Pulsión Eros y Thanatos en la perversión freudiana

Rodrigo Ricardo Publicado el 16 abril, 2026 9 minutos y 26 segundos de lectura

Cuando Sigmund Freud habló de pulsión, no se refería al instinto biológico ni a la mera búsqueda de placer. La pulsión es un concepto límite entre lo somático y lo psíquico, una fuerza constante que empuja al sujeto hacia ciertas metas. Entre todas ellas, dos pulsiones fundamentales organizan la vida anímica: Eros (pulsión de vida, amor, unión y creación) y Thanatos (pulsión de muerte, destrucción, repetición compulsiva y retorno a lo inorgánico). En la clínica y la teoría freudiana, la perversión no es una simple desviación de la norma sexual, sino una organización particular de estas dos pulsiones. Quien no comprende la danza entre Eros y Thanatos en la perversión, no entiende por qué el perverso no busca simplemente placer, sino una extraña satisfacción en la transgresión, el dolor o el dominio sobre el deseo del otro.

En este artículo exploraremos cómo Freud reformuló su teoría pulsional, qué lugar ocupa la perversión en su obra y, sobre todo, cómo la lucha entre la vida y la muerte moldea las estructuras perversas: el sadismo, el masoquismo, el fetichismo y la escopofilia.


¿Qué es una pulsión? La economía libidinal del sujeto

Para situar correctamente a Eros y Thanatos, debemos recordar que Freud define la pulsión (Trieb) por cuatro elementos: la fuente (zona corporal erógena), el objeto (variable, lo que permite la satisfacción), la meta (acción hacia la satisfacción) y el empuje (factor de exigencia constante). A diferencia del instinto, que es cíclico y saciable, la pulsión es inagotable. Por eso el sujeto humano nunca queda plenamente satisfecho.

En sus primeros trabajos (Tres ensayos de teoría sexual, 1905), Freud postula una dualidad entre pulsiones sexuales (encaminadas a la reproducción y al placer) y pulsiones de autoconservación. Pero tras la experiencia de la Gran Guerra y el fenómeno clínico de la compulsión a la repetición (los pacientes repiten una y otra vez situaciones dolorosas), Freud comprende que algo más profundo opera: una pulsión más allá del principio del placer. Nace así Más allá del principio del placer (1920), donde introduce formalmente a Eros y Thanatos.

  • Eros: tiende a formar unidades cada vez mayores, a unir, a ligar energía. Incluye la libido sexual, pero también el amor, la amistad, la identificación y la creatividad.
  • Thanatos: tiende a deshacer conexiones, a reducir la tensión hasta cero, a devolver lo vivo al estado inorgánico. Se manifiesta en la agresividad, el sadismo, el deseo de aniquilar o autodestruirse.

Freud nunca creyó que una pulsión actuara sola. Siempre hay fusión o desfusión entre Eros y Thanatos. La salud psíquica supone un predominio de Eros sobre Thanatos, o al menos una mezcla funcional. La neurosis y la perversión mostrarán fracasos en esta síntesis.


La perversión desde Freud: no es lo que crees

La perversión no es una categoría moral, sino estructural en psicoanálisis. Freud define lo perverso como aquella organización de la sexualidad que:

  1. No reconoce el primado de los genitales como centro exclusivo del placer sexual adulto.
  2. Eleva a fin lo que normalmente es solo un preliminar: la mirada (voyeurismo), el dolor (sadomasoquismo), el contacto con objetos no genitales (fetichismo).
  3. Rompe la complementariedad biológica entre los sexos; el perverso busca una satisfacción autoerótica o narcisista a través de la manipulación del otro como objeto.

Pero atención: para Freud, todos los niños pasan por una fase polimorfa perversa (cualquier zona erógena puede ser fuente de placer). La perversión adulta no es una regresión a esa fase, sino una fijación y una defensa particular contra la angustia de castración. Y aquí entran Eros y Thanatos.

En la perversión, la pulsión de muerte (Thanatos) suele estar desfusionada de Eros. Es decir, la agresividad, la crueldad o la destructividad no están al servicio de un proyecto amoroso, sino que se autonomizan. El sadismo, por ejemplo, no busca unir a dos seres, sino anular la subjetividad del otro, reducirlo a puro cuerpo doloroso. Sin embargo, la paradoja perversa es que, incluso ahí, una sombra de Eros persiste: el goce perverso sigue siendo sexual, sigue generando placer (aunque sea un placer teñido de muerte). Por eso Freud habla de pulsión de dominio como una mezcla de ambos.


Eros y Thanatos en las figuras clásicas de la perversión

Sadismo: el triunfo de Thanatos sobre el vínculo

El sadismo (tomado del Marqués de Sade) consiste en obtener placer sexual mediante el sufrimiento, la humillación o la destrucción del otro. Freud lo analiza en sus Tres ensayos y luego en El problema económico del masoquismo (1924). En el sádico, Thanatos opera casi sin disfraz: la meta es deshacer la integridad del otro. ¿Dónde está Eros? En la excitación libidinal que acompaña al acto cruel. Sin esa excitación, sería pura violencia inorgánica. La perversión sádica mantiene una fusión mínima: el placer sexual (Eros) usa a Thanatos como vehículo. Pero cuando la desfusión es total, hablamos de psicopatía destructiva, no de perversión neurótica.

Masoquismo: Eros al servicio de la aniquilación

El masoquismo es el reverso: goce a través del dolor propio. Freud distingue tres formas: erógeno (base de toda excitabilidad), femenino (fantasía de ser castigado por el padre) y moral (sufrimiento sin placer sexual explícito). En el masoquismo, Thanatos se vuelve contra el propio sujeto, pero Eros logra sexualizar ese dolor. Es un triunfo paradójico de la vida: el masoquista transforma la muerte en escena erótica. El problema clínico es que, al igual que en el sadismo, el circuito puede romperse y derivar en acting autodestructivo real.

Fetichismo: la negación de la castración y el fetiche como tapón de Thanatos

El fetichismo es paradigmático de cómo la perversión evita la angustia. Para Freud, el fetichista reniega (Verleugnung) la ausencia de pene en la mujer (prueba de la castración). Para no enfrentar esa realidad, elige un objeto (pie, cabello, ropa interior) que simboliza el falo perdido. Aquí Thanatos aparece como angustia de desintegración: el sujeto teme que, sin el fetiche, su mundo simbólico colapse. El fetiche es un dique contra la muerte psíquica. Eros inviste libidinalmente ese objeto, permitiendo al fetichista un goce que evita el desencuentro con la falta estructural del deseo. Pero ese goce es rígido, repetitivo, casi muerto.

Escopofilia y exhibicionismo: la mirada como arma de doble filo

Mirar y ser mirado son pulsiones parciales que Eros integra en la seducción amorosa. En la perversión escopofílica, la mirada se separa del contexto afectivo: se convierte en un acto de dominio (Thanatos) que reduce al otro a imagen pasiva. El exhibicionista busca aterrorizar o sorprender con su órgano, imponiendo un goce solitario. En ambos, la desfusión pulsional es evidente: mirar no es para conocer o amar, sino para tomar o aniquilar con la mirada.


La perversión como defensa contra la pulsión de muerte

Un punto central que pocos textos divulgativos mencionan: la perversión no es una entrega a Thanatos, sino un intento desesperado de ligar la pulsión de muerte para que no explote en psicosis o melancolía. En El malestar en la cultura (1930), Freud observa que la cultura reprime los impulsos agresivos, pero éstos vuelven como sentimiento de culpa. El perverso evita la culpa mediante un escenario: convierte el sadismo en un ritual erótico, el masoquismo en una puesta en escena. Es decir, Eros (la sexualidad) tiñe de placer lo que de otro modo sería pura autodestrucción.

Por eso la perversión es más funcional que la neurosis para algunos sujetos: logran un goce, una economía libidinal estable (aunque rígida). Pero el precio es la objetivación del otro y la negación de la falta constitutiva del deseo humano.


Críticas y debates posfreudianos

Teóricos como Jacques Lacan retomaron esta dualidad: para Lacan, la pulsión de muerte no es una tendencia biológica, sino lo real del goce que excede el principio del placer. La perversión, en su lectura, es una estructura clínica donde el sujeto se hace instrumento del goce del Otro (el sadista busca ser el objeto que causa el horror en el otro; el masoquista se ofrece como objeto de goce). La lucha Eros-Thanatos se juega entonces en el campo del deseo y la ley.

Otros autores (como Jean Laplanche) critican el dualismo freudiano por excesivamente metafísico, pero reconocen su potencia heurística para entender la destructividad humana.


Conclusión: el deseo perverso como equilibrio inestable

Lejos de ser una mera transgresión sexual, la perversión freudiana nos muestra cómo Eros y Thanatos negocian una tregua precaria. El perverso no es un loco ni un criminal: es alguien que resolvió su angustia de castración fijando el goce a un objeto, una parte del cuerpo o un ritual de poder/dolor. Pero esa solución siempre está al borde del colapso: si Thanatos desborda el andamiaje perverso, sobreviene la violencia real; si Eros lo invade demasiado, la perversión se neurotiza y aparece la inhibición.

Comprender esta dialéctica es fundamental para psicólogos, psiquiatras, educadores y cualquier estudiante de ciencias humanas. Porque la pregunta no es “¿cómo eliminar la perversión?”, sino “¿cómo cada sujeto negocia su propia mezcla entre el impulso de crear y el de destruir?”.


Resultados de aprendizaje

Después de leer este artículo, el estudiante debería ser capaz de:

  1. Definir el concepto freudiano de pulsión diferenciándolo del instinto, e identificar sus cuatro componentes (fuente, objeto, meta, empuje).
  2. Explicar la dualidad pulsional Eros (vida, unión, libido) y Thanatos (muerte, destrucción, repetición compulsiva) según Más allá del principio del placer.
  3. Analizar por qué la perversión no es una categoría moral sino una estructura clínica, basada en la desfusión o fusión particular de ambas pulsiones.
  4. Describir al menos tres formas de perversión (sadismo, masoquismo, fetichismo) identificando en cada una el predominio de Thanatos o la defensa mediante Eros.
  5. Evaluar la tesis freudiana de que la perversión actúa como una defensa contra la angustia de castración y contra la desintegración por la pulsión de muerte.
  6. Relacionar la teoría de Eros y Thanatos con debates posfreudianos (Lacan, Laplanche) y aplicarla al análisis de fenómenos culturales contemporáneos (violencia sexual ritualizada, consumo de imágenes extremas, etc.).

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Rodrigo Ricardo Editor y fundador