La Mona Lisa de Leonardo Da Vinci: Historia, hechos y ubicación

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La creación de la Mona Lisa

Leonardo da Vinci encarna como ninguna otra figura el arquetipo del «hombre del Renacimiento» italiano, un polímata cuya genialidad abarcó disciplinas tan diversas como la escritura, las matemáticas, la geología, la botánica, la ingeniería militar, la música y la pintura. A lo largo de su prolífica existencia, Da Vinci concibió innumerables tratados y obras de arte, pero ninguna ha alcanzado la trascendencia universal, el misticismo y la fama de su pintura más célebre: el retrato de La Gioconda, conocida popularmente en gran parte del mundo como la Mona Lisa.

Historiográficamente, se sostiene que Leonardo nunca dejó de trabajar en esta obra. Aunque técnicamente comenzó el retrato hacia el año 1503 y alcanzó un estado de desarrollo avanzado en 1507, el pintor jamás se desprendió de la tabla, transportándola consigo en sus sucesivos viajes por Italia y, finalmente, a su exilio en Francia. Solo su fallecimiento en el castillo de Clos-Lucé en 1519 puso fin a las constantes y minuciosas veladuras con las que continuaba perfeccionando el rostro de la dama. Tras su muerte, el cuadro permaneció en colecciones reales y círculos intelectuales restringidos. Tuvieron que transcurrir casi tres siglos para que el público general y la crítica internacional fuera de Italia redescubrieran la obra y la consagraran de manera unánime como la obra maestra indiscutible del Renacimiento, aquel florecimiento cultural e intelectual surgido en Italia entre los siglos XIV y XVII que propugnó el retorno a los cánones clásicos de la Antigüedad, la observación científica de la naturaleza y una profunda renovación del humanismo.

La genialidad de la Mona Lisa radica en la aplicación pionera de técnicas pictóricas que revolucionaron el arte de la época. La piel de la dama parece poseer una luminosidad interna casi tridimensional debido al uso magistral del sfumato (esfumado), una técnica que consiste en superponer múltiples capas de óleo sumamente diluido y translúcido. Al carecer de líneas de contorno abruptas, las transiciones entre las luces y las sombras se vuelven imperceptibles al ojo humano. Leonardo, guiado por su insaciable curiosidad científica, aplicó sus profundos conocimientos de anatomía ocular y facial para infundir un realismo sin precedentes en la expresión del retrato. Asimismo, integró sus estudios sobre la perspectiva atmosférica en el fondo de la obra: un paisaje montañoso y acuático donde los tonos se vuelven más azulados, difusos y fríos a medida que se alejan en la distancia, imitando con exactitud la refracción de la luz en el aire.

La misteriosa e icónica sonrisa de la Mona Lisa, que parece desvanecerse cuando se la mira directamente y reaparecer al enfocar los ojos en otras partes del cuadro, es el resultado directo de este dominio de la óptica y la psicología humana. En cuanto a la identidad de la modelo, el debate historiográfico sigue abierto. Aunque la tesis más aceptada, respaldada por testimonios de la época como el de Giorgio Vasari, apunta a que se trata de Lisa Gherardini, esposa del acaudalado comerciante de seda florentino Francesco del Giocondo (de ahí el nombre La Gioconda), la ausencia de registros documentales definitivos ha dado pie a numerosas teorías alternativas. Algunos investigadores sugieren que podría tratarse de una idealización de la feminidad por parte del pintor, un retrato de diversas damas de la corte o, incluso, un autorretrato idealizado y andrógino del propio Leonardo.

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La Mona Lisa va al Louvre

A la muerte de Leonardo da Vinci, la tabla pasó a manos de su discípulo Gian Giacomo Caprotti (Salai) y, posteriormente, fue adquirida por el rey Francisco I de Francia, gran mecenas y protector del artista en sus últimos años. El monarca francés, fascinado por la obra, la instaló en sus estancias privadas en el Palacio de Fontainebleau. Con el tiempo, la acumulación de obras maestras adquiridas por Francisco I transformó sus aposentos en una de las primeras y más ricas galerías de arte de la Corona francesa. Siglos más tarde, el rey Luis XV ordenó el traslado de la tabla al suntuoso Palacio de Versalles. Tras el estallido de la Revolución Francesa, y durante un breve período de inestabilidad política, la pintura llegó a decorar el dormitorio personal del emperador Napoleón Bonaparte en el Palacio de las Tullerías.

Sin embargo, el destino definitivo de la Mona Lisa se selló en 1793, año en que se fundó el Museo del Louvre en París. Al abrir sus puertas y nacionalizar la vasta colección artística de la monarquía, el nuevo gobierno republicano puso la Mona Lisa a disposición del público general, convirtiéndola en patrimonio del pueblo francés. Durante el convulso escenario de la Segunda Guerra Mundial, ante la inminente amenaza de los bombardeos aéreos sobre París y el expolio sistemático de obras de arte planeado por el régimen nazi, el personal del museo organizó una masiva y secreta evacuación. En 1939, la Mona Lisa fue retirada de su pared, embalada en una caja de madera sellada y evacuada del Louvre en una ambulancia especialmente acondicionada. Durante el conflicto bélico, el cuadro peregrinó por diversos escondites seguros en la campiña francesa, como el castillo de Chambord y la abadía de Loc-Dieu, sobreviviendo intacto a la devastación de la guerra.

La Mona Lisa es robada

A principios del siglo XX, las medidas de seguridad del Louvre distaban mucho de los estándares modernos. El robo de la Mona Lisa, ocurrido la mañana del lunes 21 de agosto de 1911 (día en que el museo permanecía cerrado al público por labores de mantenimiento), resultó ser un proceso de una sencillez asombrosa. El autor material del hurto fue Vincenzo Peruggia, un carpintero y decorador italiano que había trabajado temporalmente en el museo instalando las vitrinas de vidrio destinadas a proteger las obras de arte. Peruggia, con la ayuda de dos cómplices, se ocultó la noche anterior en un armario de suministros del museo.

A la mañana siguiente, vestidos con los blusones blancos utilizados por el personal de mantenimiento, se dirigieron al Salón Carré, donde colgaba la obra. Descolgar la tabla requirió el esfuerzo de los tres hombres, debido a que el pesado marco de madera y la caja protectora de vidrio —que el propio Peruggia había ayudado a ensamblar con anterioridad— pesaban cerca de noventa kilogramos. Una vez en una escalera de servicio adyacente, despojaron a la pintura de su pesado marco protector, la envolvieron en una sábana de trabajo y salieron del edificio por una puerta lateral sin despertar la menor sospecha. La seguridad del Louvre era tan deficiente que el robo no fue detectado hasta el día siguiente, cuando un pintor independiente que acudió a realizar una copia de la obra notó el espacio vacío en la pared.

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Antes de este acontecimiento, la Mona Lisa no era, ni de cerca, la obra de arte más visitada o célebre del Louvre; pinturas de Rafael, Tiziano o la propia escultura de la Venus de Milo gozaban de mayor atención por parte del público general. Sin embargo, el robo lo cambió todo drásticamente. La cobertura de la prensa internacional fue masiva, convirtiendo el rostro de la Mona Lisa en un fenómeno de masas global. La policía francesa acusó al personal del museo de negligencia, mientras que el museo denunciaba públicamente la incompetencia de los investigadores; figuras de la vanguardia artística como el poeta Guillaume Apollinaire y el pintor Pablo Picasso llegaron a ser arrestados e interrogados como sospechosos. En un giro de los acontecimientos sin precedentes, miles de personas comenzaron a hacer fila en el Louvre únicamente para contemplar el espacio vacío y los cuatro ganchos de hierro que habían sostenido la tabla robada.

La opinión pública asumió gradualmente que la Mona Lisa se había perdido para siempre. No obstante, dos años después del incidente, el 10 de diciembre de 1913, un anticuario florentino llamado Alfredo Geri recibió una carta firmada por un tal «Leonardo Vincenzo», quien afirmaba poseer la obra y desear devolverla a su patria de origen, Italia, bajo la premisa de que había sido expoliada por Napoleón (un error histórico común, pues el cuadro fue adquirido legalmente por Francisco I). Peruggia exigía a cambio una recompensa de 500.000 liras. Geri, tras alertar al director de la Galería Uffizi, citó al sospechoso en un hotel de Florencia. Tras extraer la Mona Lisa del fondo falso de un baúl de madera cubierto de ropa y cachivaches, los expertos confirmaron la autenticidad de la tabla y la policía procedió al arresto inmediato de Peruggia.

Convertida ya en el cuadro más famoso y codiciado del planeta, la Mona Lisa realizó una breve gira de despedida por los principales museos italianos antes de emprender su regreso a Francia. El 31 de diciembre de 1913, bajo una estricta escolta diplomática y policial, la pintura cruzó la frontera franco-italiana a bordo de un compartimento de tren reservado exclusivamente para ella. El 4 de enero de 1914, la obra fue restituida con solemnidad en las paredes del Museo del Louvre, consolidando para siempre su estatus de icono de la cultura universal.

Protegiendo la Mona Lisa

A lo largo del siglo XX, la Mona Lisa se convirtió en una embajadora cultural de primer orden, realizando contados y multitudinarios viajes internacionales. En 1963, gracias a las gestiones de la primera dama estadounidense Jacqueline Kennedy, la pintura cruzó el océano Atlántico para una exhibición temporal de siete semanas en los Estados Unidos. Más de dos millones de personas hicieron fila bajo condiciones climáticas adversas en la Galería Nacional de Arte en Washington D. C. y en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York solo para contemplarla durante unos breves segundos. Una década más tarde, en 1974, la obra viajó a Japón y a la Unión Soviética. Sin embargo, la administración del Museo del Louvre ha decretado que tales traslados internacionales no volverán a repetirse bajo ninguna circunstancia debido a la extrema fragilidad de la pieza.

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La Mona Lisa no fue pintada sobre un lienzo de tela, sino sobre una delgada tabla de madera de álamo que, por su naturaleza orgánica, es sumamente sensible a los cambios de temperatura y humedad, lo que provoca que la madera se curve, se contraiga o se expanda con el tiempo. Para mitigar este progresivo proceso de degradación física, el museo inauguró en 2005 una sala de exposición exclusiva con un sistema de climatización y control de humedad de última generación que mantiene la madera en condiciones atmosféricas idénticas y constantes durante todo el año.

Adicionalmente, para protegerla de posibles atentados vandálicos —como los ataques con ácido, piedras o pintura que sufrió en el pasado— o de intentos de robo, la obra se exhibe detrás de una vitrina de vidrio blindado e impenetrable a prueba de balas. El sistema se complementa con un sofisticado dispositivo de iluminación LED de espectro controlado, diseñado específicamente para resaltar los sutiles matices cromáticos de la pintura al tiempo que elimina por completo las radiaciones ultravioleta e infrarroja, principales causantes del deterioro físico de los pigmentos renacentistas.

Los resultados del aprendizaje

Al concluir el análisis histórico y técnico de esta lección, se habrán alcanzado de manera sólida los siguientes objetivos de aprendizaje:

  • Identificar la figura histórica de Leonardo da Vinci como el polímata más representativo del Renacimiento y comprender la importancia técnica de la Mona Lisa como la culminación de sus estudios de óptica, anatomía y perspectiva atmosférica.
  • Explicar las vicisitudes y trayectos de la pintura tras el deceso de Da Vinci, detallando su paso por las colecciones privadas de la monarquía francesa hasta su conversión en patrimonio nacional dentro del Museo del Louvre, así como su evacuación secreta durante los conflictos de la Segunda Guerra Mundial.
  • Relatar cronológicamente los acontecimientos en torno al histórico robo de 1911, analizando cómo este suceso de tintes detectivescos transformó una reputada pintura en un fenómeno de masas global y cómo se produjo su posterior recuperación en Florencia.
  • Analizar los modernos sistemas de conservación y seguridad que protegen actualmente a la Mona Lisa en el Louvre, identificando el papel que desempeñan la tecnología LED, las vitrinas de vidrio blindado y las cámaras de microclima controlado frente al desgaste natural de la madera de álamo.

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