Teoría de la subjetividad política (Ernesto Laclau)

Rodrigo Ricardo Publicado el 16 abril, 2026 9 minutos y 14 segundos de lectura

En un mundo donde las certezas ideológicas se desmoronan y emergentes movimientos sociales (desde el 15M hasta el feminismo o el ecologismo político) redefinen constantemente el mapa del conflicto, una pregunta se vuelve ineludible: ¿cómo se construye el «nosotros» que lucha por algo? La respuesta no es sencilla. Sin embargo, el politólogo argentino Ernesto Laclau (1935-2014) desarrolló una herramienta teórica poderosa para responderla: la teoría de la subjetividad política.

Lejos de explicaciones economicistas o esencialistas, Laclau propone que las identidades políticas no son fijas, naturales ni derivadas automáticamente de una clase social. Son el resultado de un proceso contingente, discursivo y profundamente político: la articulación de demandas insatisfechas que logran encadenarse en un proyecto colectivo. Si quieres entender por qué unas personas se movilizan y otras no, por qué ciertos liderazgos emergen o cómo se construye un pueblo como actor político, este artículo te dará las claves fundamentales.

A continuación, desglosaremos de forma progresiva y didáctica los conceptos centrales de Laclau, desde sus raíces en el postmarxismo hasta herramientas operativas como «la cadena equivalencial», «los significantes vacíos» y «la lógica de la hegemonía».


Contexto: ¿por qué una nueva teoría de la subjetividad?

Para comprender la apuesta de Laclau, hay que situarse en la crisis de los paradigmas tradicionales. Tanto el marxismo ortodoxo (que reducía la política a la lucha de clases y la infraestructura económica) como el liberalismo individualista (que veía al sujeto como un ente racional pre-social) resultaban insuficientes para explicar los nuevos movimientos de los años 60 y 70: el feminismo, los movimientos antirracistas, las luchas estudiantiles o las identidades nacionales periféricas.

Laclau, junto a Chantal Mouffe, publica en 1985 Hegemonía y estrategia socialista, obra donde propone un postmarxismo que abandona la idea de que el sujeto político está predeterminado por la clase trabajadora. En su lugar, introduce el concepto de subjetividad política como una construcción discursiva, contingente y abierta. La subjetividad no es algo que se «tiene» por nacimiento o posición económica, sino algo que se produce en la lucha, mediante la identificación con un proyecto colectivo.

Idea fuerza: No hay sujeto político sin un discurso que le dé sentido a su acción y sin un adversario al que enfrentarse.


Fundamentos teóricos: discurso, demanda y antagonismo

La centralidad del discurso

Para Laclau, lo social no es una realidad «muda» sobre la que luego se habla. Lo real es siempre discursivo, es decir, toda objetividad está constituida por sistemas de significación. Esto no significa que todo sea lenguaje, sino que no tenemos acceso a una realidad fuera de los sentidos que le otorgamos. La subjetividad política nace cuando un conjunto de posiciones diferenciales (por ejemplo: «soy mujer», «soy precaria», «soy migrante») se rearticulan en una identidad colectiva.

La demanda como unidad mínima

Toda subjetividad política surge de una demanda insatisfecha. Una demanda es una petición dirigida al poder (Estado, sistema económico, etc.) que no es atendida. Cuando una demanda permanece insatisfecha, puede ocurrir dos cosas:

  • Demanda aislada: se resuelve de forma particular (ej. un grupo de vecinos logra que reparen una calle). No genera subjetividad política.
  • Demanda equivalencial: la demanda se conecta con otras demandas insatisfechas (ej. vecinos + trabajadores precarios + estudiantes sin becas). Ahí nace la subjetividad.

El antagonismo y el «otro» excluido

No hay subjetividad sin antagonismo. Laclau critica la idea de que el conflicto social es un mal pasajero. Para él, el antagonismo es constitutivo: una identidad colectiva se define por aquello que la niega, por un «otro» antagónico. Por ejemplo, el movimiento feminista se constituye en contra del patriarcado; el movimiento ecologista, contra el extractivismo. Ese otro es el que impide la plenitud de la identidad, y por tanto moviliza la acción.


El proceso de construcción de la subjetividad: cadenas equivalenciales y significantes vacíos

Aquí entra lo más operativo de la teoría. Laclau describe dos lógicas contrapuestas que operan en lo social:

Lógica de la diferencia

Es la lógica del sistema social establecido. Cada elemento tiene un lugar fijo y positivo (médico, estudiante, empresario, madre). No hay conflicto radical porque cada uno «sabe su lugar». La política no existe como antagonismo, solo como administración.

Lógica de la equivalencia

Es la lógica de la política propiamente dicha. Se produce cuando distintas demandas insatisfechas se equivalen entre sí, no porque sean idénticas, sino porque todas son negadas por el mismo adversario. Ejemplo: «Yo no tengo trabajo, tú no tienes vivienda, ella no tiene derechos; todos somos víctimas del mismo sistema». Así se forma una cadena equivalencial.

El significante vacío

¿Cómo se nombra esa cadena? Allí aparece el concepto más original: el significante vacío. Es una palabra o símbolo que representa la unidad del colectivo, pero cuyo significado concreto está vacío, precisamente para que distintos grupos puedan llenarlo con sus expectativas particulares. Ejemplos históricos: «Patria», «Pueblo», «Revolución», «Democracia real», «Justicia social».

El significante vacío es la condensación simbólica de la subjetividad política. Un líder o un movimiento logra articular un «nosotros» cuando propone un significante que resuena con múltiples demandas. Cuanto más vacío (menos contenido fijo), más capaz de articular diversidad. Pero también más riesgo de manipulación populista, algo que Laclau no oculta sino que analiza como parte de la política real.


La hegemonía como operador de subjetivación

Laclau retoma el concepto gramsciano de hegemonía pero lo radicaliza: hegemonía es el proceso por el cual una particularidad (una demanda o grupo concreto) logra presentarse como representante de la universalidad (del «pueblo» o del colectivo). En otras palabras, un movimiento consigue que sus objetivos particulares sean vistos como los objetivos de todos.

Ejemplo: El movimiento obrero del siglo XX logró articular demandas de género, territoriales y culturales bajo la idea de «clase trabajadora». Esa fue una operación hegemónica. Hoy, movimientos ecologistas intentan articular demandas laborales, indígenas y juveniles bajo «justicia climática».

La subjetividad política es entonces el resultado exitoso de una lucha hegemónica: un «nosotros» contingente, que podría haber sido de otro modo, pero que en un momento dado logra estabilizar un sentido común de pertenencia y antagonismo.


Aplicaciones contemporáneas: movimientos sociales, populismo e identidades

La teoría de Laclau no es solo un artefacto académico. Ha sido usada para analizar:

  • El 15M en España: cómo la demanda «No nos representan» articuló desahuciados, precarios, indignados y desempleados en una cadena equivalencial bajo significantes vacíos como «ciudadanía» o «democracia participativa».
  • Feminismo actual: el movimiento #NiUnaMenos logró articular demandas de justicia, seguridad, aborto legal y fin de la violencia machista bajo el significante «vida de las mujeres».
  • Populismos latinoamericanos (Chávez, Morales, Kirchner): Laclau analiza el populismo no como una distorsión, sino como una forma de construir subjetividad popular frente a élites excluyentes. Para él, el populismo es la vía de construcción de un «pueblo» como actor político.
  • Movimientos identitarios y de reconocimiento: las luchas LGTBIQ+ o antirracistas también construyen subjetividad al equivaler demandas específicas en una cadena (discriminación laboral + violencia policial + exclusión simbólica).

Importante: Laclau no celebra ni condena moralmente estas construcciones. Señala que toda subjetividad política, sea progresista o reaccionaria, sigue estas lógicas. Incluso movimientos de extrema derecha articulan demandas (miedo a la inmigración, pérdida de privilegios, etc.) bajo significantes como «nación» o «identidad amenazada».


Limitaciones y críticas a la teoría

Ninguna teoría es perfecta. A la propuesta de Laclau se le ha señalado:

  • Excesivo énfasis en el discurso y poca atención a las condiciones materiales: ¿Puede cualquier demanda articularse con cualquier otra sin límites estructurales? Críticos marxistas (como Ellen Meiksins Wood) sostienen que Laclau olvida la economía.
  • Riesgo de voluntarismo: Si la subjetividad es siempre contingente, parece que todo depende de la habilidad retórica de un líder. ¿Qué pasa con las condiciones objetivas de opresión?
  • Dificultad para pensar instituciones estables: La teoría explica muy bien la emergencia del conflicto, pero menos cómo se estabilizan identidades políticas en el largo plazo.
  • Ambivalencia normativa: Al no distinguir entre buenos y malos usos de la hegemonía, puede ser usada para legitimar cualquier populismo autoritario.

A pesar de estas críticas, la teoría de la subjetividad política sigue siendo una de las más fecundas para entender la política contemporánea, especialmente en momentos de crisis de representación.


Conclusión: por qué importa hoy la subjetividad política

Vivimos en una era de fragmentación identitaria, desafección institucional y emergencia de nuevos actores colectivos. Las viejas recetas que explicaban la acción política por la clase o la racionalidad individual se quedan cortas. La teoría de Laclau nos ofrece un vocabulario para pensar cómo lo diverso se vuelve común, cómo las demandas se encadenan y cómo emergen «pueblos», «movimientos» o «comunidades de lucha».

Aprender esta teoría no es solo adquirir herramientas para análisis académico. Es entender que la política no es un reflejo de estructuras ocultas, sino una práctica de construcción de nosotros mismos como sujetos. Y esa construcción, aunque contingente y precaria, es la única posibilidad de transformación.

Como dijo Laclau: «Lo universal no es un principio que subyace a lo particular, sino un horizonte que solo se alcanza a través de lo particular». La subjetividad política es ese horizonte hecho carne en la lucha cotidiana.


Resultados de aprendizaje

Después de leer este artículo, el estudiante o lector interesado habrá aprendido:

  1. Definir qué es la subjetividad política según Ernesto Laclau y por qué se diferencia de concepciones esencialistas o economicistas del sujeto.
  2. Identificar los elementos centrales de la teoría: demanda insatisfecha, antagonismo, lógica de equivalencia vs. lógica de diferencia.
  3. Explicar el concepto de «cadena equivalencial» y cómo permite articular demandas diversas en una identidad colectiva.
  4. Comprender la función de los «significantes vacíos» como mecanismo simbólico de condensación de la unidad popular.
  5. Analizar la noción de hegemonía como proceso por el cual una particularidad se universaliza, dando origen a una subjetividad política.
  6. Aplicar estas categorías al estudio de movimientos sociales contemporáneos (feminismo, ecologismo, populismos, 15M, etc.).
  7. Evaluar críticamente las principales limitaciones de la teoría laclausiana, especialmente su relación con lo económico y las instituciones.
  8. Reconocer la relevancia actual de esta teoría para interpretar crisis de representación y emergencia de nuevos actores políticos.

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Rodrigo Ricardo Editor y fundador