Pesca, pesca en todas partes
¿Te has imaginado alguna vez cómo sería la experiencia de adentrarse en el océano para pescar un tiburón? A primera vista, la idea de capturar de manera deliberada a uno de los depredadores alfa más formidables del planeta puede sonar como una audacia reservada a la ficción cinematográfica. Sin embargo, por sorprendente que parezca, la pesca de estos elasmobranquios es una realidad global que se ejecuta de manera cotidiana a gran escala. Más allá de las expediciones de pesca deportiva, el verdadero impacto sobre estas poblaciones proviene de la pesca comercial a nivel industrial. Con frecuencia, los tiburones terminan atrapados en las gigantescas redes de arrastre y en las kilométricas líneas de palangre que los barcos pesqueros despliegan en alta mar.
Aunque estas sofisticadas herramientas de pesca suelen estar destinadas a capturar otras especies de alto valor comercial para el consumo humano masivo —como el atún, el pargo rojo, el pez espada o el bacalao—, los tiburones que patrullan esas mismas corrientes marinas terminan enredados o enganchados de forma inevitable. Este fenómeno biológico y económico se conoce formalmente en las ciencias ambientales como captura incidental (bycatch). El problema de la captura incidental es grave: debido a que los tiburones necesitan nadar constantemente para forzar el paso de agua oxigenada a través de sus branquias, cuando quedan inmovilizados por las redes durante horas, mueren ahogados mucho antes de que la tripulaciónice los aparejos a la cubierta.
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En otras circunstancias, la presión sobre estos animales no es un accidente geográfico o técnico, sino el resultado de una persecución directa. Los tiburones son capturados intencionalmente en todos los océanos del mundo, operando bajo marcos regulatorios legales en algunos países que gestionan cuotas de pesca, pero también alimentando un destructivo mercado de pesca ilegal, no declarada y no reglamentada que burla las patrullas marítimas y las reservas naturales, empujando a numerosas especies al borde crítico de la extinción.
Como si los tiburones no tuvieran ya un panorama lo suficientemente difícil debido a la persecución humana directa, la actividad pesquera global orientada a otras especies de peces genera un efecto dominó que conduce indirectamente a la inanición y muerte de estos depredadores. Para comprender esta problemática, basta con analizar la estructura de las cadenas tróficas marinas: ¿de qué se alimentan los tiburones? Su dieta está constituida principalmente por peces medianos, calamares y otros mamíferos marinos. Si las flotas industriales extraen anualmente millones de toneladas del pescado que compone su sustento básico, los ecosistemas sufren un vaciado biológico crónico. Al verse privados de sus presas naturales debido a la sobrepesca humana, los tiburones desnutridos pierden la capacidad de reproducirse y mueren. Al igual que cualquier otro ser vivo del planeta, estos animales requieren un flujo constante de alimento y energía para asegurar su supervivencia básica.
Otras formas de peligro
La siguiente gran amenaza que enfrentan los tiburones en el Antropoceno es una de las prácticas más inquietantes, destructivas y éticamente cuestionadas de la industria pesquera global. En los mercados internacionales, especialmente en los países de Asia oriental, las aletas de tiburón constituyen, por un amplio margen, la parte más valiosa y cotizada de todo el animal. En contraste, la carne de tiburón es un producto relativamente barato, difícil de conservar debido a los altos niveles de urea presentes en sus tejidos y de baja demanda en comparación con el espacio limitado que poseen las bodegas de congelación de los barcos en alta mar.
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Esta enorme disparidad económica incentiva la práctica del aleteo de tiburones (shark finning). Este procedimiento consiste en capturar a los ejemplares vivos, izarlos a la cubierta del barco únicamente para cercenar sus aletas pectorales y dorsales con cuchillos térmicos, y arrojar de inmediato el resto del cuerpo, aún con vida, de vuelta al océano. Incapaces de nadar para generar propulsión y estabilizarse, los tiburones mutilados se hunden de manera indefectible hacia el fondo marino, donde mueren de forma agónica por asfixia o son devorados lentamente por los carroñeros del lecho oceánico. Aunque el aleteo de tiburones ha sido declarado estrictamente ilegal por múltiples tratados internacionales y legislaciones nacionales, el altísimo valor de las aletas en el mercado negro —donde se emplean como ingrediente estatus en la tradicional sopa de aleta de tiburón— hace que esta práctica clandestina continúe ocurriendo en aguas internacionales.
Además del lucrativo comercio de sus extremidades, otra porción del tiburón que posee un alto valor comercial son sus mandíbulas y, de forma específica, sus dientes. Los dientes de tiburón, conocidos por su dureza y su icónica morfología aserrada, son codiciados por intermediarios que los comercializan masivamente en el sector del turismo de playa, la fabricación de joyería artesanal, amuletos y diversos artículos de decoración. Esta demanda estética aparentemente inofensiva ejerce una presión adicional sobre las poblaciones de tiburones, incentivando la matanza de ejemplares de gran tamaño, como el tiburón blanco o el tiburón tigre, cuyas dentaduras completas se cotizan por miles de dólares en subastas virtuales, acelerando el declive poblacional de especies que tardan décadas en alcanzar la madurez reproductiva.
Destrucción del habitát
Para dimensionar el impacto de la degradación ambiental sobre las especies marinas, resulta útil trazar una comparación con nuestro entorno cotidiano. ¿Cómo te sentirías si una mañana un grupo de desconocidos entrara por la fuerza en tu hogar, arrojara toneladas de desechos tóxicos y basura descompuesta sobre el suelo de tu sala y se marchara sin dar explicaciones? Sería una situación intolerable y destructiva. Desafortunadamente, ese es exactamente el escenario que las sociedades humanas imponen de manera sistemática sobre el ecosistema y el espacio vital de los tiburones.
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La degradación del hábitat marino se manifiesta a través de múltiples vertientes. En ocasiones, la contaminación adopta la forma de desastres industriales catastróficos, como los derrames de petróleo provocados por plataformas petrolíferas defectuosas o accidentes de buques cisterna en alta mar. El crudo forma películas densas en la superficie y se disuelve parcialmente en la columna de agua, impregnando las branquias de los tiburones, alterando sus sofisticados órganos quimiorreceptores y envenenándolos de forma sistemática a través de la bioacumulación de hidrocarburos pesados.
En otros escenarios cotidianos, el daño es causado por la acumulación silenciosa de basura plástica y desechos sólidos urbanos que viajan desde los ríos hacia los océanos. Los microplásticos y las redes de pesca fantasma —aparejos abandonados que flotan a la deriva durante años— se convierten en trampas mortales invisibles. De cualquier manera, estas alteraciones antropogénicas rompen el equilibrio ecológico de los arrecifes de coral y las zonas pelágicas, destruyendo las áreas de cría de los tiburones y diezmando su salud. Por esta razón, la conservación de los océanos empieza en tierra firme; es una responsabilidad civil ineludible gestionar de forma correcta nuestros residuos y recordar siempre recolectar y reciclar nuestra basura.
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Resumen de la lección
Los tiburones, lejos de ser las amenazas implacables que la cultura popular suele describir, son en realidad una de las familias animales más vulnerables y amenazadas del planeta debido a una convergencia de factores antrópicos:
- Contaminación y alteración ambiental: Los derrames de hidrocarburos y la acumulación de desechos plásticos destruyen la calidad del agua de sus ecosistemas y diezman las cadenas alimentarias de las que dependen.
- Líneas de tambor con cebo y redes de playa: El uso de dispositivos de captura costera (drum lines) diseñados con anzuelos cebados para interceptar y matar selectivamente a los tiburones grandes antes de que se acerquen a las playas turísticas genera un grave daño a las poblaciones locales.
- Captura incidental (bycatch): Las flotas comerciales orientadas a la pesca de peces óseos atrapan por accidente a millones de tiburones al año en redes donde mueren por inmovilización.
- Práctica del aleteo de tiburones (shark finning): La demanda del mercado de lujo impulsa la captura intencional y la mutilación de estos animales para comercializar sus aletas, desechando sus cuerpos al fondo del océano en un proceso insostenible.
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