Virus Varicela-Zóster: Qué es, Síntomas y Tratamientos

Rodrigo Ricardo Publicado el 28 septiembre, 2025 19 minutos y 5 segundos de lectura

El Virus varicela-zóster (VVZ) es un agente viral ampliamente conocido por causar dos enfermedades clínicas distintas: varicela y herpes zóster. Su importancia médica radica en su capacidad de infectar a individuos de todas las edades y en la posibilidad de provocar complicaciones graves en ciertos grupos, como recién nacidos, adultos mayores y personas con sistemas inmunológicos debilitados.

Este artículo explora en detalle qué es el virus varicela-zóster, cómo se manifiesta en el cuerpo humano, sus síntomas característicos y las opciones de tratamiento disponibles, incluyendo medidas preventivas y vacunas. La información presentada está fundamentada en estudios clínicos y recomendaciones de organismos de salud internacionales, con el objetivo de brindar un panorama completo y educativo.


¿Qué es el Virus Varicela-Zóster?

El Virus varicela-zóster pertenece a la familia de los herpesvirus, específicamente al subgrupo de los herpesvirus humanos tipo 3 (HHV-3). Es un virus de ADN de doble cadena, lo que significa que su material genético se encuentra en forma de doble hélice de ADN, característica que le permite permanecer latente en el organismo por largos periodos.

Historia y descubrimiento

El virus fue identificado a mediados del siglo XX, cuando los investigadores notaron la relación entre la varicela y el herpes zóster. Se observó que las personas que habían padecido varicela en la infancia podían desarrollar herpes zóster años después, debido a la reactivación del virus latente en los ganglios nerviosos.

Características biológicas

Algunas características esenciales del VVZ son:

  • Latencia: Tras la infección inicial, el virus puede permanecer inactivo en los ganglios nerviosos sensoriales, particularmente en la columna vertebral y la base del cráneo.
  • Transmisión: Es altamente contagioso y se transmite principalmente por contacto directo con las lesiones cutáneas o a través de partículas respiratorias en personas infectadas.
  • Estructura viral: Posee una envoltura lipídica que facilita su entrada en las células humanas y un genoma relativamente grande que codifica múltiples proteínas esenciales para la replicación y evasión del sistema inmunológico.

Enfermedades asociadas

El VVZ puede causar dos cuadros clínicos principales:

  1. Varicela (chickenpox): enfermedad primaria, generalmente en la infancia.
  2. Herpes zóster (shingles): reactivación del virus en la edad adulta o en personas inmunocomprometidas.

Modo de transmisión del Virus Varicela-Zóster

El Virus varicela-zóster (VVZ) es altamente contagioso y comprender sus vías de transmisión es esencial para implementar medidas preventivas eficaces, tanto en el hogar como en entornos de atención médica. La transmisión del VVZ puede ocurrir de manera directa, indirecta y a través de aerosoles respiratorios, dependiendo de la fase de la enfermedad y del estado inmunológico del individuo expuesto.

Transmisión directa

La forma más frecuente de contagio del VVZ es a través del contacto directo con lesiones cutáneas activas, es decir, con las vesículas llenas de líquido que aparecen durante la varicela o el herpes zóster.

  • Varicela: El virus se encuentra en alta concentración dentro del líquido vesicular. Al tocar estas lesiones sin protección, las partículas virales pueden ingresar al organismo de una persona susceptible a través de la piel lesionada o de membranas mucosas, como ojos, nariz o boca.
  • Herpes zóster: Aunque el riesgo de transmisión es menor que en la varicela, el contacto directo con las vesículas de una persona afectada puede infectar a individuos que nunca hayan tenido varicela ni hayan sido vacunados, provocando varicela en lugar de herpes zóster.

Este tipo de transmisión explica por qué el VVZ es especialmente contagioso en ambientes con alta concentración de personas, como escuelas, guarderías y hospitales.

Transmisión por aerosoles respiratorios

Además del contacto directo, el VVZ se puede propagar mediante pequeñas gotas respiratorias expulsadas al toser, estornudar o hablar. Estas gotas pueden permanecer suspendidas en el aire durante períodos breves y ser inhaladas por personas susceptibles, facilitando la infección.

  • La transmisión por aerosoles es especialmente relevante en los primeros días de varicela, cuando la erupción aún no ha aparecido y los síntomas generales, como fiebre o malestar, son predominantes.
  • Esta vía de contagio también explica por qué la varicela puede diseminarse rápidamente en entornos cerrados, incluso sin contacto físico directo con las lesiones.

Transmisión indirecta

Aunque es menos frecuente, el VVZ puede propagarse a través de objetos contaminados (fómites), como ropa de cama, toallas, juguetes o superficies tocadas por personas infectadas.

  • El virus puede sobrevivir fuera del cuerpo humano por un tiempo limitado, dependiendo de las condiciones ambientales, como humedad y temperatura.
  • Aunque esta vía representa un riesgo menor en comparación con la transmisión directa y por aerosoles, es importante en entornos hospitalarios o residenciales donde hay personas inmunocomprometidas.

Periodo de contagio

El periodo de contagio del VVZ varía según la manifestación clínica de la infección:

  • Varicela: Las personas infectadas son contagiosas desde 1 a 2 días antes de la aparición de la erupción hasta que todas las lesiones se han secado y convertido en costras. Esto significa que incluso antes de que los familiares o compañeros noten la erupción, la persona puede transmitir el virus.
  • Herpes zóster: El riesgo de transmisión es menor que en la varicela, ya que la cantidad de virus liberado al medio ambiente es menor. Sin embargo, las personas no inmunizadas pueden contraer varicela al entrar en contacto directo con las vesículas activas. Es importante destacar que el herpes zóster no se transmite por vía aérea con la misma eficiencia que la varicela, sino principalmente por contacto con la piel infectada.

Consideraciones especiales

  • Las personas con sistema inmunológico debilitado presentan mayor riesgo de infección por cualquier vía de transmisión.
  • La vacunación reduce significativamente la capacidad de transmitir el virus y, en caso de infección, atenúa la gravedad de los síntomas.
  • Las medidas de prevención, como aislamiento de pacientes, higiene de manos, uso de mascarillas en entornos clínicos y desinfección de superficies, son esenciales para limitar la propagación del VVZ.

Varicela: Síntomas y evolución

La varicela es la manifestación primaria de la infección por el Virus varicela-zóster y representa la fase inicial de contacto del organismo con el virus. Aunque es más común en niños entre 1 y 10 años, puede presentarse en adolescentes y adultos, donde generalmente es más severa y con mayor riesgo de complicaciones. La varicela se caracteriza por un cuadro clínico sistémico que involucra síntomas generales seguidos de una erupción cutánea distintiva.

Síntomas iniciales

La fase prodrómica, o inicial, de la varicela suele durar entre 1 y 2 días y se manifiesta con síntomas inespecíficos que a veces pueden confundirse con otras infecciones virales. Entre los más comunes se encuentran:

  • Fiebre ligera a moderada: Generalmente de 38 °C a 39 °C, aunque puede ser más alta en adultos. La fiebre refleja la respuesta inmune del cuerpo frente a la replicación viral.
  • Malestar general y fatiga: Sensación de cansancio extremo, decaimiento y dificultad para realizar actividades habituales.
  • Dolores musculares y articulares: Inflamación leve y mialgias asociadas a la respuesta inflamatoria sistémica.
  • Pérdida de apetito: Común en niños, lo que puede contribuir a deshidratación si no se controla adecuadamente.
  • Dolor de cabeza: Cefalea leve a moderada, que puede intensificarse con fiebre.
  • Síntomas respiratorios leves: Tos ocasional, secreción nasal o irritación de garganta, generalmente asociados a la replicación viral en las vías respiratorias superiores.

Durante esta etapa, el virus se encuentra en alta concentración en la sangre (viremia), lo que permite que se disemine a la piel y otras mucosas, preparando el terreno para la aparición de la erupción característica.

Aparición de la erupción

Entre 1 y 2 días después de los síntomas iniciales, comienza la fase cutánea, que es el signo clínico más reconocible de la varicela. La evolución de la erupción es típica y sigue un patrón secuencial:

  • Exantema inicial: Máculas rojizas planas que suelen aparecer primero en el tronco, extendiéndose rápidamente a cara, cuero cabelludo, extremidades e incluso mucosas.
  • Progresión a pápulas: Las máculas se elevan y forman pequeñas protuberancias sólidas, reflejando la inflamación local de la piel.
  • Formación de vesículas: Las pápulas evolucionan a vesículas llenas de líquido transparente, conteniendo partículas virales activas, altamente contagiosas.
  • Costras y curación: En aproximadamente 5 a 7 días, las vesículas se secan y forman costras amarillentas, que eventualmente se desprenden sin dejar cicatriz en la mayoría de los casos.

Características adicionales de la erupción:

  • La picazón suele ser intensa, lo que puede inducir rascado y aumentar el riesgo de infecciones bacterianas secundarias.
  • La erupción aparece en olas sucesivas, por lo que en un mismo día pueden coexistir lesiones en diferentes etapas: algunas máculas, otras pápulas, vesículas y costras.
  • En algunos casos, puede presentarse erupción en mucosas, como boca o genitales, causando dolor y dificultad para alimentarse o miccionar en niños pequeños.

Complicaciones posibles

Aunque la varicela es generalmente leve en niños sanos, el riesgo de complicaciones aumenta en adultos, adolescentes, recién nacidos, embarazadas y personas inmunocomprometidas. Las complicaciones más relevantes incluyen:

  1. Infecciones bacterianas secundarias de la piel:
    • Ocurren cuando las lesiones cutáneas son rascadas y se colonizan con bacterias como Staphylococcus aureus o Streptococcus pyogenes.
    • Pueden evolucionar a impétigo, celulitis o abscesos cutáneos.
  2. Neumonía varicelosa:
    • Más frecuente en adultos que en niños.
    • Se caracteriza por fiebre alta, dificultad respiratoria, tos persistente y opacidades pulmonares en radiografía.
    • Puede evolucionar a insuficiencia respiratoria en casos graves.
  3. Encefalitis o inflamación cerebral:
    • Rara, pero grave.
    • Se manifiesta con convulsiones, alteraciones del estado de conciencia y déficits neurológicos.
    • Requiere hospitalización inmediata y tratamiento antiviral intensivo.
  4. Síndrome de Reye:
    • Complicación asociada al uso de aspirina durante la infección.
    • Provoca inflamación hepática aguda y encefalopatía, con riesgo de fallo multiorgánico y muerte si no se trata rápidamente.
    • Por ello, nunca se debe administrar aspirina a niños con varicela.
  5. Otras complicaciones menos frecuentes:
    • Miocarditis (inflamación del corazón).
    • Hepatitis varicelosa en personas inmunocomprometidas.
    • Deshidratación severa por fiebre alta y dificultad para alimentarse.

Evolución y pronóstico

  • La varicela suele resolverse espontáneamente en 7–10 días en niños sanos.
  • En la mayoría de los casos, las lesiones se curan sin cicatrices, excepto si se produce rascado intenso o infección secundaria.
  • La infección genera inmunidad duradera, por lo que la reinfección es rara, aunque en algunos casos puede presentarse varicela atípica leve.
  • La vacunación ha reducido significativamente la incidencia de varicela y sus complicaciones graves en países donde se aplica de manera sistemática.

Herpes Zóster: Reaparición del virus

El herpes zóster aparece cuando el virus latente se reactiva, generalmente décadas después de la infección primaria.

Factores de riesgo

La reactivación puede ser desencadenada por:

  • Edad avanzada, debido al debilitamiento del sistema inmunológico.
  • Inmunosupresión: tratamientos oncológicos, VIH/SIDA o trasplantes.
  • Estrés físico o emocional prolongado.

Síntomas característicos

  • Dolor, ardor o sensación de hormigueo en una zona específica de la piel.
  • Aparición de erupción unilateral, generalmente en el torso o cara.
  • Vesículas agrupadas sobre piel enrojecida, que evolucionan hacia costras en 7–10 días.
  • Fiebre, malestar general y sensibilidad en la zona afectada.

Complicaciones del herpes zóster

  • Neuralgia postherpética: dolor persistente tras la resolución de las lesiones, más frecuente en personas mayores.
  • Infección ocular: si afecta el nervio trigémino, puede comprometer la visión.
  • Diseminación en personas inmunocomprometidas, pudiendo afectar órganos internos.

Diagnóstico del Virus Varicela-Zóster

El diagnóstico del Virus varicela-zóster (VVZ) es fundamental para establecer un tratamiento oportuno, prevenir complicaciones y reducir la transmisión del virus. En la práctica clínica, se combina la evaluación clínica con pruebas de laboratorio en casos dudosos o complicados.

El diagnóstico suele iniciarse mediante observación directa de los síntomas y la historia clínica del paciente, pero en ciertas situaciones puede requerirse confirmación mediante pruebas serológicas o moleculares.

Evaluación clínica

El diagnóstico clínico es generalmente suficiente, especialmente en casos típicos de varicela o herpes zóster. Los médicos evalúan:

  • Historia del paciente: aparición de fiebre, malestar general, exposición a personas infectadas y antecedentes de vacunación o infección previa.
  • Características de la erupción:
    • Para varicela: lesiones en diferentes fases (máculas, pápulas, vesículas y costras) distribuidas principalmente en tronco y cara.
    • Para herpes zóster: erupción unilateral, limitada a un dermatoma, acompañada de dolor intenso o ardor previo a la aparición de las lesiones.
  • Síntomas acompañantes: prurito, malestar general, fiebre y cefalea.

El patrón clínico suele ser suficiente para un diagnóstico confiable, especialmente en niños, donde la varicela tiene una presentación típica.

Métodos de laboratorio

En casos atípicos, complicados o en pacientes inmunocomprometidos, se pueden utilizar pruebas de laboratorio para confirmar la infección por VVZ:

  1. Serología
    • Permite detectar anticuerpos específicos IgM e IgG contra el VVZ.
    • IgM: indica infección reciente o activa.
    • IgG: indica inmunidad pasada, ya sea por infección previa o vacunación.
    • Es útil para determinar estatus inmunológico en personas expuestas al virus, especialmente en embarazadas o pacientes con riesgo de complicaciones graves.
  2. PCR (reacción en cadena de la polimerasa)
    • Detecta el ADN viral en muestras de líquido de vesículas, sangre o fluidos corporales.
    • Es altamente sensible y específico, ideal para confirmar casos atípicos o severos de varicela o herpes zóster.
    • Permite distinguir el VVZ de otros herpesvirus que puedan causar erupciones similares.
  3. Cultivo viral
    • Consiste en aislar el virus en líneas celulares especiales en laboratorio.
    • Raramente se utiliza debido a la complejidad técnica, tiempo requerido y costos.
    • Puede ser útil en investigación científica o en casos extremadamente inusuales donde se necesita confirmación exacta del agente viral.

Diferenciación clínica

Es esencial diferenciar la varicela y el herpes zóster de otras enfermedades cutáneas para evitar diagnósticos incorrectos y tratamientos inadecuados. Entre las principales condiciones que se deben considerar se incluyen:

  • Sarampión:
    • También presenta erupción maculopapular y fiebre.
    • Las lesiones suelen ser más uniformes y no presentan vesículas ni costras, y la erupción inicia en la cara y se extiende hacia el tronco.
  • Herpes simple (HSV-1 y HSV-2):
    • Produce vesículas agrupadas pero de menor extensión y localización limitada, generalmente en labios o genitales.
    • No sigue un patrón dermatomal típico del herpes zóster.
  • Dermatitis por contacto o urticaria:
    • Erupciones rojizas, pruriginosas y a veces con ampollas, pero no progresan en las fases clásicas de la varicela.
  • Escarlatina o infección estreptocócica:
    • Erupción difusa con fiebre alta, pero acompañada de otros signos sistémicos, como lengua en “fresa” y exudado faríngeo.

Una evaluación médica detallada, incluyendo examen físico y antecedentes de exposición, suele ser suficiente para confirmar el diagnóstico en la mayoría de los casos. Las pruebas de laboratorio se reservan para:

  • Pacientes con presentaciones atípicas.
  • Personas inmunocomprometidas donde la enfermedad puede evolucionar de manera más agresiva.
  • Determinar inmunidad previa en individuos expuestos al virus, como embarazadas o personal de salud.

Importancia del diagnóstico temprano

Detectar la infección por VVZ de manera temprana permite:

Evaluar la necesidad de inmunoglobulina varicela-zóster en personas susceptibles expuestas al virus, como recién nacidos o inmunodeprimidos.

Iniciar tratamiento antiviral oportunamente, especialmente en adultos o pacientes de alto riesgo.

Reducir la transmisión mediante aislamiento adecuado de personas infectadas.

Prevenir complicaciones graves, como neumonía, encefalitis o infecciones bacterianas secundarias.


Tratamientos disponibles

El manejo del VVZ depende de la edad, el estado inmunológico y la gravedad de los síntomas.

Tratamiento de la varicela

  • Medidas generales: reposo, hidratación adecuada y uso de ropa ligera para aliviar la picazón.
  • Antihistamínicos y lociones calmantes: ayudan a disminuir la comezón.
  • Paracetamol: para controlar fiebre; se evita aspirina en niños.
  • Antivirales: aciclovir oral en casos graves o en adultos para acortar la duración de la enfermedad.

Tratamiento del herpes zóster

  • Antivirales: aciclovir, valaciclovir o famciclovir, administrados preferentemente en las primeras 72 horas desde la aparición de la erupción, reducen dolor y duración de la infección.
  • Analgesia: uso de antiinflamatorios o medicamentos específicos para dolor neuropático (gabapentina, pregabalina).
  • Cuidados de la piel: mantener las lesiones limpias y secas para prevenir infecciones secundarias.

Manejo de complicaciones

  • Neuralgia postherpética: tratamiento prolongado con analgésicos, anticonvulsivos o terapias tópicas.
  • Infecciones bacterianas secundarias: antibióticos según indicación médica.
  • Involucramiento ocular: derivación a oftalmología y antivirales tópicos o sistémicos.

Prevención del Virus Varicela-Zóster

La prevención es la estrategia más efectiva para reducir la incidencia, severidad y complicaciones asociadas a las infecciones por Virus varicela-zóster (VVZ). Existen medidas específicas que abarcan la vacunación, el aislamiento de casos, la higiene personal y la protección de personas vulnerables. La combinación de estas estrategias ha demostrado disminuir de manera significativa la propagación del virus en comunidades y entornos clínicos.

1. Vacunación

La vacunación constituye la principal herramienta preventiva frente al VVZ, y existen dos tipos de vacunas específicas:

Vacuna contra la varicela

  • Indicaciones: Recomendada en niños, idealmente a partir del año de edad, y en adultos no inmunizados que nunca hayan padecido varicela.
  • Esquema de vacunación: Generalmente se aplican dos dosis:
    • Primera dosis: entre 12 y 15 meses de edad.
    • Segunda dosis: entre 4 y 6 años, aunque en adultos no inmunizados puede administrarse con un intervalo mínimo de 4 semanas.
  • Efectividad:
    • Una dosis proporciona protección aproximada del 80–85% frente a la infección clínica.
    • Dos dosis elevan la protección a más del 95% y reducen significativamente la gravedad de los casos en los raros casos de infección posvacunal.
  • Beneficios adicionales:
    • Reducción de complicaciones graves como neumonía, encefalitis e infecciones bacterianas secundarias.
    • Disminución de la transmisión en entornos escolares y familiares.

Vacuna contra el herpes zóster

  • Indicaciones: Recomendada para adultos mayores de 50 años, independientemente de haber padecido varicela en la infancia, para prevenir la reactivación del virus y la neuralgia postherpética.
  • Tipos disponibles:
    • Vacuna viva atenuada (menos utilizada actualmente en adultos mayores).
    • Vacuna recombinante adyuvante (Shingrix®): altamente efectiva, incluso en personas con sistema inmunitario debilitado.
  • Esquema: Dos dosis separadas por 2 a 6 meses.
  • Efectividad:
    • Reduce en más del 90% la incidencia de herpes zóster y la aparición de neuralgia postherpética.
    • La protección se mantiene elevada durante varios años, con recomendaciones de refuerzo según criterio médico.

2. Medidas de higiene y aislamiento

Además de la vacunación, el control de la propagación del virus depende de prácticas de higiene y aislamiento adecuadas:

Aislamiento de personas infectadas

  • Durante el periodo de contagio:
    • Varicela: desde 1–2 días antes de la erupción hasta que todas las lesiones se convierten en costras.
    • Herpes zóster: mientras las vesículas estén activas y hasta que se sequen.
  • Evitar contacto cercano con personas susceptibles, especialmente:
    • Recién nacidos y bebés.
    • Adultos no inmunizados.
    • Personas inmunocomprometidas, como pacientes con VIH/SIDA, trasplantes o quimioterapia.

Higiene personal

  • Lavado frecuente de manos con agua y jabón, especialmente después de tocar lesiones o objetos potencialmente contaminados.
  • Uso de desinfectantes a base de alcohol cuando no se dispone de agua corriente.
  • Evitar compartir objetos personales como toallas, ropa, utensilios o juguetes, que puedan actuar como vectores indirectos.

Protección de lesiones

  • Cobertura de las lesiones cutáneas en casos de herpes zóster con apósitos estériles o vendajes ligeros para:
    • Reducir el riesgo de transmisión a personas susceptibles.
    • Evitar la contaminación de superficies y objetos en el entorno.
  • Mantener la piel limpia y seca para prevenir infecciones bacterianas secundarias, que pueden complicar la evolución del cuadro.

3. Estrategias comunitarias y escolares

  • Educación sanitaria: Informar a padres, docentes y personal de salud sobre signos tempranos de varicela y herpes zóster.
  • Políticas de vacunación: Implementar programas escolares de vacunación sistemática para aumentar la inmunidad colectiva y proteger a los más vulnerables.
  • Monitoreo epidemiológico: Identificar brotes rápidamente para aislar casos y evitar contagios masivos.

Prevención en grupos de riesgo

  • Embarazadas no inmunizadas: Evaluar estado serológico y aplicar inmunoglobulina varicela-zóster en caso de exposición para prevenir infección grave en la madre y el feto.
  • Inmunocomprometidos: Evitar contacto con personas infectadas y, cuando sea posible, considerar vacunación segura o administración de inmunoglobulina profiláctica.

Perspectivas actuales y futuras

La investigación sobre VVZ continúa en varias áreas:

  • Nuevas vacunas: desarrollo de fórmulas más eficaces y con mayor duración de inmunidad.
  • Antivirales de nueva generación: con menos efectos secundarios y mayor eficacia.
  • Terapias inmunomoduladoras: para prevenir complicaciones graves en personas inmunocomprometidas.

Gracias a la vacunación y a los avances en antivirales, la incidencia de complicaciones graves ha disminuido significativamente, aunque la vigilancia sigue siendo crucial, especialmente en adultos mayores y pacientes con inmunosupresión.


Conclusión

El Virus varicela-zóster es un agente viral de gran relevancia médica, responsable de la varicela y del herpes zóster. Su capacidad de permanecer latente y reactivarse décadas después lo convierte en un desafío para la salud pública. Reconocer sus síntomas, recibir un diagnóstico oportuno y aplicar tratamientos adecuados puede prevenir complicaciones significativas y mejorar la calidad de vida de los pacientes.

La prevención mediante vacunación, combinada con medidas de higiene y control de la transmisión, constituye la estrategia más efectiva para minimizar el impacto del VVZ en la población. La investigación científica sigue avanzando, ofreciendo nuevas herramientas para la protección y el manejo clínico de estas enfermedades virales.

Explora más sobre este tema

Selecciona un tema y sigue aprendiendo...

Rodrigo Ricardo
Rodrigo Ricardo Editor y fundador