Cambios políticos durante el Periodo Taishō en Japón

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¿Qué fue el Periodo Taishō en Japón?

El Período Taishō, que abarca los años de reinado del emperador Taishō Yoshihito entre 1912 y 1926, fue una etapa de transformación política profunda en Japón. Durante estos catorce años, el país pasó de ser un régimen oligárquico dominado por un pequeño grupo de ancianos estadistas a una monarquía constitucional donde los partidos políticos ganaban elecciones, formaban gabinetes y competían por el poder en un parlamento cada vez más relevante.

Emperador Taishō Yoshihito
Emperador Taishō Yoshihito

Estos cambios no ocurrieron de golpe ni fueron una concesión generosa de las élites. Fueron el resultado de décadas de presión social, de la aparición de una clase media urbana educada, del impacto de la Primera Guerra Mundial y del agotamiento biológico de los viejos líderes de la Restauración Meiji. El Período Taishō fue, políticamente hablando, un laboratorio donde Japón ensayó formas de gobierno más representativas, amplió derechos, debatió sobre la soberanía popular y experimentó tensiones que, andando el tiempo, conducirían tanto a su momento más democrático como a su posterior colapso autoritario.

El laboratorio político de una nación en ebullición

Pensemos en un edificio antiguo, construido con materiales sólidos pero diseñado para otra época. Ese edificio es el Japón de la era Meiji: un país modernizado a marchas forzadas en lo industrial y lo militar, pero gobernado por una estructura política arcaica, donde un puñado de hombres que habían hecho la revolución de 1868 seguían tomando todas las decisiones importantes treinta o cuarenta años después. El Período Taishō fue el momento en que los cimientos de ese edificio empezaron a crujir.

Los cambios políticos de esta época no se miden solo en leyes aprobadas o en elecciones ganadas. Se miden en algo más profundo: en la transformación de la idea misma de legitimidad. Durante siglos, gobernar Japón había sido un asunto de linaje, de conquista militar o de designación divina. En el Período Taishō, por primera vez, millones de japoneses empezaron a creer que la legitimidad del poder debía surgir de las urnas, del debate público y de la representación parlamentaria. Esa idea, una vez plantada, ya no desaparecería del todo, ni siquiera durante los años oscuros del militarismo que vendrían después.

El declive de los genrō y el fin de la política de ancianos

Para entender los cambios políticos del Período Taishō, hay que empezar por lo que dejó de existir. Durante la era Meiji, el poder real no residía en el parlamento ni en los ministerios, sino en un grupo informal de estadistas conocidos como los genrō. Eran los supervivientes de la generación que había derrocado al shogunato Tokugawa y restaurado la autoridad imperial en 1868. Figuras como Itō Hirobumi, el redactor de la Constitución; Yamagata Aritomo, el padre del ejército moderno; o Matsukata Masayoshi, el arquitecto de las finanzas nacionales, decidían quién sería primer ministro, qué tratados internacionales se firmaban y qué rumbo tomaba la política exterior.

Los genrō no eran elegidos por nadie ni rendían cuentas ante ninguna institución. Su poder emanaba de su prestigio personal, de su cercanía al trono y de su control sobre los hilos del aparato estatal. Mientras ellos estuvieron vivos y activos, el parlamento fue poco más que un decorado. Los partidos podían ganar elecciones, pero eso no les daba derecho a gobernar. El primer ministro era designado por los genrō, a menudo sin consultar siquiera a la cámara baja.

El Período Taishō fue testigo de la desaparición progresiva de estos hombres. Itō Hirobumi había sido asesinado en 1909. Matsukata se retiró de la política activa. El gran Yamagata Aritomo, el más longevo e influyente de todos, murió en 1922, dejando un vacío de poder que nadie pudo llenar. Los genrō que quedaban, como Saionji Kinmochi, eran más conciliadores y menos autoritarios. El sistema de designación oligárquica se desmoronó por agotamiento generacional. Sin los genrō, el parlamento dejó de ser un mero trámite y se convirtió en el terreno donde realmente se disputaba el poder.

El auge de los partidos y los gabinetes parlamentarios

Cómo los partidos aprendieron a ganar y a gobernar

Con los genrō fuera de juego, los partidos políticos ocuparon el centro de la escena. No era la primera vez que existían partidos en Japón, pero sí la primera en que su control del parlamento se traducía en control del gobierno. El Rikken Seiyūkai, el Partido Constitucional de los Amigos del Gobierno, era la fuerza dominante. Fundado por Itō Hirobumi en 1900, representaba los intereses de la burocracia, los terratenientes rurales y los grandes negocios. Su principal rival era el Kenseikai, el Partido Constitucional, de orientación más liberal y urbana, que luego se transformaría en el Minseitō.

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La competencia entre estos dos grandes partidos estructuró la vida política del Período Taishō. Alternaban en el poder, formaban gabinetes, negociaban alianzas y se enfrentaban en elecciones cada vez más reñidas. No eran partidos de masas en el sentido moderno: no tenían afiliados de a pie ni programas ideológicos muy definidos. Eran, más bien, coaliciones de notables locales, empresarios y burócratas unidos por lealtades personales y por el acceso a los recursos del Estado. Pero, con todas sus limitaciones, representaban un avance cualitativo respecto al sistema anterior. Por primera vez, el primer ministro no era designado en una reunión secreta de genrō, sino que surgía del partido que había obtenido más escaños en la cámara baja.

Hara Takashi y la normalización del gobierno de partido

El momento que simboliza este cambio es la llegada al poder de Hara Takashi en 1918. Hara era un político de carrera, no un noble cortesano ni un militar. Procedía de una familia samurái de segundo rango, había ascendido en la burocracia y en el partido Seiyūkai a base de astucia, disciplina y un talento natural para la negociación. Su nombramiento como primer ministro rompió dos tradiciones: fue el primer plebeyo en ocupar el cargo y el primero en formar un gabinete compuesto mayoritariamente por miembros de su partido en lugar de por tecnócratas independientes.

Hara no era un demócrata convencido en el sentido occidental. Gobernó de forma pragmática, repartiendo inversiones en infraestructuras entre los distritos que apoyaban a su partido y manteniendo relaciones de conveniencia con el ejército y la burocracia. Pero su mera presencia en el cargo normalizó la idea de que el líder del partido mayoritario debía ser el primer ministro. Esa norma no escrita, que hoy nos parece obvia en cualquier democracia parlamentaria, era revolucionaria en el Japón de 1918. Cuando Hara fue asesinado por un fanático de derechas en 1921, el principio que había instaurado le sobrevivió. Los siguientes gabinetes, aunque no siempre, tendieron a formarse desde el parlamento y no desde la antesala del palacio imperial.

La gran batalla por el voto

Pocos cambios políticos son tan profundos como la ampliación del derecho al sufragio. Durante la mayor parte de la era Meiji, votar en Japón era un privilegio reservado a una minoría minúscula. La ley electoral de 1890 exigía ser varón, mayor de veinticinco años y pagar al menos quince yenes anuales en impuestos directos. Esa barrera fiscal excluía a más del noventa y cinco por ciento de los varones adultos. El parlamento representaba a los grandes terratenientes, a los empresarios más ricos y a nadie más.

El Período Taishō fue escenario de una movilización popular sin precedentes a favor del sufragio universal masculino. Intelectuales como Yoshino Sakuzō, padre del movimiento Minponshugi (gobierno para el pueblo), argumentaban que la democracia no era incompatible con la esencia nacional japonesa, sino que la realizaba de forma más plena. Sindicatos obreros, asociaciones de estudiantes y grupos feministas organizaban manifestaciones que recorrían las calles de Tokio, Osaka y Kioto. Los periódicos de gran tirada se sumaron a la campaña, convirtiendo el sufragio en un tema de debate cotidiano.

La presión surtió efecto de forma gradual. En 1919, el gabinete de Hara Takashi rebajó la barrera fiscal a tres yenes, lo que duplicó el electorado de un plumazo. En 1925, el gabinete de Katō Takaaki dio el paso definitivo y aprobó la ley de sufragio universal masculino, que eliminaba por completo la exigencia de renta. De la noche a la mañana, el cuerpo electoral pasó de tres millones a doce millones y medio de ciudadanos. Fue una revolución silenciosa pero irreversible. A partir de ese momento, ningún gobierno pudo ignorar por completo a las masas, aunque ese temor a la democracia de masas llevó al gobierno a aprobar, ese mismo año, la represiva Ley de Preservación de la Paz.

La tensión entre la soberanía popular y la soberanía imperial

Uno de los cambios políticos más sutiles pero más trascendentales del Período Taishō ocurrió en el terreno de las ideas. La Constitución Meiji de 1889 establecía con claridad que la soberanía residía en el emperador, descendiente de la diosa Amaterasu y fuente de toda autoridad. El parlamento, los ministros y los jueces no ejercían poder propio, sino que lo administraban en nombre del trono. Esa doctrina, conocida como kokutai, era el fundamento ideológico del Estado japonés y no admitía discusión.

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Pero en las universidades, en las revistas y en los círculos intelectuales del Taishō empezó a debatirse una idea incómoda: ¿y si la soberanía no residía en el emperador, sino en el pueblo? El politólogo Minobe Tatsukichi desarrolló la teoría del emperador como órgano del Estado, según la cual el monarca era la institución suprema, pero no la fuente última de la autoridad. El Estado era una entidad abstracta de la que el emperador formaba parte como su órgano más elevado, pero no como su dueño absoluto. Esta teoría, que hoy puede parecer un tecnicismo jurídico, fue explosiva en su momento. Permitió justificar el parlamentarismo sin necesidad de romper con el marco constitucional: si el emperador era un órgano del Estado, el parlamento y el gabinete también lo eran, y podían ejercer legítimamente el poder en nombre del conjunto de la nación.

Minobe no fue encarcelado durante el Período Taishō; sus libros se enseñaban en la facultad de derecho de la Universidad Imperial de Tokio y sus ideas influyeron en una generación de jueces, funcionarios y políticos. Pero la polémica no desapareció. Los sectores ultranacionalistas y militaristas consideraban la teoría del órgano una herejía que socavaba los cimientos del Estado. En 1935, ya en pleno retroceso autoritario, Minobe fue expulsado de la universidad y sus libros fueron prohibidos. El debate sobre dónde residía la soberanía no era un mero entretenimiento académico: definía quién tenía derecho a gobernar y en nombre de quién.

La transformación del papel político del emperador

El propio emperador Taishō, sin pretenderlo, contribuyó a los cambios políticos de la época. Yoshihito, hijo y sucesor del dinámico emperador Meiji, padecía problemas de salud graves, probablemente meningitis contraída en la infancia, que afectaron su desarrollo cognitivo y su capacidad para ejercer las funciones públicas. Durante los últimos años de su reinado, apenas aparecía en actos oficiales, y las regencias de su hijo Hirohito, el futuro emperador Shōwa, se hicieron cada vez más frecuentes.

Esta debilidad del monarca tuvo un efecto político paradójico. El emperador Meiji había sido una figura activa, presente en las grandes ceremonias, visible para el pueblo y simbólicamente al mando de la maquinaria estatal. Su autoridad personal reforzaba el sistema oligárquico. El emperador Taishō, al desaparecer de la vida pública, dejó un vacío en la cúspide del edificio político. Ese vacío fue ocupado por el parlamento, los partidos y la opinión pública. La democracia Taishō fue posible, en parte, porque el trono no estaba en condiciones de ejercer el papel arbitral que había desempeñado en la etapa anterior.

Cuando Hirohito asumió la regencia en 1921 y luego el trono en 1926, trajo consigo un estilo distinto. Era un hombre joven, serio, formado en la tradición constitucional pero imbuido de la mística imperial. Bajo su reinado, la institución recuperó protagonismo, pero el contexto político ya no era el mismo. Los militares que tomaron el control en los años treinta invocaron constantemente la figura del emperador para legitimar sus acciones, pero lo hicieron vaciándola de contenido y convirtiéndola en un símbolo al servicio de sus propios intereses.

Tabla de los principales cambios políticos del Período Taishō

Ámbito de cambioSituación al inicio del períodoSituación al final del período
Elección del primer ministroDesignado por los genrō en reuniones privadasPropuesto por el partido mayoritario de la cámara baja
Papel del parlamentoDecorativo; no controlaba el gobiernoCentral; los gabinetes surgían de la mayoría parlamentaria
Derecho al sufragioVarones con altos ingresos (menos del 5 % de varones adultos)Sufragio universal masculino (todos los varones mayores de 25 años)
Participación políticaInexistente fuera de las élitesMovilización de masas, sindicatos, prensa política, manifestaciones
Ideología oficialSoberanía imperial incuestionableDebate abierto entre soberanía imperial y soberanía popular
Control civil sobre el ejércitoInexistente; los militares dependían directamente del tronoIntentos de control civil, con éxito limitado y resistencia castrense

Los límites del cambio: lo que no se transformó

La enumeración de los cambios políticos del Período Taishō resultaría incompleta y engañosa si no se mencionaran también las continuidades, las resistencias y los límites que el experimento democrático no logró traspasar. El más grave de todos fue la autonomía del poder militar. La Constitución Meiji establecía que el emperador comandaba directamente las fuerzas armadas, y esa prerrogativa fue interpretada de forma expansiva por el ejército y la marina. Los ministros de Guerra y de Marina debían ser oficiales en activo designados por sus respectivas ramas, no por el primer ministro. Si un gabinete parlamentario intentaba recortar el presupuesto castrense o moderar la política expansionista, los militares podían negarse a nombrar ministro y hacer caer al gobierno.

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Este poder de veto fue una espada de Damocles permanente sobre los gabinetes de partido. Hara Takashi, consciente de su debilidad, mantuvo el gasto militar y evitó conflictos con los mandos. Katō Takaaki, más reformista, logró reducir cuatro divisiones del ejército pero a costa de una enemistad con los círculos militares que sus sucesores pagarían. La democracia Taishō fue, en buena medida, una democracia tutelada, que podía repartir presupuestos y gestionar la administración pero que no podía tocar los dos pilares sagrados del régimen: la institución imperial y el ejército.

Otro límite evidente fue la exclusión de las mujeres de la vida política. Aunque el movimiento feminista japonés fue vibrante y visible durante el Período Taishō, con figuras como Hiratsuka Raichō o Ichikawa Fusae, la ley de sufragio universal de 1925 no solo no concedió el voto femenino, sino que prohibió expresamente la militancia política de las mujeres. Tendrían que esperar hasta 1945, bajo la ocupación estadounidense, para acceder a las urnas.

El legado que sobrevivió a la tormenta

Los cambios políticos del Período Taishō no sobrevivieron intactos a los años treinta. El militarismo ultranacionalista barrió los partidos, silenció a los intelectuales democráticos, reprimió a los sindicatos y convirtió el parlamento en un órgano vacío. Pero sería un error pensar que todo aquello fue en vano. Las instituciones, las prácticas y las ideas que se ensayaron durante el Taishō permanecieron latentes, como semillas bajo la nieve, esperando condiciones más favorables.

Cuando Japón perdió la guerra en 1945 y comenzó la ocupación estadounidense, los arquitectos de la nueva democracia japonesa no tuvieron que empezar de cero. Existía una memoria del parlamentarismo, una tradición de partidos, una experiencia de gobierno civil y un acervo de debates intelectuales sobre la soberanía popular. La Constitución de 1947, con su renuncia a la guerra, su sufragio universal sin distinción de sexo y su subordinación explícita del poder militar al poder civil, fue en cierto modo la culminación de lo que el Período Taishō había comenzado.

Glosario de términos complicados

  • Genrō: Grupo de ancianos estadistas que habían liderado la Restauración Meiji y que hasta su desaparición progresiva durante el Período Taishō ejercieron una influencia decisiva en la elección de los primeros ministros y en las grandes decisiones de Estado.
  • Katō Takaaki: Primer ministro japonés entre 1924 y 1925, líder del Kenseikai, artífice de la ley de sufragio universal masculino y defensor de un mayor control civil sobre el ejército.
  • Kenseikai: Partido Constitucional, principal formación de oposición al Seiyūkai durante el Período Taishō, de orientación más liberal y urbana. Posteriormente se transformó en el Minseitō.
  • Kokutai: Doctrina de la esencia nacional japonesa que sostenía que la soberanía residía de forma única e indivisible en el emperador. Fue el fundamento ideológico del Estado japonés hasta 1945.
  • Ley de Preservación de la Paz: Legislación represiva aprobada en 1925, simultáneamente a la ley de sufragio universal, que criminalizaba cualquier actividad política que propugnara la abolición de la propiedad privada o la alteración del sistema imperial.
  • Minobe Tatsukichi: Jurista y politólogo japonés que desarrolló la teoría del emperador como órgano del Estado, una doctrina que permitió justificar el parlamentarismo dentro del marco constitucional de la era Meiji.
  • Rikken Seiyūkai: Partido Constitucional de los Amigos del Gobierno, la principal fuerza política del Período Taishō, de orientación conservadora y vinculada a la burocracia, los terratenientes y los grandes negocios.
  • Sufragio universal masculino: Derecho al voto de todos los varones adultos sin restricciones de renta o propiedad. En Japón se alcanzó con la ley de 1925, aunque las mujeres quedaron completamente excluidas.

Resultados de aprendizaje

Al finalizar esta lectura, habrás construido un conocimiento sólido sobre los siguientes aspectos:

  • El declive y desaparición del sistema de genrō como condición necesaria para el auge del parlamentarismo japonés durante el Período Taishō.
  • La transformación del sistema de gobierno desde un modelo de designación oligárquica del primer ministro hacia gabinetes surgidos de la mayoría parlamentaria, simbolizada por la figura de Hara Takashi.
  • La movilización social y política que condujo a la aprobación del sufragio universal masculino en 1925 y la paradoja de que esta ampliación de derechos viniera acompañada de una ley represiva.
  • El intenso debate intelectual sobre la soberanía, protagonizado por la teoría del emperador como órgano del Estado de Minobe Tatsukichi, y su importancia para la evolución del constitucionalismo japonés.
  • Los límites estructurales del experimento democrático, especialmente la autonomía del poder militar y la exclusión política de las mujeres, que contribuyeron a su fracaso en los años treinta.

Preguntas Frecuentes (FAQs)

No hay evidencia de que el emperador Taishō Yoshihito tuviera convicciones democráticas ni de que impulsara personalmente las reformas. Su papel en los cambios políticos fue más pasivo que activo. Sus problemas de salud le impidieron ejercer un liderazgo visible y eso, paradójicamente, creó un vacío de poder en la cúspide que los partidos y el parlamento ocuparon. La democracia Taishō se hizo, en cierto modo, porque el emperador no estaba en condiciones de impedirla.

No del todo. Eran organizaciones de notables, dirigidas por líderes que controlaban el acceso a los recursos y las candidaturas. La democracia interna era limitada y las decisiones importantes las tomaban cúpulas reducidas. Eran partidos de cuadros, no de masas, y su principal objetivo era ganar elecciones para repartir cargos y presupuestos, no transformar la sociedad. Dicho esto, su mera existencia y su competencia por el poder representaron un avance frente al monopolio oligárquico anterior.

Un papel de primer orden. La prensa de masas experimentó un crecimiento explosivo durante el Período Taishō. Grandes diarios como el Asahi Shinbun o el Mainichi Shinbun alcanzaron tiradas millonarias y se convirtieron en foros de debate político. Los intelectuales que escribían en ellos difundieron las ideas democráticas, criticaron la corrupción gubernamental y presionaron a favor del sufragio universal. La prensa fue el principal vehículo de formación de una opinión pública crítica que sostenía y a la vez exigía más al sistema parlamentario.

No hay una sola causa, sino una combinación letal de factores. La autonomía del poder militar impidió que los gabinetes civiles controlaran las fuerzas armadas. La crisis económica de los años veinte y la Gran Depresión de 1929 desacreditaron a los partidos ante una población empobrecida. Los escándalos de corrupción erosionaron la legitimidad del parlamento. El auge del nacionalismo expansionista ofreció soluciones autoritarias a problemas complejos. Todos estos elementos confluyeron para que, a principios de los años treinta, el sistema de partidos colapsara y el país se precipitara hacia el militarismo.

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