La Historia del Petiso Orejudo: El primer asesino serial argentino

Rodrigo Ricardo Publicado el 21 agosto, 2025 11 minutos y 2 segundos de lectura

Introducción a la figura del Petiso Orejudo

La historia criminal argentina tiene un caso emblemático que ha trascendido no solo por la brutalidad de sus crímenes, sino también por el debate social y científico que generó: la vida y los delitos de Cayetano Santos Godino, más conocido como el Petiso Orejudo. Este personaje, nacido en Buenos Aires en 1896, es considerado por muchos investigadores como el primer asesino serial documentado en la Argentina. Su historia ha despertado interés no solo en la criminología, sino también en disciplinas como la psiquiatría, la sociología, la historia y hasta la literatura, dado que su vida se convirtió en un espejo de los problemas sociales de comienzos del siglo XX. Comprender al Petiso Orejudo implica, entonces, adentrarse en una trama que combina pobreza, marginalidad, enfermedad mental y un sistema judicial en formación.

Al analizar este caso, los académicos se preguntan si Cayetano fue el resultado de una mente naturalmente criminal, como sostenían teorías positivistas de la época, o si más bien fue producto de un entorno familiar violento y un contexto social marcado por la desigualdad. Desde niño, Godino mostró actitudes violentas contra animales y otros menores, lo cual encendió alertas en algunos adultos de su entorno, pero la falta de atención médica y social permitió que estas conductas se agravaran con el tiempo. Sus crímenes, caracterizados por la crueldad y la aparente falta de remordimiento, dejaron una huella imborrable en la memoria colectiva y dieron inicio a un debate sobre la infancia, la criminalidad y la responsabilidad penal.

En esta lección, exploraremos en profundidad la vida del Petiso Orejudo, sus características psicológicas, los delitos que cometió, la reacción de la sociedad argentina de principios de siglo XX y las consecuencias jurídicas y culturales de su historia. El objetivo es comprenderlo no solo como un criminal, sino como un fenómeno histórico y social que marcó un antes y un después en la criminología nacional.


Infancia y contexto social de Cayetano Santos Godino

Para entender la trayectoria criminal del Petiso Orejudo, es fundamental comenzar por su infancia y el contexto social en el que se desarrolló. Nació el 31 de octubre de 1896 en Buenos Aires, en el seno de una familia muy humilde de inmigrantes italianos. Su padre, un hombre alcohólico y violento, había estado preso en diversas ocasiones, mientras que su madre era una figura pasiva en el hogar, incapaz de contener las situaciones de abuso y violencia que se vivían en la familia. La precariedad económica y la marginalidad marcaron la vida temprana de Cayetano, quien desde pequeño estuvo expuesto a situaciones de abandono y maltrato.

Los registros de la época indican que desde muy niño mostró conductas extrañas y preocupantes. Se caracterizaba por un aspecto físico que llamaba la atención: bajo de estatura, de cabeza grande en proporción al cuerpo y con orejas grandes y prominentes, lo que le valió el apodo de «Petiso Orejudo». Sin embargo, su apariencia no era lo más inquietante, sino su comportamiento. Testimonios indican que desde los cuatro años se dedicaba a maltratar animales, arrancarles las alas a los pájaros, torturar gatos y prender fuego a insectos. Estas conductas, que hoy serían interpretadas como señales tempranas de trastornos de conducta, pasaron desapercibidas en su entorno familiar y escolar, donde apenas recibió atención.

El contexto social de Buenos Aires a finales del siglo XIX y principios del XX también jugó un papel importante en su desarrollo. La ciudad se encontraba en plena expansión debido a la inmigración europea, lo que generaba hacinamiento, pobreza extrema y altos índices de delincuencia infantil. Las villas miserias y conventillos eran el espacio en el que crecían miles de niños sin acceso a educación ni contención familiar, y Cayetano fue uno de ellos. La ausencia de políticas públicas para proteger a la infancia vulnerable favoreció que muchos menores quedaran librados a su suerte, siendo presas fáciles de la delincuencia o de la marginalidad. En ese caldo de cultivo se formó el Petiso Orejudo, cuya historia refleja los problemas estructurales de la Argentina en aquella época.


Primeros indicios criminales y conducta antisocial

Los primeros actos criminales de Cayetano Santos Godino comenzaron a manifestarse a muy temprana edad, lo que llamó la atención de algunos vecinos, aunque no lo suficiente para detenerlo a tiempo. A los siete años ya había protagonizado intentos de incendio y agresiones contra otros niños, demostrando un patrón de comportamiento que luego se volvería más grave. Se sabe que disfrutaba observando cómo ardían las casas o los objetos que incendiaba, y que solía atacar a niños más pequeños, atrayéndolos con engaños para golpearlos o maltratarlos. Estos comportamientos tempranos encajan con lo que hoy conocemos como la «tríada de la conducta criminal infantil»: crueldad hacia los animales, piromanía y enuresis, siendo las dos primeras muy visibles en el caso del Petiso Orejudo.

En 1906, cuando tenía apenas 10 años, intentó ahogar a un niño de dos años llamado Miguel de Paoli. Aunque el pequeño sobrevivió, este hecho fue una advertencia temprana de lo que vendría después. A los 12 años fue detenido por la policía por primera vez, acusado de incendiar un corral y maltratar a otros menores, pero rápidamente fue liberado, ya que en aquel tiempo no existía un sistema judicial especializado en la delincuencia infantil. Este vacío legal permitió que Cayetano siguiera cometiendo actos cada vez más violentos sin consecuencias graves.

Un rasgo llamativo de su conducta era la ausencia total de remordimiento. Incluso cuando era confrontado por sus acciones, mantenía una expresión inexpresiva, casi fría, que desconcertaba a los adultos. Este comportamiento llamó la atención de algunos médicos de la época, quienes más tarde lo analizaron desde la perspectiva de la criminología positivista, una corriente muy influyente en aquel tiempo, que buscaba explicar la criminalidad a partir de factores biológicos y hereditarios. En ese sentido, el Petiso Orejudo fue estudiado como un «ejemplo vivo» de las teorías de Cesare Lombroso, quien sostenía que ciertos rasgos físicos y psicológicos eran indicadores de tendencias criminales innatas.


Los crímenes del Petiso Orejudo

Entre 1906 y 1912, Cayetano Santos Godino cometió una serie de delitos que conmocionaron a la sociedad porteña. Sus víctimas principales fueron niños, generalmente más pequeños que él, a quienes atacaba con una combinación de engaño, violencia y fuego. Se le atribuyen al menos cuatro asesinatos confirmados y varios intentos de homicidio, aunque algunos historiadores sospechan que la cifra real pudo haber sido mayor.

Uno de los casos más recordados ocurrió en 1912, cuando asesinó a Arturo Laurora, un niño de apenas tres años. Lo llevó con engaños a un descampado y lo golpeó hasta dejarlo inconsciente, para luego intentar prenderle fuego. Ese mismo año atacó a otras víctimas con métodos similares, lo que generó alarma entre la población, que empezó a exigir respuestas de la policía y la justicia. En diciembre de ese año fue finalmente detenido tras el asesinato de Gerardo Giordano, de tres años, cuyo cuerpo fue encontrado en un terreno baldío con signos de estrangulamiento y golpes.

La brutalidad de estos crímenes generó una gran repercusión mediática. Los diarios de la época publicaban con detalle los avances del caso, alimentando la fascinación y el horror de la opinión pública. El apodo de «Petiso Orejudo» se popularizó en las páginas de los periódicos, convirtiéndolo en una figura temida y a la vez morbosa para la sociedad argentina.

Un elemento central en sus crímenes era el fuego. La piromanía de Cayetano estaba tan arraigada que, incluso en sus ataques a otros niños, solía intentar prenderles fuego o incendiar los lugares en los que los atacaba. Esto refuerza la idea de que el fuego no era solo un instrumento de violencia, sino también un objeto de fascinación personal. Sus crímenes no respondían a un interés económico ni a un beneficio material, sino a un impulso destructivo que lo dominaba y que se manifestaba con particular violencia en su relación con los más indefensos: los niños.


Captura, juicio y condena

La captura del Petiso Orejudo en diciembre de 1912 marcó el inicio de uno de los juicios más mediáticos de la época en la Argentina. Tras ser arrestado, confesó con frialdad varios de sus crímenes, lo que sorprendió a los investigadores y alimentó la idea de que se trataba de un «criminal nato». Durante el juicio, los médicos y peritos intentaron analizar su personalidad desde diferentes enfoques. Algunos lo consideraban un enfermo mental, incapaz de comprender la gravedad de sus actos, mientras que otros lo señalaban como un psicópata peligroso, plenamente consciente de lo que hacía.

Finalmente, en 1914 fue declarado inimputable por demencia y enviado al Hospicio de las Mercedes, donde permaneció por algunos años. Sin embargo, debido a su comportamiento agresivo y antisocial, fue trasladado a la Penitenciaría Nacional y luego al penal de Ushuaia, conocido como el “Presidio del Fin del Mundo”. Allí pasó el resto de su vida, hasta su muerte en 1944. Según registros carcelarios, incluso en prisión mantuvo conductas violentas y destructivas, atacando a otros presos y provocando incendios en su celda.

El juicio del Petiso Orejudo generó un gran debate en la sociedad argentina sobre la delincuencia infantil, la responsabilidad penal de los menores y el rol de la psiquiatría en la justicia. Su caso sirvió para visibilizar la necesidad de instituciones especializadas en la atención de niños con problemas de conducta, así como de reformas legales que contemplaran la situación de menores infractores.


El legado del Petiso Orejudo en la criminología argentina

El caso de Cayetano Santos Godino trascendió su tiempo y se convirtió en un punto de referencia en la historia de la criminología argentina. Para muchos investigadores, fue el primer asesino serial del país, y su figura se estudió durante décadas como ejemplo de criminalidad juvenil extrema. Sus actos, aunque atroces, sirvieron para que médicos, juristas y psicólogos reflexionaran sobre la necesidad de estudiar de manera científica el comportamiento criminal.

Desde una perspectiva académica, el Petiso Orejudo representa el choque entre dos paradigmas: el de la criminología positivista, que lo veía como un «criminal nato», y el de las teorías sociales, que entendían su violencia como producto del entorno de pobreza, maltrato y abandono. En este sentido, su historia no solo es relevante por los crímenes que cometió, sino también porque simboliza un momento clave en la evolución del pensamiento criminológico en Argentina.

Además, su caso abrió interrogantes sobre la infancia y la delincuencia. ¿Hasta qué punto un niño puede ser considerado responsable de sus actos? ¿Qué papel juegan la familia y el entorno en el desarrollo de conductas antisociales? Estas preguntas siguen vigentes en la actualidad, lo que demuestra que la historia del Petiso Orejudo no es solo un episodio del pasado, sino una oportunidad para reflexionar sobre problemas contemporáneos.


Conclusión: La vigencia de una historia perturbadora

La vida y los crímenes de Cayetano Santos Godino, el Petiso Orejudo, siguen despertando interés más de un siglo después de ocurridos. Su historia combina elementos de violencia, enfermedad mental, marginalidad social y vacío legal, convirtiéndose en un caso paradigmático en la historia criminal argentina. Aunque sus delitos causaron horror, también impulsaron debates fundamentales sobre la infancia, la criminalidad y la necesidad de comprender los factores que llevan a una persona a convertirse en un asesino.

Analizar su caso desde una mirada académica nos permite comprender que detrás del mito del “primer asesino serial argentino” había un niño marcado por la pobreza, el maltrato y la falta de contención social. Más allá de sus crímenes, su figura refleja los límites y carencias de un sistema que no supo detectar a tiempo los signos de alarma. Hoy, su historia se estudia no solo como un hecho policial, sino como una lección sobre la importancia de la prevención, la educación y la salud mental en la construcción de una sociedad más justa.

En definitiva, la historia del Petiso Orejudo es una de las más perturbadoras y reveladoras de la Argentina. Nos invita a reflexionar sobre la naturaleza del mal, el rol de la sociedad en la formación de sus miembros y la necesidad de seguir profundizando en el estudio de la criminología para evitar que casos como este vuelvan a repetirse.

Rodrigo Ricardo
Rodrigo Ricardo Editor y fundador