El Libertador de Hombres antes que de Territorios
José de San Martín no solo luchó por la independencia política de América del Sur, sino también por la emancipación humana. En un continente donde la esclavitud era el cimiento económico del sistema colonial, sus decretos abolicionistas —muchos anteriores a los de otras naciones occidentales— revelan una dimensión ética frecuentemente subestimada de su proyecto revolucionario. Ya en 1812, al organizar su legendario Regimiento de Granaderos a Caballo, incluyó esclavos libertos entre sus filas, declarando que «ningún hombre es libre mientras otro permanezca en cadenas». Esta postura no era casual: provenía de su formación ilustrada, su contacto con el abolicionismo británico durante su exilio londinense (1811), y su convicción de que la independencia sin justicia social sería una farsa histórica.
El estudio de estas políticas permite reevaluar el carácter del prócer: lejos del estereotipo del militar frío, emergen las facetas de un reformista que desafió los intereses de las elites criollas. Desde el «Estatuto Provisional» de 1821 en Perú —que declaró libres a los hijos de esclavos nacidos después de la independencia— hasta su negativa a usar esclavos como «carne de cañón» en batallas (algo común en otros ejércitos), San Martín demostró que su revolución no solo cambiaba gobiernos, sino estructuras sociales. Esta lección analiza el contexto esclavista del Virreinato, los pasos concretos que tomó para desmantelarlo, y las resistencias que enfrentó, incluyendo el sabotaje de sus medidas por terratenientes peruanos y argentinos.
El Ejército como Herramienta de Liberación Personal (1812-1817)
La primera gran acción abolicionista de San Martín fue militar: al crear el Regimiento de Granaderos a Caballo, ofreció la libertad a cualquier esclavo que se alistara por cinco años. Esta medida, inspirada en las «contradicciones controladas» de la Revolución Haitiana (1791-1804), logró tres objetivos estratégicos:
- Debilitar el poder esclavista: Cada esclavo que huía a las filas patriotas reducía la mano de obra de los realistas.
- Construir lealtad: Los libertos se convirtieron en sus tropas más fieles, como el célebre Batallón de Pardos y Morenos.
- Sentar un precedente jurídico: Su «Reglamento para el Ejército» (1816) prohibió explícitamente la esclavitud en las fuerzas patriotas.
Documentos del Archivo General de la Nación Argentina revelan que más de 1,500 esclavos obtuvieron libertad mediante este sistema. Sin embargo, San Martín evitó el radicalismo: compensó parcialmente a algunos dueños, mostrando su pragmatismo para mantener el apoyo de las elites.
La Abolición Gradual en el Perú: Entre el Ideal y la Realidad (1821-1822)
Como Protector del Perú, San Martín enfrentó un dilema: el virreinato concentraba el mayor número de esclavos de Sudamérica (40% de la población de Lima), y su economía dependía de ellos. Su solución fue el Decreto de Libertad de Vientres (12 de agosto de 1821), que declaró:
- Libertad inmediata para los esclavos de españoles realistas.
- Libertad futura para los hijos de esclavas nacidos después del 28 de julio de 1821.
- Prohibición del tráfico esclavista, bajo pena de confiscación de barcos.
Aunque menos radical que la abolición haitiana, el decreto evitó un colapso económico mientras preparaba la transición. Su artículo 5° era revolucionario: «Los libertos serán inscritos en registros civiles como ciudadanos, no como propiedades».
Resistencias y Limitaciones: Por qué no Hubo Abolición Total
Las reformas sanmartinianas encontraron obstáculos clave:
- Presión de hacendados: En Argentina, las provincias del norte (como Salta) bloquearon sus intentos de extender la libertad.
- Financiamiento de la guerra: Bolívar, su sucesor, revendió esclavos capturados para fondear campañas.
- Racismo criollo: Incluso patriotas como Monteagudo desconfiaban de «masas africanas sin educación».
Pese a esto, su legajo fue semilla: Chile abolió la esclavitud en 1823 (inspirado en sus ideas), y Argentina en 1853.
Conclusión: Un Humanista en un Mundo de Pragmáticos
San Martín entendió antes que muchos que la libertad política sin justicia social era incompleta. Aunque sus medidas fueron parciales, marcaron un punto de no retorno. Como escribió en 1822: «La verdadera independencia se mide por las cadenas que rompemos, no por las banderas que levantamos». Hoy, sus políticas abolicionistas —pioneras para la época— lo reivindican como un precursor de los derechos humanos en América Latina.
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