Anfotericina B: Qué es, usos, mecanismos de acción y efectos

Rodrigo Ricardo Publicado el 10 septiembre, 2025 8 minutos y 38 segundos de lectura

Las infecciones fúngicas representan un reto significativo para la medicina moderna. En pacientes inmunocomprometidos —como aquellos con trasplantes, cáncer en tratamiento, infección por VIH o enfermedades crónicas— los hongos oportunistas pueden desencadenar infecciones graves y potencialmente mortales. Dentro del arsenal terapéutico contra estos microorganismos, la anfotericina B ocupa un lugar histórico y crucial. Descubierta en los años 1950, se convirtió en un pilar del tratamiento antifúngico sistémico.

A pesar de sus más de seis décadas de uso clínico, la anfotericina B sigue siendo indispensable debido a su amplio espectro de acción y a su eficacia frente a hongos que muestran resistencia a otros antifúngicos más modernos. Sin embargo, su uso está limitado por efectos adversos significativos, especialmente su nefrotoxicidad.

En este texto se analizará de manera integral qué es la anfotericina B, cuáles son sus principales usos, el mecanismo de acción que le confiere sus propiedades antimicóticas, y los efectos —tanto beneficiosos como adversos— que acompañan a su administración. El propósito es ofrecer un panorama completo y educativo de este medicamento esencial.


¿Qué es la Anfotericina B?

La anfotericina B es un antibiótico poliénico macrocíclico, aislado por primera vez en 1955 a partir de la bacteria Streptomyces nodosus, un actinomiceto del suelo. Pertenece a la familia de los polienos, compuestos caracterizados por tener múltiples enlaces dobles conjugados en su estructura.

Su nombre proviene de la presencia de grupos químicos tanto hidrofílicos como hidrofóbicos en su molécula, lo que le confiere un carácter anfipático. Esto es clave para su mecanismo de acción, pues le permite interactuar con componentes lipídicos de las membranas celulares fúngicas.

En términos farmacológicos, la anfotericina B se clasifica como un antimicótico sistémico de amplio espectro. Está incluida en la Lista de Medicamentos Esenciales de la OMS, lo que refleja su importancia para la salud pública mundial.


Usos de la Anfotericina B

1. Tratamiento de infecciones micóticas sistémicas graves

La principal indicación de la anfotericina B es el tratamiento de micosis invasivas y potencialmente mortales. Entre ellas se incluyen:

  • Candidiasis sistémica: infecciones diseminadas por Candida albicans y especies relacionadas, que afectan la sangre (candidemia), el endocardio, los riñones o el sistema nervioso central.
  • Aspergilosis invasiva: causada por Aspergillus fumigatus y otras especies, especialmente en pacientes inmunodeprimidos.
  • Criptococosis: infección producida por Cryptococcus neoformans, asociada con meningitis en pacientes con SIDA.
  • Histoplasmosis diseminada: provocada por Histoplasma capsulatum, endémica en ciertas regiones.
  • Blastomicosis y coccidioidomicosis diseminada: micosis profundas de gran relevancia en América.
  • Mucormicosis (zigomicosis): infección agresiva causada por hongos del orden Mucorales, que requiere intervención quirúrgica y tratamiento con anfotericina B como fármaco de elección.

2. Uso como terapia de inducción

En muchas micosis graves, la anfotericina B se administra como tratamiento inicial de inducción debido a su potencia, para luego continuar con antifúngicos orales menos tóxicos como el fluconazol o el itraconazol. Esto es común en la criptococosis meníngea, donde la combinación de anfotericina B con flucitosina es altamente efectiva.

3. Leishmaniasis visceral

Más allá de las infecciones por hongos, la anfotericina B también se utiliza en el tratamiento de la leishmaniasis visceral (kala-azar), una enfermedad parasitaria causada por protozoos del género Leishmania. En este caso, se emplea principalmente en su formulación liposomal, la cual ofrece mayor seguridad y eficacia.

4. Profilaxis en pacientes de alto riesgo

En pacientes sometidos a trasplante de médula ósea o con neutropenia profunda, la anfotericina B puede emplearse de manera preventiva para reducir el riesgo de infecciones fúngicas invasivas. Sin embargo, su uso profiláctico es limitado debido a la toxicidad y a la disponibilidad de antifúngicos menos agresivos.


Formulaciones de la Anfotericina B

Originalmente, la anfotericina B se administraba como anfotericina B desoxicolato, la formulación convencional. Sin embargo, los efectos adversos llevaron al desarrollo de nuevas preparaciones:

  1. Anfotericina B desoxicolato (convencional)
    • Primera en comercializarse.
    • Alta toxicidad renal.
    • Aún se utiliza en lugares donde los recursos son limitados.
  2. Formulaciones lipídicas
    • Liposomal (AmBisome®)
    • Complejo lipídico de anfotericina B (ABLC, Abelcet®)
    • Dispersión coloidal (ABCD, Amphotec®)
      Estas presentaciones encapsulan la anfotericina B en sistemas lipídicos que reducen su interacción con las membranas celulares humanas, disminuyendo la nefrotoxicidad y mejorando la tolerancia.

Mecanismo de acción de la Anfotericina B

La eficacia de la anfotericina B proviene de su interacción con el ergosterol, un componente esencial de las membranas celulares de los hongos. El mecanismo puede resumirse en los siguientes pasos:

  1. Unión al ergosterol
    La anfotericina B se une con alta afinidad al ergosterol, un esterol exclusivo de las membranas fúngicas. Esta selectividad explica por qué la droga es activa contra hongos y no contra bacterias (que carecen de ergosterol).
  2. Formación de poros transmembrana
    Tras unirse, la molécula se organiza en complejos que generan canales o poros en la membrana celular del hongo.
  3. Alteración de la permeabilidad
    Estos poros permiten la salida incontrolada de iones (especialmente potasio y magnesio) y otras moléculas vitales, lo que conduce a un colapso de los gradientes electroquímicos.
  4. Muerte celular fúngica
    La pérdida de integridad de la membrana culmina en daño celular irreversible y muerte del hongo.

Efectos adicionales

Además de la formación de poros, se ha observado que la anfotericina B puede:

  • Inducir la oxidación de lípidos, aumentando el daño celular.
  • Estimular respuestas inmunes al liberar antígenos fúngicos.

Selectividad y toxicidad

La razón por la cual la anfotericina B es tóxica para los seres humanos se debe a que también puede unirse, aunque con menor afinidad, al colesterol, el esterol presente en las membranas de células humanas. Esta interacción explica muchos de sus efectos adversos, en particular el daño renal.


Efectos de la Anfotericina B

El estudio de los efectos de la anfotericina B debe dividirse en efectos terapéuticos y efectos adversos.

1. Efectos terapéuticos

  • Amplio espectro antifúngico: eficaz contra la mayoría de hongos patógenos clínicamente relevantes.
  • Acción rápida y potente: permite controlar infecciones graves en pacientes en estado crítico.
  • Resistencia poco común: los hongos raramente desarrollan resistencia clínica a la anfotericina B, lo que la convierte en un recurso valioso incluso frente a cepas resistentes a azoles o equinocandinas.

2. Efectos adversos

A pesar de sus virtudes, la anfotericina B es famosa por su toxicidad. Los efectos adversos más importantes incluyen:

a) Reacciones inmediatas a la infusión

  • Fiebre, escalofríos intensos (conocidos como shake and bake), náuseas, vómitos, cefalea y mialgias.
  • Estos síntomas suelen aparecer poco después de iniciar la infusión y se deben a la liberación de citocinas inflamatorias.
  • Pueden mitigarse administrando premedicación con antipiréticos, antihistamínicos o corticoides.

b) Nefrotoxicidad

  • Es el efecto adverso más grave y limitante.
  • Se manifiesta como:
    • Vasoconstricción renal con reducción del flujo sanguíneo.
    • Daño tubular directo, con pérdida de potasio, magnesio y bicarbonato.
    • Aumento de creatinina sérica e insuficiencia renal aguda en casos graves.
  • La nefrotoxicidad es cumulativa y más frecuente con la formulación desoxicolato.
  • Las formulaciones lipídicas reducen significativamente este riesgo.

c) Alteraciones electrolíticas

  • Hipopotasemia e hipomagnesemia por pérdida tubular.
  • Estas alteraciones requieren monitorización y corrección frecuente.

d) Toxicidad hematológica

  • Anemia normocítica y normocrómica, causada por supresión de la eritropoyetina.

e) Hepatotoxicidad

  • Aumento de transaminasas, aunque suele ser leve y reversible.

f) Otros efectos

  • Flebitis en el sitio de infusión.
  • Convulsiones y alteraciones neurológicas cuando se administra intratecal (en casos excepcionales de meningitis resistente).

Comparación entre formulaciones: toxicidad y eficacia

  • Convencional (desoxicolato): altamente efectiva pero con elevada nefrotoxicidad.
  • Liposomal: mejor tolerancia, menor nefrotoxicidad, mejor penetración en el sistema nervioso central. Es la más segura, aunque también la más costosa.
  • Complejo lipídico (ABLC): alternativa intermedia entre costo y seguridad.

La elección depende de la disponibilidad, el costo y la condición clínica del paciente.


Resistencia a la Anfotericina B

Aunque es infrecuente, algunos hongos pueden desarrollar resistencia. Los mecanismos incluyen:

  • Disminución del contenido de ergosterol en la membrana.
  • Modificación estructural del ergosterol, que reduce la afinidad de unión.
  • Aumento de mecanismos antioxidantes para contrarrestar el daño oxidativo inducido por la droga.

Entre los hongos con resistencia documentada se encuentran algunas especies de Candida, como Candida lusitaniae.


Relevancia clínica y actual

La anfotericina B, a pesar de su antigüedad, sigue siendo crucial en la medicina actual. Su espectro, su acción rápida y la baja frecuencia de resistencia justifican su uso en situaciones críticas. Sin embargo, el alto costo de las formulaciones lipídicas limita su accesibilidad en países en desarrollo, donde a menudo se continúa utilizando la forma desoxicolato, con mayor toxicidad.

En el contexto del VIH, la anfotericina B ha sido fundamental en el tratamiento de la criptococosis meníngea, una de las infecciones oportunistas más letales. Del mismo modo, su rol en la leishmaniasis visceral la convierte en una herramienta indispensable para regiones endémicas.


Conclusiones

La anfotericina B es un fármaco antifúngico esencial, potente y de amplio espectro, que se mantiene como referencia en el tratamiento de infecciones micóticas sistémicas graves y de la leishmaniasis visceral. Su mecanismo de acción, basado en la unión al ergosterol y la formación de poros en la membrana fúngica, explica tanto su eficacia como su toxicidad.

Aunque las formulaciones lipídicas han mejorado el perfil de seguridad, la nefrotoxicidad sigue siendo un desafío clínico importante, lo que obliga a un monitoreo cercano durante su administración. La resistencia, aunque rara, subraya la necesidad de un uso racional y cuidadoso del medicamento.

En definitiva, la anfotericina B representa un claro ejemplo de cómo un fármaco descubierto hace más de medio siglo puede seguir siendo indispensable en la práctica médica moderna. Su historia, eficacia y riesgos la convierten en una herramienta que debe conocerse profundamente para emplearla de forma segura y efectiva.

Rodrigo Ricardo
Rodrigo Ricardo Editor y fundador