En las últimas décadas, el ascenso de partidos y movimientos políticos de ultraderecha ha sido un fenómeno global, influenciado por factores como la crisis migratoria, el descontento económico y el rechazo a la globalización. Estos grupos suelen caracterizarse por su nacionalismo extremo, discursos antiinmigración, autoritarismo y, en algunos casos, la promoción de políticas xenófobas o antidemocráticas. Su presencia no se limita a un solo continente, sino que se extiende por Europa, América, Asia e incluso Oceanía. En este análisis, exploraremos los países donde la ultraderecha ha logrado una representación significativa, ya sea a través de gobiernos en el poder, coaliciones parlamentarias o influencia en la política nacional.
El término «ultraderecha» puede ser controvertido, ya que algunos partidos rechazan esta etiqueta y se autodenominan «conservadores» o «patriotas». Sin embargo, académicos y analistas políticos coinciden en que estos movimientos comparten rasgos comunes, como el rechazo al multiculturalismo, la defensa de valores tradicionales y, en casos extremos, la nostalgia por regímenes autoritarios del pasado. En Europa, por ejemplo, partidos como el Rassemblement National en Francia o el Partido por la Libertad en los Países Bajos han ganado terreno en las urnas, mientras que en América Latina, figuras como Jair Bolsonaro en Brasil han representado una derecha radical con discursos polarizantes.
Además, es importante diferenciar entre partidos de derecha tradicional y aquellos que pueden considerarse de ultraderecha. Mientras que la derecha clásica puede abogar por políticas económicas neoliberales y cierto conservadurismo social, la ultraderecha suele ir más allá, promoviendo medidas excluyentes, restricciones a las libertades civiles y, en algunos casos, el cuestionamiento de instituciones democráticas. Este artículo examinará casos concretos en diferentes regiones, analizando cómo estos movimientos han logrado influencia y qué impacto tienen en sus respectivas sociedades.
Europa: El Continente con Mayor Presencia de la Ultraderecha
Europa es, sin duda, el epicentro del resurgimiento de la ultraderecha en el siglo XXI. Países como Italia, Hungría y Polonia tienen gobiernos con fuertes tendencias nacionalistas y autoritarias, mientras que en naciones como Alemania y Francia, partidos de extrema derecha han logrado una representación parlamentaria sin precedentes. En Italia, el partido Hermanos de Italia, liderado por Giorgia Meloni, llegó al poder en 2022 con un discurso antiinmigración y euroescéptico. Meloni ha sido criticada por su pasado en grupos neofascistas, aunque ha moderado su retórica para ganar legitimidad internacional. Aun así, su gobierno ha impulsado políticas duras contra la migración y ha promovido una visión tradicional de la familia, alineándose con sectores conservadores de la Iglesia Católica.
En Hungría, el primer ministro Viktor Orbán representa uno de los casos más claros de ultraderecha en el poder. Desde su regreso al gobierno en 2010, Orbán ha consolidado un régimen autoritario, controlando los medios de comunicación, reformando el sistema judicial para su beneficio y promoviendo lo que él llama la «democracia iliberal». Su partido, Fidesz, ha impulsado leyes homofóbicas y ha demonizado a organizaciones no gubernamentales que defienden los derechos humanos. Polonia, bajo el gobierno del partido Ley y Justicia (PiS), ha seguido un camino similar, con restricciones al aborto, ataques a la independencia judicial y una retórica anti-Unión Europea.
En otros países europeos, la ultraderecha no gobierna pero tiene una fuerte presencia en los parlamentos. En Francia, Marine Le Pen y su partido, el Rassemblement National (antes Frente Nacional), han llegado a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en dos ocasiones, mostrando un crecimiento sostenido. En Alemania, Alternativa para Alemania (AfD) se ha convertido en la principal fuerza de oposición en varios estados, a pesar de ser vigilada por su cercanía a grupos extremistas. Estos casos demuestran que la ultraderecha ya no es marginal en Europa, sino una fuerza política con capacidad para influir en las agendas nacionales e incluso en las políticas de la Unión Europea.
América Latina: Entre el Populismo y la Derecha Radical
En América Latina, la ultraderecha ha tenido un ascenso más reciente, aunque con raíces en antiguas dictaduras militares y movimientos conservadores. El caso más destacado es el de Jair Bolsonaro en Brasil, quien gobernó entre 2019 y 2023 con un discurso antiizquierdista, antiambientalista y de exaltación de la dictadura militar brasileña (1964-1985). Bolsonaro minimizó la gravedad del COVID-19, promovió el uso de armas entre civiles y mantuvo una relación conflictiva con los pueblos indígenas y las minorías. Aunque perdió las elecciones frente a Lula da Silva en 2022, su movimiento sigue siendo una fuerza importante en la política brasileña.
En Argentina, el libertario Javier Milei llegó a la presidencia en 2023 con un discurso antiestablishment y propuestas radicales como la dolarización de la economía. Aunque no proviene de la tradición ultraderechista clásica, su retórica agresiva contra el «casta política» y su alineamiento con sectores conservadores lo acercan a posturas extremas. En Chile, el Partido Republicano, liderado por José Antonio Kast, ha ganado terreno con un mensaje antiinmigración y de rechazo a las políticas progresistas. Kast, quien compitió en la segunda vuelta presidencial en 2021, defiende el legado de Augusto Pinochet y se opone al matrimonio igualitario y al aborto.
Otros países de la región también han visto crecer movimientos de derecha radical, aunque con menos éxito electoral. En Colombia, el Centro Democrático, fundado por el expresidente Álvaro Uribe, ha sido acusado de promover el paramilitarismo y la represión contra movimientos sociales. En México, aunque no hay un partido de ultraderecha consolidado, figuras como el expresidente Felipe Calderón han adoptado discursos securitistas y de mano dura contra el crimen organizado. Estos ejemplos muestran que América Latina no es ajena al fenómeno global de la ultraderecha, aunque con características propias vinculadas al populismo y a la inestabilidad política.
Asia: Nacionalismo y Autoritarismo en el Este y Sur Global
Asia es un continente donde la línea entre gobiernos autoritarios y partidos de ultraderecha a veces se difumina, ya que muchos regímenes combinan nacionalismo extremo con políticas represivas. En India, el Partido Bharatiya Janata (BJP), liderado por el primer ministro Narendra Modi, ha sido acusado de promover una agenda ultranacionalista hindú que margina a las minorías musulmanas y cristianas. Desde su llegada al poder en 2014, el BJP ha impulsado leyes como la enmienda a la ciudadanía de 2019, que discrimina a inmigrantes musulmanes, y ha tolerado ataques violentos contra comunidades religiosas. Además, su control sobre los medios y su uso de la retórica antioccidental lo acercan a los movimientos de ultraderecha europeos, aunque con un enfoque más religioso.
En Filipinas, el expresidente Rodrigo Duterte (2016-2022) representó un estilo de gobierno ultraderechista con su brutal «guerra contra las drogas», que dejó miles de muertos extrajudiciales. Aunque su sucesor, Ferdinand Marcos Jr., ha moderado el discurso, el legado de Duterte sigue influyendo en la política filipina, con un fuerte apoyo popular a las medidas autoritarias. En Japón, el Partido Liberal Democrático (PLD), en el poder casi ininterrumpidamente desde 1955, ha adoptado posiciones cada vez más nacionalistas, incluyendo la revisión de la constitución pacifista y la negación de crímenes de guerra históricos.
Turquía, bajo el mando de Recep Tayyip Erdoğan y su Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), ha experimentado un giro hacia el autoritarismo islamista, combinado con un nacionalismo agresivo. Erdoğan ha perseguido a opositores, controlado el poder judicial y utilizado una retórica antiinmigración contra refugiados sirios. Aunque el AKP no es un partido de ultraderecha en el sentido tradicional, su gobierno comparte características clave con estos movimientos, como el culto al líder y la supresión de disidencias.
Oceanía: El Ascenso Discreto de la Derecha Radical
En Australia, el Partido One Nation, fundado por Pauline Hanson, ha sido la principal fuerza ultraderechista desde los años 90, con un discurso antiinmigración y anti multiculturalismo. Aunque su influencia ha fluctuado, sigue teniendo representación en el Senado y ha logrado capitalizar el descontento en zonas rurales. En Nueva Zelanda, la ultraderecha ha tenido menos éxito, pero grupos como el Partido de la Libertad de Nueva Zelanda (contra las vacunas y las restricciones por COVID-19) han ganado visibilidad en los últimos años.
Conclusión: Un Fenómeno Global con Raíces Locales
El auge de la ultraderecha es un fenómeno global, pero sus manifestaciones varían según el contexto histórico y cultural de cada región. En Europa, se nutre del miedo a la migración y la pérdida de identidad nacional; en América Latina, del rechazo al socialismo y la corrupción; en Asia, del nacionalismo religioso y el autoritarismo histórico. Aunque estos movimientos a veces ganan poder mediante elecciones democráticas, su tendencia a erosionar las instituciones y los derechos civiles representa un desafío para las democracias modernas.
El futuro de la ultraderecha dependerá de factores como las crisis económicas, los flujos migratorios y la capacidad de las democracias para ofrecer soluciones inclusivas. Sin embargo, su presencia ya es innegable en el panorama político mundial, y entender sus causas y consecuencias es clave para contrarrestar su influencia.
