Imagina que caminas por una avenida de Santiago: un puesto con frutas frescas, una vendedora que ofrece anticuchos, un carrito con accesorios para celulares y, a la vuelta, alguien que repara zapatos en la vereda. Muchos de esos puestos funcionan sin una tienda formal ni contratos de trabajo a la vista. ¿Son parte importante de la economía del país o simples “anécdotas” urbanas?
La respuesta es: mucho más importante de lo que a veces pensamos.
El comercio informal no solo abastece necesidades diarias, sino que sostiene ingresos de cientos de miles de personas y actúa como un termómetro social y económico cuando hay cambios en el empleo formal. En este artículo te explico qué es el comercio informal, cuánto representa en Chile, cómo ha evolucionado en los últimos años, qué ejemplos podemos observar en el día a día y por qué este fenómeno es clave para entender la realidad laboral del país.
¿Qué es el comercio informal? — Definición simple con ejemplo práctico
El comercio informal reúne todas las actividades de venta de bienes o servicios que se realizan fuera de las estructuras formales, es decir, sin registro de empresa, sin contratos laborales y sin pago regular de impuestos o cotizaciones.
No siempre significa “ilegal”: muchas veces son microemprendimientos legítimos que no han completado los trámites por razones de costo, tiempo o desconocimiento.
Ejemplo práctico:
- Formal: una cafetería registrada donde los trabajadores tienen contrato y el local paga patente y declara impuestos.
- Informal: una persona que vende café desde un carrito en la calle, sin permiso comercial ni emisión de boletas.
Analogía: piensa en la economía como un iceberg. La parte visible —los supermercados, tiendas y empresas— es la economía formal. Debajo, menos visible pero igualmente poderosa, está la economía informal: una masa enorme que sostiene gran parte del movimiento económico del país.
Magnitud: ¿cuánto pesa el empleo informal en Chile?
Para dimensionarlo, basta mirar las cifras del Instituto Nacional de Estadísticas (INE). En los últimos años, la tasa de ocupación informal en Chile ha estado en torno al 25%–27% de la población ocupada.
Eso significa que una de cada cuatro personas que trabajan lo hace en condiciones informales.
En números concretos, a fines de 2024 el INE registró cerca de 2,45 millones de personas ocupadas informalmente. Si imagináramos que todos los trabajadores informales formaran una sola “empresa nacional”, sería una de las más grandes del país.
El fenómeno no es marginal: se trata de una parte estructural del mercado laboral chileno, que incluye desde feriantes y vendedores ambulantes hasta conductores de aplicaciones o pequeños emprendedores digitales.
¿Cómo se distribuye la informalidad dentro del comercio?
Dentro del conjunto de trabajos informales, el sector comercio concentra una de las mayores proporciones. Aquí se encuentran vendedores ambulantes, feriantes, comerciantes de ferias libres, pequeños locales sin registro formal e incluso ventas en línea que operan sin emitir boletas.
El comercio informal urbano, especialmente en ciudades como Santiago, Valparaíso o Concepción, tiene presencia constante y dinámica. Las calles principales, terminales, ferias y estaciones de metro funcionan como espacios de intercambio donde se mezclan lo económico y lo social.
Evolución reciente: ¿está creciendo o disminuyendo?
La evolución del comercio informal en Chile no ha sido lineal. Durante la pandemia de COVID-19, la informalidad aumentó: muchas personas que perdieron sus empleos formales recurrieron a la venta independiente para sostenerse.
En los años posteriores, con la recuperación económica, las tasas se estabilizaron o bajaron ligeramente, pero la cantidad total de trabajadores informales se mantiene alta.
En 2024, la informalidad laboral oscilaba en torno al 26%, cifra apenas inferior a la de los años anteriores. Es decir, el fenómeno persiste y se adapta: cuando el empleo formal se debilita, la informalidad crece; cuando mejora la economía, parte de esas actividades migran a la formalidad.
Este comportamiento refleja que la economía informal actúa como un amortiguador social: absorbe a quienes quedan fuera del mercado formal y ofrece ingresos rápidos, aunque sin las protecciones que brinda un empleo estable.
Detalles y ejemplos del día a día — Historias que explican cifras
Las estadísticas se entienden mejor cuando se traducen en rostros y situaciones cotidianas. Aquí algunos ejemplos que dan vida a los números:
1. Las ferias libres
Las ferias libres son un ícono chileno. En ellas, cientos de familias venden frutas, verduras o productos caseros. Algunos feriantes operan con permisos municipales; otros, sin registro formal.
Muchos de ellos nacieron en la informalidad, ya sea por tradición familiar o por necesidad. Constituir una empresa o pagar impuestos puede parecer una barrera alta para un negocio que funciona solo unos días a la semana.
2. El vendedor ambulante del metro
En la entrada del metro o en las calles del centro, los vendedores ambulantes ofrecen cargadores, paraguas, golosinas o artesanías. Su negocio es móvil, flexible y requiere poca inversión inicial. Sin embargo, no tienen seguridad social ni estabilidad: un cambio en la regulación o una fiscalización intensa puede dejarlos sin su fuente de ingresos de un día para otro.
3. El comercio digital informal
En la era de las redes sociales, muchos venden ropa, repostería o productos artesanales por Instagram o WhatsApp sin emitir boleta ni registrar el negocio. Este tipo de emprendimiento “invisible” ha crecido mucho, especialmente entre jóvenes y mujeres, combinando oportunidades tecnológicas con prácticas informales.
4. La influencia de la migración
En los últimos años, la llegada de migrantes ha impulsado el comercio informal. Para quienes llegan sin redes o papeles en regla, vender en la calle puede ser la forma más rápida de generar ingresos. A su vez, esto diversifica los productos y las culturas en los mercados urbanos.
¿Por qué la gente elige operar en la informalidad?
Las razones son múltiples y, en muchos casos, comprensibles:
- Barreras de entrada a la formalidad: los costos, los trámites y la complejidad de registrarse como empresa pueden parecer abrumadores.
- Flexibilidad: permite manejar horarios, combinar el trabajo con el cuidado familiar o tener varios oficios a la vez.
- Necesidad inmediata: ante la falta de empleo formal, la venta callejera es una alternativa rápida para generar ingresos.
- Desconfianza institucional: algunos emprendedores temen ser perjudicados por el sistema tributario o simplemente no entienden cómo formalizarse.
- Tradición y cultura: en muchas comunidades, la venta informal es parte del tejido social, una práctica transmitida de generación en generación.
Efectos y riesgos del comercio informal
El comercio informal tiene luces y sombras. Aporta dinamismo a la economía, pero también plantea desafíos.
Ventajas
- Genera ingresos inmediatos en situaciones de crisis o desempleo.
- Fomenta el emprendimiento y la creatividad individual.
- Acerca productos a sectores populares donde el comercio formal no llega con facilidad.
- Promueve la resiliencia económica, ya que muchas familias sobreviven gracias a esta alternativa.
Desventajas
- Falta de protección social: los trabajadores informales no cotizan para pensión ni salud, lo que los deja vulnerables.
- Competencia desigual: las empresas formales enfrentan costos que los informales evitan, generando tensiones.
- Riesgo de abuso o precariedad: al no existir contratos, se dificultan las garantías laborales y la seguridad.
- Dificultad para crecer: sin registro legal ni historial financiero, acceder a créditos o programas públicos es complicado.
¿Qué hace el Estado y qué políticas ayudan?
La respuesta estatal frente al comercio informal combina dos estrategias principales:
- Fiscalización y ordenamiento urbano:
Busca controlar la ocupación del espacio público, evitar el comercio ilícito y mantener estándares de seguridad e higiene. - Fomento de la formalización:
A través de programas de capacitación, créditos para microemprendedores, simplificación de trámites y creación de ferias reguladas donde los comerciantes puedan trabajar legalmente.
La experiencia demuestra que las políticas más efectivas no son las puramente punitivas, sino las que combinan control con apoyo real. Es decir, ofrecer alternativas viables para que quienes trabajan en la informalidad puedan formalizarse sin perder su fuente de ingresos.
Tecnología y comercio informal: ¿aliados o rivales?
La tecnología cumple un papel cada vez más relevante.
- Como aliada: las plataformas de pago digital, redes sociales y aplicaciones permiten que pequeños vendedores alcancen nuevos clientes sin necesidad de un local físico. Muchos usan códigos QR o transferencias electrónicas, lo que facilita el registro de ingresos y el acceso futuro a créditos.
- Como barrera: quienes no manejan herramientas digitales pueden quedar excluidos de nuevas oportunidades, y algunos desconfían de los sistemas en línea por miedo al control o las comisiones.
En otras palabras, la tecnología puede ser una puerta de entrada a la formalización, pero solo si se acompaña de educación digital y apoyo práctico.
Chile en perspectiva regional
Comparado con otros países de América Latina, Chile presenta niveles de informalidad más bajos, pero el desafío sigue siendo grande. En naciones donde la informalidad supera el 50% o incluso el 60%, el caso chileno parece más moderado, pero aún así afecta a millones de personas.
La relativa estabilidad de la tasa de informalidad chilena (en torno al 25–27%) refleja tanto la fortaleza de su estructura económica como la persistencia de desigualdades estructurales. Mientras la economía crece, muchos trabajadores siguen fuera de los beneficios del sistema formal.
Casos de estudio y experiencias locales
Investigaciones recientes sobre el comercio ambulante en la Región Metropolitana han mostrado que la mayoría de los vendedores callejeros quieren formalizarse, pero se enfrentan a altos costos y trámites confusos.
Otros, en cambio, valoran la autonomía y prefieren mantenerse informales porque la formalización no necesariamente mejora sus ingresos.
En algunas comunas, los municipios han impulsado ferias reguladas con permisos y capacitación, permitiendo un equilibrio entre orden urbano y apoyo social. Estos programas suelen ser bien recibidos cuando incluyen acompañamiento técnico y no solo fiscalización.
¿Qué pueden hacer los consumidores y ciudadanos?
Cada persona también puede contribuir al equilibrio entre comercio formal e informal:
- Consumir con conciencia: reconocer que detrás de un puesto o carrito hay una familia que busca salir adelante, pero también valorar la importancia de productos seguros y de calidad.
- Apoyar políticas equilibradas: exigir a las autoridades soluciones que no criminalicen la informalidad, sino que ofrezcan vías reales de formalización.
- Promover la educación financiera y digital: enseñar a los pequeños vendedores cómo usar herramientas digitales o registrar sus ingresos puede marcar una diferencia enorme.
Resumen o conclusión — Lo que debes recordar
El comercio informal en Chile no es una excepción ni un fenómeno pasajero: es una parte estable y significativa de la economía nacional. Cerca de un cuarto de los trabajadores chilenos —más de dos millones de personas— laboran en condiciones informales.
Su evolución depende de múltiples factores: la situación económica, las políticas públicas, la tecnología y los cambios sociales.
Más que eliminarla de golpe, la informalidad necesita ser comprendida y gestionada. Es un reflejo de la capacidad de adaptación de los chilenos, pero también una señal de que todavía existen barreras de acceso al trabajo formal.
El desafío está en transformar esa energía emprendedora en una economía más inclusiva, con oportunidades reales de formalización, protección y crecimiento.
Resultados del aprendizaje
Después de leer este artículo, deberías poder:
- Definir claramente qué es el comercio informal y diferenciarlo del formal.
- Describir la magnitud del fenómeno en Chile, indicando que ronda entre el 25% y el 27% del empleo total.
- Reconocer las causas principales que impulsan la informalidad, como las barreras de entrada, la flexibilidad o la necesidad económica.
- Explicar ventajas y riesgos del comercio informal tanto para quienes lo practican como para el conjunto de la sociedad.
- Identificar políticas y acciones que pueden equilibrar la fiscalización con el apoyo al microemprendimiento.
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