Antonio Nariño y el Periodismo Revolucionario: La Prensa como Arma de Independencia

Rodrigo Ricardo Publicado el 17 agosto, 2025 6 minutos y 37 segundos de lectura

Los Orígenes del Periodismo Político en la Nueva Granada

Antonio Nariño no solo fue un militar y político destacado, sino también uno de los pioneros del periodismo comprometido en Colombia. En los albores del siglo XIX, cuando la imprenta era un instrumento de poder controlado estrictamente por las autoridades coloniales, Nariño comprendió el potencial revolucionario de la palabra impresa. Su experiencia previa con la traducción de los Derechos del Hombre lo había convencido de que las ideas necesitaban medios de difusión masivos para transformar la conciencia colectiva. Así, durante el turbulento período entre 1810 y 1816, Nariño se convirtió en el impulsor de publicaciones que desafíaban el orden establecido, utilizando el periodismo como herramienta pedagógica para explicar los conceptos de libertad, soberanía y derechos ciudadanos a la población.

La Gazeta de Santafé, La Bagatela y otros impresos asociados a Nariño marcaron un hito en la historia de la comunicación en Colombia. Estos medios, aunque técnicamente rudimentarios según estándares actuales, establecieron las bases del periodismo de opinión y análisis político en el país. A diferencia de las publicaciones oficiales que simplemente reproducían decretos virreinales, los escritos de Nariño invitaban a la reflexión crítica, presentaban argumentos detallados sobre formas de gobierno y, sobre todo, ayudaban a crear una esfera pública donde se debatían asuntos que antes eran exclusivos de las élites. Este periodismo insurgente jugó un papel fundamental en la formación de opinión pública favorable a la independencia, demostrando que las batallas ideológicas eran tan importantes como las militares en el proceso emancipador.

La Bagatela: Un Experimento Periodístico Revolucionario

Entre todas las publicaciones asociadas a Nariño, La Bagatela (1811-1812) destaca como el proyecto más innovador y personal. Este periódico semanal, redactado casi en su totalidad por el propio Nariño bajo diversos seudónimos, combinaba agudos análisis políticos con sátira mordaz, fábulas morales y comentarios sobre la actualidad. Su formato accesible y estilo directo buscaban llegar no solo a la élite ilustrada, sino también a comerciantes, artesanos y otros sectores urbanos que empezaban a participar en la vida política. La Bagatela se convirtió así en un puente entre las altas discusiones teóricas y las preocupaciones cotidianas de la gente común, explicando conceptos complejos como federalismo, centralismo o representación popular con ejemplos concretos y lenguaje sencillo.

El contenido de La Bagatela reflejaba la evolución del pensamiento político de Nariño durante este período crucial. Inicialmente partidario de un federalismo moderado, sus editoriales fueron virando hacia la defensa de un centralismo fuerte como única forma de garantizar la supervivencia del proyecto independentista frente a la amenaza realista. Esta postura generó fuertes polémicas con otros periódicos de tendencia federalista, creando uno de los primeros debates de prensa en la historia colombiana. Más allá de las posiciones específicas, lo revolucionario de La Bagatela fue su concepción misma: demostró que el periodismo podía ser un espacio para la formación ciudadana, donde se explicaban no solo los «qué» sino los «por qué» de las decisiones políticas, contribuyendo así a la creación de una cultura política republicana.

El Periodismo como Campo de Batalla Ideológico

Los periódicos de Nariño no operaban en el vacío, sino que formaban parte de una intensa lucha ideológica que se libraba a través de la prensa. En los años de la Patria Boba, las distintas facciones políticas comprendieron rápidamente el poder de los medios impresos para influir en la opinión pública, dando origen a una verdadera guerra de periódicos donde se confrontaban proyectos de nación antagónicos. Nariño demostró una habilidad excepcional para este nuevo tipo de combate político, utilizando su pluma para desmontar argumentos opositores, exponer contradicciones y presentar alternativas concretas. Sus escritos periodísticos de esta época muestran una profunda comprensión de la psicología de masas y de cómo construir hegemonía cultural a través de la persuasión racional.

Esta batalla mediática tuvo dimensiones prácticas cruciales. Cuando Nariño asumió el mando militar de Cundinamarca, su experiencia periodística le permitió comunicar estrategias, justificar decisiones difíciles y mantener la moral de sus partidarios incluso en momentos de crisis. Sus proclamas y manifiestos, extensiones naturales de su labor periodística, eran estudiadamente elaborados para lograr efectos específicos en diferentes audiencias. Esta integración entre acción militar y comunicación política anticipó técnicas que luego serían fundamentales en las guerras de independencia hispanoamericanas, donde la legitimidad ante la población civil era tan importante como las victorias en el campo de batalla.

Censura, Persecución y la Resistencia de la Palabra Impresa

El periodismo revolucionario de Nariño pagó un alto precio por su audacia. Las autoridades realistas, al recuperar el control de Santafé en 1816, identificaron inmediatamente a la prensa patriota como un objetivo prioritario. Las imprentas que habían producido los periódicos independentistas fueron clausuradas, sus ejemplares fueron quemados públicamente y muchos escritores sufrieron persecución. El mismo Nariño, capturado por las fuerzas de Pablo Morillo, fue enviado nuevamente a prisión, donde permaneció hasta 1820. Este intento de borrar físicamente los impresos revolucionarios demostraba precisamente cuán efectivos habían sido como herramientas de transformación social.

Sin embargo, la semilla plantada por este periodismo insurgente era imposible de erradicar completamente. Aunque muchos ejemplares fueron destruidos, las ideas que contenían ya circulaban de forma oral entre la población. Cuando resurgió la causa independentista tras la batalla de Boyacá, los nuevos medios republicanos retomaron conscientemente el legado de Nariño, tanto en estilo como en contenido. Este episodio histórico nos enseña una lección fundamental sobre la comunicación política: cuando las ideas calan en el imaginario colectivo, ni la censura más férrea puede eliminarlas por completo. La persistencia de conceptos como soberanía popular, derechos ciudadanos y representación política después de la Reconquista española debe mucho a este periodismo valiente que supo plantar banderas ideológicas en la mente de los neogranadinos.

Legado y Vigencia del Modelo Periodístico de Nariño

El periodismo practicado por Antonio Nariño estableció estándares éticos y profesionales que siguen siendo relevantes hoy. Su insistencia en que la prensa debía educar antes que simplemente informar, su convicción de que las ideas políticas debían explicarse con claridad al pueblo llano, y su visión del medio periodístico como instrumento para la construcción de ciudadanía, son principios que mantienen su validez en el siglo XXI. En un contexto donde la desinformación y el sensacionalismo amenazan constantemente el debate público, el ejemplo de Nariño nos recuerda que el periodismo de calidad puede ser un poderoso antídoto contra la manipulación y el autoritarismo.

Más allá de lo técnico, el mayor legado del periodismo nariñista es su fe inquebrantable en la capacidad racional del pueblo para discernir y decidir. Frente a quienes veían a las masas como meras espectadoras de los procesos políticos, Nariño apostó por un periodismo que las convertía en protagonistas conscientes de su destino colectivo. Esta apuesta por la inteligencia ciudadana, por la discusión informada y por la participación crítica, representa quizás su contribución más perdurable a la cultura democrática colombiana. Estudiar esta faceta de Nariño nos permite comprender que la independencia no fue solo un evento militar o político, sino también una revolución comunicativa que transformó para siempre la relación entre gobernantes y gobernados en nuestro territorio.

Rodrigo Ricardo
Rodrigo Ricardo Editor y fundador