¿Qué fue el Reino Taifa de Toledo?
Tras la desintegración del califato de Córdoba a comienzos del siglo XI, surgieron en la Península Ibérica una serie de pequeños reinos independientes conocidos como taifas. Entre ellos, el Reino Taifa de Toledo destacó por su importancia política, cultural y estratégica. Durante su existencia, Toledo se convirtió en un centro donde convergían musulmanes, cristianos y judíos, generando un intercambio intelectual, comercial y artístico que dejó una huella duradera en la historia de España.

Este artículo está diseñado para ofrecer una visión profunda y organizada del Reino Taifa de Toledo, ayudando a estudiantes y lectores interesados a comprender:
- Cómo surgió y se consolidó políticamente.
- Quiénes fueron sus gobernantes más relevantes.
- Cómo se organizaba la sociedad y la administración.
- Cuáles fueron sus contribuciones culturales y científicas.
- Cómo interactuó con los reinos cristianos vecinos.
- Qué legado dejó para la historia y la cultura de la península.
Resumen: Lo esencial para entender Toledo
El Reino Taifa de Toledo fue una entidad independiente en el centro de la península, establecida tras el colapso del califato de Córdoba. Su capital, la ciudad de Toledo, era un enclave estratégico para el comercio y la defensa. Durante su existencia, el reino destacó por su convivencia cultural, por ser un centro de aprendizaje y por su papel en las relaciones políticas con los reinos cristianos del norte. La caída del reino en 1085 a manos de Alfonso VI de Castilla marcó el fin de su independencia, pero su influencia cultural y científica se extendió durante siglos.
Contexto histórico: de califato a taifas
Durante más de un siglo, el califato de Córdoba fue la autoridad central en gran parte de la Península Ibérica, consolidando un poder político y militar que permitió la estabilidad interna, el desarrollo del comercio y un florecimiento cultural sin precedentes. Córdoba se convirtió en un centro de referencia no solo en la península, sino también en Europa y el mundo islámico, con universidades, bibliotecas y mercados que atraían a comerciantes, intelectuales y artistas de diversos lugares. La unificación bajo el califato permitió la circulación de ideas, conocimientos científicos, filosóficos y técnicos, consolidando una administración eficiente que integraba territorios muy diversos.
Sin embargo, hacia finales del siglo X y comienzos del siglo XI, el califato comenzó a mostrar signos de debilidad. Las causas fueron múltiples: luchas internas entre miembros de la familia califal, conflictos entre facciones militares y civiles, y tensiones derivadas de la diversidad étnica y religiosa en los distintos territorios. Estas disputas internas provocaron un debilitamiento progresivo del poder central, lo que generó un vacío político que facilitó la aparición de gobiernos locales independientes.
Racismo: 25 Preguntas y Respuestas sobre su Naturaleza e Impacto
En 1031, la situación llegó a un punto crítico: la autoridad del califa se disolvió oficialmente y se produjo la fragmentación del territorio en numerosos reinos de taifas, entidades políticas más pequeñas gobernadas por líderes locales que solían ser antiguos funcionarios, militares o miembros de la nobleza. Cada taifa buscaba consolidar su poder sobre territorios estratégicamente importantes, muchas veces defendiendo su independencia mediante alianzas, tributos a reinos vecinos o fortificaciones militares. Este periodo fue un tiempo de dinamismo político, pero también de vulnerabilidad frente a las incursiones de los reinos cristianos del norte, que comenzaron a expandirse aprovechando la fragmentación musulmana.
En este contexto surgió el Reino Taifa de Toledo, asentado en una región de gran valor histórico y estratégico. La ciudad de Toledo ya contaba con una herencia cultural y arquitectónica notable, incluyendo restos del periodo visigodo, que la habían convertido en un importante centro administrativo y religioso antes de la llegada de los musulmanes en el siglo VIII. Su ubicación sobre una colina y junto al río Tajo ofrecía ventajas defensivas naturales y control sobre rutas comerciales que conectaban el norte y sur de la península, así como los territorios del este y oeste. Toledo no solo se convirtió en un punto clave de defensa, sino también en un espacio de interacción entre culturas, favoreciendo el intercambio de ideas, bienes y prácticas sociales entre musulmanes, cristianos y judíos.
El surgimiento de la taifa de Toledo ejemplifica cómo la fragmentación política del califato permitió que ciudades con tradición administrativa, militar y cultural lograran autonomía y destacaran como centros regionales de poder, a pesar de los desafíos que implicaba mantener la independencia frente a reinos vecinos y a la presión de las futuras conquistas cristianas.
Geografía y capital: la importancia de Toledo
La ciudad de Toledo ocupaba un lugar privilegiado en el centro de la península, situada sobre una colina que dominaba el valle del río Tajo. Esta elevación natural proporcionaba una ventaja defensiva significativa, ya que los muros y fortificaciones podían aprovechar la topografía para resistir ataques, controlar los accesos a la ciudad y proteger a sus habitantes frente a incursiones de otros reinos musulmanes o cristianos. Además, la proximidad del río Tajo ofrecía recursos hídricos fundamentales, rutas de comunicación y vías para el comercio, fortaleciendo la posición estratégica de Toledo como capital de una taifa independiente.

Su ubicación central no solo era ventajosa desde el punto de vista militar, sino que también permitía a los gobernantes de la taifa ejercer control sobre territorios circundantes y mantener influencia sobre las rutas comerciales que conectaban el norte cristiano con el sur musulmán. Toledo se convirtió en un nodo clave dentro de una red de intercambio de bienes, ideas y cultura, enlazando mercados agrícolas, artesanales y urbanos de toda la península. La ciudad facilitaba la circulación de productos como tejidos, metales, cereales y especias, así como la difusión de conocimientos científicos y filosóficos que llegaban desde Al-Ándalus hacia Europa.
Teoría de la Alteridad de Chantal Mouffe
El valor de Toledo también radicaba en su rica herencia cultural e histórica. Antes de la llegada de los musulmanes, la ciudad había sido un importante centro visigodo, con edificios administrativos, templos y fortificaciones que ya reflejaban su relevancia política y religiosa. Durante la taifa, Toledo conservó estas estructuras, adaptándolas a nuevas funciones: las antiguas iglesias se transformaron en mezquitas, mientras que algunos palacios y edificios públicos se adecuaron para el gobierno local y la administración de justicia. Esta fusión de elementos visigodos e islámicos no solo fortaleció la identidad urbana, sino que también contribuyó a un paisaje arquitectónico único, que más tarde influyó en el arte mudéjar y en la arquitectura cristiana de la Reconquista.
Además de su importancia política y militar, Toledo se consolidó como un centro cultural y económico. La ciudad atraía a intelectuales, traductores, filósofos y científicos, que contribuían al intercambio de saberes entre el mundo islámico y el europeo. Igualmente, comerciantes, artesanos y banqueros judíos y musulmanes establecían negocios que dinamizaban la economía local, fomentando un ambiente urbano vibrante y cosmopolita. Esta combinación de factores hizo de Toledo no solo la capital administrativa del reino, sino también un verdadero crisol de culturas, ideas y actividades económicas que marcó su importancia histórica y sentó las bases para su influencia futura en la península.
En resumen, la geografía de Toledo, combinada con su legado histórico y su dinamismo cultural y económico, convirtió a la ciudad en un centro estratégico indispensable. Fue un lugar donde la defensa militar, la administración política y la actividad comercial y cultural se interrelacionaban, garantizando que la taifa de Toledo pudiera mantenerse relevante en un contexto de fragmentación política y constante presión externa.
Los gobernantes del Reino Taifa de Toledo
El Reino Taifa de Toledo estuvo marcado por la sucesión de gobernantes que no solo ejercieron poder político, sino que también impulsaron el desarrollo cultural y la estabilidad interna en un periodo de gran fragmentación en la Península Ibérica. Sus reinados reflejan cómo una ciudad relativamente pequeña podía convertirse en un centro de influencia intelectual, económica y militar.
Yahya al-Mamun (1035‑1043)
Teoría del Big Bang

Yahya al-Mamun fue uno de los primeros gobernantes en consolidar la independencia de Toledo tras la caída del califato de Córdoba. Su liderazgo se centró en fortalecer la autoridad interna, organizando la administración del reino y asegurando la cohesión de la sociedad frente a los conflictos que surgían con taifas vecinas y con los reinos cristianos del norte. Bajo su mandato, Toledo mantuvo un equilibrio entre la defensa militar y la diplomacia, estableciendo pactos y alianzas que garantizaron la supervivencia del territorio. Además, Yahya al-Mamun promovió la organización urbana y el mantenimiento de la infraestructura heredada de épocas anteriores, incluyendo fortificaciones, caminos y edificios administrativos, consolidando a Toledo como capital estratégica de la taifa.
Abu-Bakr (1043‑1075)

Durante el reinado de Abu-Bakr, Toledo experimentó un periodo de gran expansión cultural y diplomática. Este gobernante entendió la importancia de la educación y del intercambio de conocimientos, fomentando la traducción de textos científicos, médicos y filosóficos del árabe al latín, lo que convirtió a Toledo en un puente intelectual entre el mundo islámico y Europa. Además, fortaleció las relaciones diplomáticas con otras taifas y con reinos cristianos mediante alianzas, matrimonios políticos y acuerdos comerciales, consolidando así la posición de Toledo dentro de la península. Abu-Bakr también apoyó a comerciantes y artesanos, promoviendo la economía local y atrayendo a especialistas de diferentes regiones, lo que permitió que la ciudad se convirtiera en un centro cosmopolita donde convergían diversas culturas y religiones.
Al-Mutawakkil (1075‑1085)
Al-Mutawakkil fue el último gobernante del Reino Taifa de Toledo antes de su conquista por Alfonso VI de Castilla en 1085. Su reinado se caracterizó por un entorno político cada vez más hostil: la presión militar de los reinos cristianos aumentaba y las taifas vecinas competían por recursos y poder. Al-Mutawakkil intentó defender su territorio mediante alianzas estratégicas y fortificaciones, al mismo tiempo que mantenía las tradiciones culturales y religiosas que habían convertido a Toledo en un centro intelectual. Aunque finalmente no pudo evitar la caída del reino, su gobierno refleja la complejidad de administrar un territorio pequeño pero estratégico en un contexto de fragmentación política, y destaca por haber preservado la riqueza cultural y administrativa de la ciudad hasta el último momento.
En conjunto, los gobernantes del Reino Taifa de Toledo no solo defendieron su independencia en un periodo de cambios y conflictos constantes, sino que también impulsaron un legado cultural y científico que trascendió su tiempo y que contribuyó de manera significativa a la historia de la Península Ibérica. Cada uno de ellos, desde Yahya al-Mamun hasta Al-Mutawakkil, mostró cómo la política, la cultura y la diplomacia podían integrarse para sostener un reino en un escenario medieval complejo y competitivo.
Sociedad y estructura política
La sociedad del Reino Taifa de Toledo era altamente compleja y multicultural, reflejando la diversidad de la península en el periodo medieval. Los distintos grupos religiosos y étnicos coexistían bajo una jerarquía bien definida, aunque las interacciones entre ellos estaban condicionadas por la autoridad musulmana. Esta convivencia, aunque desigual, permitió un intercambio cultural y económico que fue clave para el florecimiento del reino.
Musulmanes
Los musulmanes formaban la élite gobernante y ocupaban los cargos más importantes en la administración, la justicia y el ejército. La aristocracia musulmana controlaba la política interna y externa, dictaba leyes y supervisaba la recaudación de impuestos. Además, eran responsables de la construcción y mantenimiento de infraestructuras esenciales, como fortificaciones, palacios y mezquitas, que consolidaban la autoridad del emir y de su corte. Dentro de la población musulmana también había comerciantes, artesanos y campesinos, que desempeñaban funciones económicas fundamentales para la estabilidad del reino.
Cristianos mozárabes
Los cristianos mozárabes eran aquellos que vivían bajo dominio musulmán pero conservaban su religión y costumbres. Aunque tenían derechos limitados, podían practicar su fe y participar en ciertas actividades económicas y sociales, pero no tenían acceso a cargos políticos de alto rango. Los mozárabes desempeñaban un papel importante como comerciantes, artesanos y trabajadores urbanos, contribuyendo a la economía local y al desarrollo cultural. Además, su presencia permitió la continuidad de tradiciones cristianas que luego influirían en la cultura de la región tras la conquista cristiana.
Judíos
La comunidad judía tuvo un papel destacado en el comercio, la administración y la transmisión del conocimiento. Los judíos eran reconocidos por sus habilidades en el comercio de bienes de lujo, préstamos financieros y banca, así como en la medicina y la traducción de textos científicos y filosóficos. Su labor intelectual fue esencial para la preservación y difusión de saberes clásicos y árabes, convirtiendo a Toledo en un centro cultural de referencia para toda la península y para Europa.
Organización política
La estructura política del Reino Taifa de Toledo se centraba en la figura del emir o rey, que ejercía el poder supremo sobre el territorio y la población. El emir estaba apoyado por una corte compuesta por nobles, funcionarios y consejeros especializados, encargados de la administración, la justicia, la defensa y la diplomacia. La corte del emir funcionaba como un centro de decisión política y cultural, donde se gestionaban tanto asuntos internos como las relaciones con otras taifas y reinos cristianos.
Sistema de impuestos y tributos
El reino contaba con un sistema de recaudación de impuestos que garantizaba los ingresos necesarios para sostener la administración y el ejército. Entre estos tributos se incluían:
- Impuestos internos sobre la producción agrícola, el comercio y las actividades artesanales.
- Parias, tributos que se pagaban a los reinos cristianos como medida de protección frente a posibles incursiones militares. Estas parias eran una herramienta diplomática que ayudaba a mantener la paz temporal y a evitar conflictos mayores, aunque también suponían una presión económica para la taifa.
En conjunto, la sociedad del Reino Taifa de Toledo era un equilibrio delicado entre diversidad cultural, jerarquía política y dinámica económica. La combinación de musulmanes gobernantes, cristianos y judíos contribuyó a que Toledo se convirtiera en un espacio de convivencia y creatividad, donde la política y la administración se entrelazaban con la cultura y la economía para mantener un reino activo y resiliente frente a los desafíos de la época.
Convivencia cultural y aportes
El Reino Taifa de Toledo destacó por su contribución a la cultura, la ciencia y el arte. Durante su existencia:
- Se promovió la traducción de textos científicos y filosóficos del árabe al latín, facilitando el acceso de Europa occidental a conocimientos avanzados de matemáticas, astronomía, medicina y filosofía.
- La arquitectura floreció, combinando estilos islámicos con influencias visigodas y locales. Palacios, mezquitas y fortificaciones reflejaban un alto nivel de sofisticación.
- La literatura y el pensamiento filosófico alcanzaron un gran desarrollo, con autores que escribieron en árabe y hebreo, y que influyeron en la intelectualidad europea posterior.
- Toledo se convirtió en un espacio de convivencia religiosa, donde musulmanes, cristianos y judíos compartían aspectos de la vida urbana y cultural, a pesar de la jerarquía social establecida.
Relaciones con los reinos cristianos
La política del Reino Taifa de Toledo hacia los reinos cristianos del norte fue extremadamente compleja y dinámica, marcada por la necesidad de equilibrar la defensa del territorio, la supervivencia política y la economía. Durante el siglo XI, los reinos cristianos —principalmente Castilla y León— comenzaron un proceso de expansión hacia el sur, aprovechando la fragmentación política de las taifas. Esto obligó a Toledo a adoptar estrategias flexibles que combinaran diplomacia, pagos de tributos y alianzas militares para preservar su independencia.
Una de las herramientas más comunes fue el pago de parias, tributos que los gobernantes taifas entregaban a los monarcas cristianos a cambio de protección militar o para evitar invasiones directas. Estos pagos eran una forma de asegurar la supervivencia de la taifa frente a reinos cristianos cada vez más poderosos, pero también generaban una dependencia económica que podía debilitar la autonomía política del territorio. Las parias permitieron a Toledo negociar treguas temporales y mantener la estabilidad interna, aunque al mismo tiempo incentivaron el fortalecimiento de los ejércitos cristianos, quienes recibían recursos para financiar sus campañas.
Además del aspecto económico, Toledo participaba activamente en la diplomacia medieval. Los emires establecían alianzas con ciertos reinos cristianos contra otras taifas rivales o para equilibrar el poder en la región. Estas alianzas podían incluir acuerdos militares, matrimonios políticos y tratados de no agresión, reflejando un panorama de relaciones internacionales altamente pragmático. La política de alianzas y tributos muestra cómo los gobernantes de Toledo combinaban la astucia diplomática con la defensa militar, en un esfuerzo por preservar su independencia frente a un entorno cada vez más hostil.
El papel de Toledo como intermediario también se reflejaba en el intercambio cultural y económico. La interacción constante con los reinos cristianos facilitaba el comercio, la transferencia de conocimientos y la circulación de intelectuales y artesanos, contribuyendo a la riqueza cultural de la ciudad. Sin embargo, la presión militar constante y las demandas económicas de las parias representaban un desafío permanente que limitaba la capacidad de la taifa para consolidarse plenamente.
La culminación de esta relación compleja se produjo en 1085, cuando Alfonso VI de Castilla conquistó Toledo. La caída de la ciudad no solo fue resultado de la superioridad militar cristiana, sino también de las dinámicas políticas de alianzas, traiciones y pagos de tributos que habían definido las décadas anteriores. La conquista marcó el fin de la independencia de la taifa, pero el papel de Toledo como puente diplomático y económico había dejado una profunda huella en la historia de la península. La interacción entre la taifa y los reinos cristianos refleja cómo, en la Edad Media, la política, la guerra y la diplomacia estaban intrínsecamente entrelazadas, y cómo la supervivencia de un pequeño reino dependía de la habilidad de sus gobernantes para manejar múltiples frentes simultáneamente.
La caída del Reino Taifa de Toledo
El final del Reino Taifa de Toledo se produjo en 1085, cuando Alfonso VI de Castilla conquistó la ciudad tras un cerco prolongado y bien planificado. Este acontecimiento marcó un punto de inflexión en la historia de la península ibérica, ya que significó no solo el fin de la independencia de la taifa, sino también el inicio de una nueva etapa política, social y cultural bajo dominio cristiano. La caída de Toledo es considerada un episodio clave en la Reconquista, debido a su relevancia estratégica, simbólica y cultural.
El fin de la independencia taifa
La toma de Toledo por Alfonso VI puso fin a más de cincuenta años de autonomía taifa. A pesar de las políticas diplomáticas y de los pagos de parias que los gobernantes musulmanes habían empleado durante décadas, la presión militar y la superioridad estratégica del ejército castellano hicieron inevitable la rendición de la ciudad. La independencia política que Toledo había disfrutado desde la fragmentación del califato de Córdoba llegó a su fin, transformando el equilibrio de poder en la península a favor de los reinos cristianos del norte.
Incorporación de nuevas leyes y estructuras administrativas
Tras la conquista, Alfonso VI implementó nuevas leyes y estructuras administrativas inspiradas en el modelo cristiano. La ciudad fue reorganizada con instituciones que permitieron a la monarquía castellana ejercer control efectivo sobre el territorio, incluyendo la administración judicial y fiscal. Las antiguas estructuras musulmanas no fueron completamente destruidas; muchas fueron adaptadas a las nuevas funciones, lo que permitió una transición relativamente ordenada y la preservación parcial de la infraestructura urbana existente.
Cambios demográficos y sociales
La conquista también provocó cambios demográficos y sociales importantes. Se introdujeron colonos cristianos en diversos sectores de la ciudad y sus alrededores, mientras que la población musulmana y judía experimentó ajustes en sus derechos y obligaciones. Esta reorganización buscaba consolidar la autoridad del nuevo gobierno y garantizar la estabilidad interna, aunque también implicó tensiones culturales y religiosas que caracterizarían los siglos siguientes. Aun así, la coexistencia de distintos grupos religiosos continuó siendo un rasgo definitorio de Toledo, y la ciudad conservó su carácter multicultural durante mucho tiempo.
Preservación y transmisión cultural
A pesar de la pérdida de independencia política, Toledo mantuvo y transmitió importantes elementos culturales y científicos que habían florecido bajo la taifa. Textos científicos, filosóficos y literarios fueron preservados y, en muchos casos, traducidos al latín, contribuyendo al conocimiento europeo durante la Edad Media. Las mezquitas, palacios y bibliotecas continuaron funcionando de manera adaptada, y la ciudad se convirtió en un punto de referencia para la transmisión de saberes entre el mundo islámico y la Europa cristiana. Así, la riqueza intelectual y artística de la taifa se incorporó al patrimonio europeo, consolidando la fama de Toledo como un centro cultural y académico de primer orden.
Legado de la caída
En resumen, la caída de Toledo significó un cambio político radical, pero también la continuidad de su importancia cultural y estratégica. La ciudad pasó de ser una capital musulmana independiente a un centro clave del reino cristiano de Castilla, sirviendo como puente entre culturas y como foco de intercambio intelectual y artístico. Este legado histórico demuestra que, aunque la independencia política se perdió, los aportes culturales y científicos de la taifa perduraron y continuaron influyendo en la historia de la península ibérica y de Europa durante siglos.
Legado histórico
Aunque el Reino Taifa de Toledo tuvo una existencia relativamente breve, su impacto en la historia de la Península Ibérica y de Europa fue profundo y duradero. La combinación de poder político, riqueza cultural y ubicación estratégica permitió que Toledo se convirtiera en un centro de influencia que trascendió su tiempo. Su legado se manifiesta en diversos ámbitos: cultural, científico, arquitectónico, lingüístico y político.
Legado cultural y científico
Toledo se consolidó como un puente entre el mundo islámico y la Europa cristiana. Durante la taifa, la ciudad fue un centro de traducción de textos científicos y filosóficos del árabe al latín, lo que permitió que conocimientos avanzados en matemáticas, astronomía, medicina y filosofía circularan hacia Europa. Intelectuales musulmanes, cristianos y judíos colaboraron en estos procesos, promoviendo un intercambio de ideas que influyó directamente en la formación de la ciencia y la filosofía europeas durante la Edad Media. Además, la biblioteca y los centros de estudio de Toledo facilitaron la preservación de obras clásicas que de otra manera podrían haberse perdido, consolidando la ciudad como un referente intelectual.
Legado arquitectónico
La arquitectura de Toledo refleja la fusión de tradiciones visigodas, islámicas y posteriores adaptaciones cristianas. Restos de murallas, palacios y mezquitas muestran la sofisticación constructiva de la época taifa. Algunas de estas edificaciones fueron adaptadas por los reyes cristianos tras la conquista, conservando elementos islámicos que luego influirían en el desarrollo del arte mudéjar. Esta herencia arquitectónica no solo tiene valor estético, sino que también ofrece evidencia tangible de la convivencia cultural y del intercambio de técnicas constructivas entre diferentes sociedades.
Legado lingüístico
El idioma castellano moderno conserva numerosos arabismos que se incorporaron durante la época taifa. Términos relacionados con la administración, la agricultura, el comercio, la ciencia y la vida cotidiana —como “alcalde”, “acequia”, “alhaja” o “azúcar”— son herencia directa de la influencia cultural de Toledo y otras taifas. Este legado lingüístico demuestra cómo incluso un reino pequeño puede contribuir de manera significativa a la formación de la lengua y la cultura de generaciones posteriores.
Legado político
La organización administrativa y las relaciones diplomáticas del Reino Taifa de Toledo sirvieron como modelo para los reinos cristianos que expandieron su poder en la península. La estructuración de la corte, la administración de impuestos y tributos, y la gestión de alianzas con territorios vecinos influyeron en la manera en que Castilla y León consolidaron su autoridad tras la conquista. Además, las estrategias diplomáticas y de defensa que Toledo empleó reflejan un aprendizaje práctico sobre cómo gobernar territorios multiculturales y estratégicamente relevantes, conocimiento que los reinos cristianos supieron aprovechar.
Conclusión
El Reino Taifa de Toledo fue un ejemplo destacado de la riqueza cultural y la complejidad política de la Edad Media en la Península Ibérica. Su existencia permitió el intercambio de ideas, el desarrollo de la ciencia y la convivencia de múltiples culturas, dejando un legado que perduró incluso después de la conquista cristiana. Comprender su historia ayuda a valorar cómo las sociedades multiculturales contribuyen al progreso intelectual y social.
Resultados de aprendizaje
Al finalizar la lectura, los estudiantes deberían ser capaces de:
- Explicar las causas y circunstancias que llevaron a la creación del Reino Taifa de Toledo.
- Identificar a los gobernantes principales y sus contribuciones políticas y culturales.
- Describir la organización social y administrativa del reino.
- Analizar las relaciones diplomáticas y militares con los reinos cristianos.
- Reconocer la importancia de Toledo como centro de conocimiento y cultura en la Edad Media.
- Evaluar el legado histórico, cultural y lingüístico del reino en la historia española y europea.
Explora más sobre este tema
Selecciona un tema y sigue aprendiendo...
