En 1536, un hombre alto, de armadura negra y pasado militar en guerras europeas, desembarcó en el Río de la Plata con 16 barcos y 2.500 hombres. No venía a comerciar ni a explorar: venía a fundar un imperio. Su nombre era Pedro de Mendoza, y su historia es una de las más brutales, fascinantes y olvidadas de la conquista de América. En solo dos años, su colonia pasó de ser una promesa de oro a un cementerio de hambre, canibalismo y fuego. ¿Quién fue realmente este hidalgo extremeño? ¿Por qué su fundación de Buenos Aires fracasó estrepitosamente? Y lo más importante: ¿qué legado dejó para la historia argentina y sudamericana?

A continuación, desglosamos su vida, su contexto, su expedición, sus errores estratégicos, sus conflictos con los indígenas querandíes y la trágica muerte que selló su leyenda.
Contexto histórico: el Imperio español en plena expansión
Para entender a Pedro de Mendoza, primero debemos situarnos en la década de 1530. El Imperio español ya había conquistado el Imperio azteca (1521) y el Imperio inca (1533). Las crónicas hablaban de ciudades cubiertas de oro y plata. La ambición no conocía límites.
Sin embargo, el sur del continente seguía siendo un enigma. El portugués Fernando de Magallanes había atravesado el estrecho que lleva su nombre en 1520, pero la inmensidad del Río de la Plata –descubierto por Juan Díaz de Solís en 1516, quien murió devorado por los charrúas– era vista como una puerta hacia las «Sierras del Plata», un territorio mítico donde se creía que existía una montaña de plata pura.
Carlos I de España (también emperador del Sacro Imperio Romano Germánico) necesitaba asegurar esa región antes de que Portugal o Francia se adelantaran. Y necesitaba a un hombre dispuesto a arriesgar todo.
¿Quién fue el fundador de Buenos Aires y cuándo se fundó?
Orígenes de Pedro de Mendoza: nobleza, deudas y ambición
Pedro de Mendoza nació alrededor de 1487 en Guadix, Reino de Granada, en el seno de una de las familias más poderosas de la nobleza española: los Mendoza. Era pariente del célebre poeta Íñigo López de Mendoza (marqués de Santillana) y del Gran Cardenal Mendoza.
Sin embargo, Pedro no heredó grandes riquezas. Era el quinto hijo varón, y en la España del siglo XVI, eso significaba buscar fortuna por cuenta propia. Participó en las guerras italianas (contra Francia) y en el saqueo de Roma (1527), donde adquirió experiencia militar pero también contrajo deudas.
Su gran oportunidad llegó en 1534: firmó una capitulación con la Corona por la cual se le concedía el título de adelantado del Río de la Plata, con amplios poderes: gobernar, repartir tierras, fundar ciudades y explotar metales preciosos. A cambio, debía costear gran parte de la expedición. Para eso, hipotecó todas sus propiedades y pidió préstamos a banqueros sevillanos.
La expedición más grande jamás vista hacia el Plata
Pedro de Mendoza no escatimó en recursos. Armó una flota de 16 barcos (algunas fuentes mencionan 14, otras 17) que transportaban:
- 2.500 hombres (entre soldados, marineros, artesanos, clérigos y unos pocos mujeres).
- 500 caballos (un costo altísimo para la época).
- Cañones, arcabuces, ballestas, pólvora.
- Semillas, herramientas, animales de granja.
La flota zarpó de Sanlúcar de Barrameda en agosto de 1535. Llevaban provisiones para un año, pero pronto los problemas comenzaron: tormentas en el Atlántico, motines y la pérdida de un barco con víveres.
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Tras una escala en la isla de Santa Catalina (actual Brasil), llegaron al Río de la Plata en enero de 1536. La inmensidad del estuario los deslumbró. Mendoza decidió fundar un puerto en la margen sur, cerca de un pequeño desagüe que los indígenas llamaban «Buenos Ayres» (por los buenos aires o vientos favorables).
Fundación de Nuestra Señora del Buen Ayre (2 de febrero de 1536)
El 2 de febrero de 1536, Pedro de Mendoza clavó el rollo de la justicia y fundó oficialmente Puerto de Nuestra Señora de Santa María del Buen Ayre. El nombre no era casual: honraba a la virgen de los marineros y al santuario de Bonaria en Cerdeña.
La ciudad fue trazada a la apurada: un fuerte de tierra y madera, algunas chozas, un empalizada. No había piedra. No había minas cercanas. Lo que sí había era una llanura inmensa habitada por los querandíes, un pueblo nómada experto en caza y pesca.
Mendoza creyó que los indígenas se someterían como los incas o aztecas. Pero los querandíes no tenían oro, no tenían ciudades ni jerarquías verticales. Eran libres y no entendían de reyes europeos.
El primer gran error: subestimar a los querandíes
Durante los primeros meses, los querandíes se acercaron a los españoles con desconfianza pero sin hostilidad. Intercambiaban pescado y cueros por baratijas. Pero los españoles, hambrientos y arrogantes, comenzaron a robar sus alimentos y a maltratar a las mujeres.
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La gota que rebasó el vaso fue un incidente documentado por el cronista Ulrico Schmidl (soldado alemán que sobrevivió a la expedición). Un capitán español llamado Juan de Osorio atacó una aldea querandí para tomar provisiones. En respuesta, los querandíes movilizaron a miles de guerreros.
Batalla del Corpus Christi (15 de junio de 1536): 300 españoles y miles de querandíes se enfrentaron. Los arcabuces y los caballos causaron estragos al principio, pero la masa indígena rodeó a los españoles. Murieron 22 españoles (una baja enorme para su número) y cientos de indígenas. Los querandíes no se retiraron; cambiaron de táctica.
A partir de ese día, asediaron el fuerte. Cortaron todo acceso a la caza y la pesca. Los españoles quedaron atrapados.
El año del hambre: canibalismo y deserción
Desde mediados de 1536 hasta mediados de 1537, la colonia se convirtió en un infierno. Las reservas de comida se agotaron. Los caballos fueron comidos uno por uno. Luego perros, ratas, cueros hervidos. Finalmente, algunos españoles comenzaron a matar y comer a los muertos.
El cronista Schmidl relata con horror: «Vi a un español que cortó un pedazo de un indio muerto y lo asó. Por eso fue ahorcado». La desesperación era tal que se formaron bandas de hambrientos que robaban los cadáveres antes del entierro.
Mendoza, que ya padecía sífilis (contraída en sus años italianos) y posiblemente escorbuto, quedó postrado en una camilla. Su salud mental también se deterioró. Ordenó ejecuciones arbitrarias, entre ellas la de su propio lugarteniente, Juan de Osorio, acusado falsamente de traición.
En ese contexto, un grupo de españoles liderados por Juan de Ayolas y Domingo Martínez de Irala decidió remontar el río Paraná en busca del mítico «País de la Plata» y, sobre todo, de comida. Fundaron un fuerte en la región del Paraná superior (actual Paraguay), donde encontraron indígenas guaraníes más receptivos y tierras fértiles.
La huida y la muerte en el mar
Para 1537, Pedro de Mendoza comprendió que su empresa había fracasado. De los 2.500 hombres originales, apenas sobrevivían unos 500. No había oro, no había sumisión indígena, no había colonia viable.
Solicitó permiso a la Corona para regresar a España, pero su salud estaba tan deteriorada que no podía gobernar. Delegó el mando en Juan de Ayolas (quien luego desaparecería en una expedición al Chaco) y finalmente en Domingo Martínez de Irala.
Mendoza embarcó hacia España en un pequeño navío. Nunca llegó. Murió en alta mar el 23 de junio de 1537, a la altura de las islas Canarias, según algunas fuentes; otras sitúan su muerte frente a la costa de África. Su cuerpo fue arrojado al océano. Tenía aproximadamente 50 años.
Su hermano, Gonzalo de Mendoza, llevó la noticia a la corte. La Corona no le guardó rencor: consideró que había cumplido con su deber en condiciones imposibles.
¿Qué pasó con Buenos Aires después de Mendoza?
Tras la muerte de Mendoza, los supervivientes no pudieron mantener el fuerte. Los querandíes lo atacaron repetidas veces. En 1541, el nuevo adelantado, Domingo Martínez de Irala, ordenó la evacuación total de Buenos Aires. Prendieron fuego a lo que quedaba y se trasladaron definitivamente a Asunción del Paraguay (fundada en 1537).
Buenos Aires quedó desierta durante 39 años. Recién en 1580, Juan de Garay (otro extremeño) la refundó con el nombre de Ciudad de la Trinidad y su puerto de Santa María de Buenos Aires. Pero esa es otra historia.
Legado de Pedro de Mendoza: ¿héroe o fracasado?
La historiografía argentina ha tratado a Pedro de Mendoza con ambivalencia:
- Visión tradicional (siglo XIX): Un mártir de la conquista que abrió el camino para la colonización del Plata. Su fracaso fue por la hostilidad del medio y la ferocidad indígena, no por incapacidad.
- Visión crítica (actual): Un militar arrogante, sin comprensión de las culturas nativas, que malgastó vidas y recursos por una obsesión con el oro. Su gestión fue catastrófica y la primera Buenos Aires fue un ejemplo de todo lo que no se debe hacer en una colonización.
Pero sin su expedición, no habría existido la ruta hacia el Paraguay, y quizás el Río de la Plata habría caído en manos portuguesas. La Corona aprendió de sus errores: las siguientes expediciones llevaron menos hombres, más alimentos y buscaron alianzas con los guaraníes en lugar de la guerra total.
Lecciones para la historia militar y antropológica
El caso de Pedro de Mendoza es un caso de estudio para estrategas militares y antropólogos:
- No subestimar a los nómadas: Los querandíes no tenían un estado centralizado, pero conocían el terreno y podían sostener un asedio indefinidamente.
- La logística lo es todo: Mendoza gastó una fortuna en armas y caballos, pero no aseguró fuentes de alimentos renovables.
- La salud del líder importa: Su sífilis avanzada le afectó el juicio, llevándolo a decisiones paranoicas.
- Las alianzas > la conquista violenta: Mientras él guerreaba contra los querandíes, Ayolas e Irala lograron colaboración con los guaraníes.
Resultados de aprendizaje (para estudiantes)
Después de leer este artículo, el estudiante debería ser capaz de:
- Identificar quién fue Pedro de Mendoza y su rol como primer adelantado del Río de la Plata.
- Explicar las causas de la expedición de 1535-1536 dentro del contexto de la expansión imperial española.
- Describir las circunstancias de la fundación de Nuestra Señora del Buen Ayre el 2 de febrero de 1536.
- Analizar las causas del conflicto con los querandíes y las consecuencias del asedio y la hambruna.
- Evaluar por qué la primera Buenos Aires fracasó y tuvo que ser evacuada en 1541.
- Diferenciar entre la fundación de Mendoza (1536) y la refundación de Juan de Garay (1580).
- Comprender el impacto de la expedición en la posterior colonización del Paraguay y la cuenca del Plata.
- Reflexionar críticamente sobre los errores logísticos, militares y culturales de la conquista española temprana.
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