Los gatos mayores con demencia podrían contener pistas sobre el Alzheimer

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A medida que los gatos envejecen, algunos dueños notan cambios en su comportamiento: maullan más durante la noche, tienen problemas para dormir o, por el contrario, duermen excesivamente, y pueden parecer confundidos o desorientados. Un estudio reciente revela que, al igual que ocurre en humanos con Alzheimer, los gatos mayores pueden acumular placas de beta-amiloide en el cerebro, lo que podría contribuir a síntomas similares a la demencia.

Los investigadores sugieren que esta acumulación de proteínas puede desencadenar diversos problemas cerebrales en los felinos, como la hiperactivación de células inmunitarias y células de apoyo cerebral que terminan atacando las sinapsis, las conexiones entre neuronas. Los hallazgos, publicados el 11 de agosto en la revista European Journal of Neuroscience, se basan en un pequeño número de animales, tanto con signos de demencia como sin ellos, pero podrían ayudar a comprender mejor el envejecimiento felino y, potencialmente, a desarrollar tratamientos para la demencia en gatos. Además, ofrecen nuevas perspectivas sobre la progresión del Alzheimer en humanos.

Aunque estudios previos ya habían detectado beta-amiloide en el cerebro de gatos, se desconocía su impacto en la función cerebral. Robert McGeachan, veterinario de la Universidad de Edimburgo, y su equipo analizaron cerebros post mortem de 18 gatos mayores y 7 jóvenes, incluyendo 8 animales con síntomas de demencia, enfocándose en las sinapsis, que en humanos se reducen en las primeras etapas del Alzheimer.

Mediante marcadores fluorescentes que detectan la beta-amiloide, los científicos observaron que los cerebros de gatos mayores, con o sin demencia, contenían más proteína que los cerebros jóvenes, y que las placas se acumulaban alrededor de las sinapsis. Además, las células inmunitarias llamadas microglía y los astrocitos —que regulan la inflamación y mantienen el entorno cerebral— estaban hiperactivas y se congregaban cerca de los cúmulos de beta-amiloide. Sin embargo, en lugar de atacar solo las placas, estas células también parecían dañar algunas sinapsis.

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Roberta Marongiu, neurocientífica de Weill Cornell Medicine que no participó en el estudio, señala que los resultados reflejan lo que ocurre en cerebros humanos con Alzheimer, donde la microglía y los astrocitos también rodean las placas y afectan las neuronas y sus conexiones. Esto sugiere que los gatos podrían ser un modelo natural para estudiar el Alzheimer, a diferencia de los ratones, que deben ser modificados genéticamente para desarrollar la enfermedad.

McGeachan y su equipo planean continuar investigando más cerebros felinos para identificar patrones entre gatos con y sin demencia, y analizar otras características del Alzheimer, como la acumulación de proteína tau. Aunque los gatos no reemplazarán a los ratones como modelos de estudio —principalmente por costos—, estos hallazgos podrían beneficiar tanto a los felinos como a los humanos. «Podemos mejorar la salud de los humanos y de los animales», concluye McGeachan.