muertos y 365 heridos. La resistencia había ganado la lucha por el retorno, pero perdió la lucha por el rumbo interno. Perón, ya enfermo, falleció el 1 de julio de 1974. El país entró en una espiral de violencia que culminaría en el golpe de 1976.

No obstante, sin los 18 años de resistencia, no habría habido ni retorno ni primavera democrática de 1973. La historia argentina posterior –incluyendo el regreso de la democracia en 1983– es incomprensible sin aquella generación que, proscripta, dijo “ni olvido ni perdón”.


Resultados de Aprendizaje

Al finalizar esta lectura, el estudiante o investigador estará en condiciones de:

  1. Identificar las causas inmediatas y estructurales del golpe de 1955 y cómo la proscripción del peronismo generó una resistencia organizada durante 18 años.
  2. Diferenciar las cuatro fases cronológicas de la Resistencia Peronista (1955-1958, 1958-1962, 1963-1969, 1969-1973), reconociendo sus tácticas, líderes y contextos políticos específicos.
  3. Analizar el rol de Augusto Vandor como líder sindical pragmático y comprender la tensión entre “peronismo sin Perón” y el liderazgo externo desde Madrid.
  4. Explicar el impacto del Cordobazo (1969) como punto de inflexión que quebró la dictadura de Onganía y forzó la apertura electoral.
  5. Describir los métodos de represión estatal (fusilamientos, Plan Conintes, detenciones masivas) y las estrategias de resistencia (sabotaje, huelgas, acción armada, redes femeninas).
  6. Evaluar por qué el peronismo proscripto logró mantenerse unificado en comparación con otros movimientos latinoamericanos, destacando la función de Perón como árbitro.
  7. Relacionar la resistencia peronista con la violencia de los años 70, incluyendo la Masacre de Ezeiza como síntoma de fractura interna.
  8. Argumentar la relevancia histórica de este período para entender la democracia argentina posterior a 1983 y los debates actuales sobre memoria, proscripción y derechos humanos.

Explora más sobre este tema

Selecciona un tema y sigue aprendiendo...

Rodrigo Ricardo
Rodrigo Ricardo Editor y fundador