Modelo de Bohr: Definición y ecuación

Rodrigo Ricardo Publicado el 18 septiembre, 2020 9 minutos y 40 segundos de lectura

El modelo atómico de Bohr es una representación estructural del átomo propuesta en 1913, la cual postula que los electrones se desplazan en órbitas circulares estacionarias y cuantizadas alrededor del núcleo positivo, sin emitir energía en forma de radiación. Este marco teórico fusionó por primera vez la mecánica clásica con los conceptos cuánticos emergentes, estableciendo que las transiciones electrónicas entre órbitas ocurren mediante la absorción o emisión de paquetes discretos de energía llamados fotones.

Niels Bohr: El Arquitecto de la Estructura Cuántica Atómica

Niels Bohr nació en Copenhague, Dinamarca, en 1885, en el seno de una familia acomodada y de un profundo bagaje intelectual; su padre fue un destacado profesor de fisiología en la Universidad de Copenhague, lo que propició un entorno idóneo para su desarrollo científico. Niels obtuvo una maestría y un doctorado en física en la misma institución y, posteriormente, se trasladó al Reino Unido para unirse a J.J. Thomson en la Universidad de Cambridge en 1912. Poco después, se trasladó a Mánchester para colaborar con Ernest Rutherford, un encuentro que redefiniría el rumbo de la ciencia contemporánea.

Niels Bohr
Niels Bohr

Durante los siguientes diez años, Bohr concentró sus esfuerzos en resolver las inconsistencias teóricas de la estructura atómica, una labor monumental que le valió el Premio Nobel de Física en 1922. Visionario no solo en el plano teórico sino también en el institucional, abrió su propio Instituto de Física Teórica en Copenhague en 1920 (hoy Instituto Niels Bohr), un epicentro académico en el que se formaron y colaboraron muchos de los físicos más destacados del siglo veinte, consolidando la famosa «Escuela de Copenhague».

Refinando una estructura modelada

El modelo descrito por Bohr no se alejó por completo del paradigma predominante en su época, en el cual se concebía que los electrones giraban alrededor del núcleo atómico de manera similar a los anillos que orbitan alrededor de Saturno o a los planetas en torno al Sol. Este modelo planetario o de Saturno, descrito por el mentor de Bohr, Ernest Rutherford, consistía en aplicar los principios de la radiación electromagnética y la repulsión electrostática para describir la distribución y disposición de los electrones alrededor de un núcleo positivo central densamente concentrado. A pesar de sus limitaciones, este diseño es el armazón visual que todavía se reconoce popularmente hoy en día en logotipos y textos escolares para representar la estructura atómica.

Sin embargo, lo que se sabía sobre la radiación electromagnética y la termodinámica en ese momento presentaba una contradicción insalvable: bajo las leyes del electromagnetismo clásico, toda carga eléctrica en aceleración (como un electrón en órbita circular) debe emitir continuamente energía en forma de radiación. Esta pérdida perenne de energía implicaría que cada elemento químico era inherentemente inestable, provocando que los electrones describieran órbitas en espiral descendente hasta colapsar contra el núcleo. En la práctica, esto significaba que la materia conocida se descompondría y destruiría con el tiempo en una fracción de segundo.

Para abordar esta debilidad crítica del modelo de Rutherford, Bohr utilizó su trabajo experimental con el gas hidrógeno y su espectro de emisión de luz. Al hacer pasar una descarga eléctrica por hidrógeno, este emite una luz que, al ser fraccionada por un prisma, no genera un arcoíris continuo, sino un conjunto de líneas con longitudes de onda específicas y discretas.

Bohr conectó este fenómeno con la experimentación previa de Max Planck sobre la emisión de luz al calentar cuerpos sólidos negros. El trabajo de Planck dio como resultado la descripción de la energía como una magnitud que no se transfiere de forma continua, sino que se gana o se pierde en intervalos discretos de números enteros llamados cuantos. Esta cantidad mínima de energía se expresa mediante el formalismo matemático:

{eq}E = h\nu{/eq}

Donde h es la constante de Planck ({eq}6.626 \times 10^{-34}\text{ J}\cdot\text{s}{/eq}) y {eq}\nu{/eq} es la frecuencia de la radiación electromagnética. El concepto de un cambio de energía cuántico se fundamenta en la premisa de que los sistemas atómicos solo realizan transiciones mediante escalones energéticos bien delimitados.

{eq}\Delta E = n h \nu{/eq}

Donde {eq}\Delta E{/eq} representa el cambio neto de energía de un sistema y n es un número entero positivo (1, 2, 3…). De este modo, el cuanto se mide en unidades discretas, asociando las propiedades de la radiación electromagnética o fotones de luz con el comportamiento cinético de las partículas subatómicas.

Desafiando la física clásica

Antes de que la ecuación fundamental de Bohr pudiera completarse, el científico danés tuvo que postular algunas suposiciones sumamente desafiantes y revolucionarias para la comunidad científica, rompiendo de manera deliberada con la física clásica. La suposición principal y más audaz se refería al movimiento intrínseco de los electrones. Bohr determinó que el momento angular del electrón en órbita estaba cuantizado, lo que significa que el electrón solo puede girar en órbitas de radios específicos permitidos.

Mientras el electrón permanece en una de estas órbitas estacionarias, su energía se mantiene constante y no emite radiación. El movimiento angular es igual al producto de la masa, la velocidad y el radio orbital ({eq}mvr{/eq}), y debe ser un múltiplo entero de {eq}\frac{h}{2\pi}{/eq}.

Para el átomo de hidrógeno, Bohr demostró que el cambio energético que experimenta un electrón al saltar de un nivel a otro viene determinado por una constante específica de energía. Cada nivel requiere o libera una cantidad determinada de julios por átomo. La energía de un electrón en un nivel determinado se rige por la siguiente función:

{eq}E = -R_H \left( \frac{Z^2}{n^2} \right){/eq}

En esta formulación, {eq}R_H{/eq} representa la constante de Rydberg para el hidrógeno, cuyo valor energético equivale a {eq}2.178 \times 10^{-18}\text{ J/átomo}{/eq}. La variable Z corresponde a la carga nuclear (el número de protones en el núcleo), mientras que n es un número entero que define el nivel cuántico o radio orbital.

El nivel n = 1 representa el estado fundamental, que es el nivel de menor energía y el órbito más fuertemente unido alrededor del núcleo. A medida que n aumenta hacia valores mayores, la energía del electrón se vuelve un valor negativo más pequeño (más cercano a cero), lo que indica que el electrón se encuentra en un estado excitado, más alejado de la atracción del núcleo central.

Limitaciones y el desarrollo del modelo de Sommerfeld

A pesar del éxito rotundo del modelo de Bohr para explicar con precisión matemática el espectro del hidrógeno, la teoría pronto se topó con barreras físicas insalvables al intentar analizar sistemas con mayor densidad electrónica. No podía explicar la estructura de los átomos más grandes que el hidrógeno, es decir, sistemas polielectrónicos con más de un electrón, como el helio o el litio, donde las repulsiones mutuas entre electrones alteran los niveles energéticos. Además, con el desarrollo de espectroscopios más potentes, se descubrió el «efecto Zeeman» (la división de las líneas espectrales en presencia de campos magnéticos) y la estructura fina de las líneas, detalles que la teoría de Bohr era incapaz de predecir.

Para corregir estas deficiencias sin abandonar por completo el marco cuántico inicial, el físico alemán Arnold Sommerfeld perfeccionó el modelo en 1916. Sommerfeld introdujo dos modificaciones fundamentales:

  • Órbitas elípticas: Determinó que las órbitas de los electrones no eran exclusivamente circulares, sino que también podían ser elípticas, similares a las trayectorias de los planetas en el sistema solar.
  • Subniveles de energía: Para justificar la presencia de líneas espectrales dobles o triples que Bohr no contemplaba, Sommerfeld introdujo un nuevo número cuántico (el número cuántico azimutal, l), el cual postula que dentro de un mismo nivel de energía (n) existen subniveles energéticos diferenciados.

Este refinamiento confirió mayor flexibilidad geométrica a la estructura del átomo, permitiendo predecir el comportamiento de elementos ligeramente más complejos, aunque continuaba arrastrando la problemática de intentar aplicar conceptos de trayectorias mecánicas rígidas a un universo microscópico inherentemente probabilístico.

Sentar las bases para el futuro

La introducción definitiva de la mecánica cuántica moderna y la mecánica de ondas terminó por sustituir el modelo semiclásico de órbitas fijas por un enfoque matemático abstracto, donde las propiedades atómicas se tratan más en términos de una función de onda ({eq}\psi{/eq}) que de un movimiento de partículas con trayectorias definidas. Bajo esta nueva perspectiva, los electrones ya no viajan en carriles circulares estables alrededor del núcleo, sino que se comportan matemáticamente como ondas estacionarias tridimensionales, de forma análoga a una sola nota musical que vibra en la cuerda de una guitarra.

El electrón se distribuye en regiones de alta probabilidad denominadas orbitales. Las ondas electrónicas que interfieren de forma destructiva entre sí causarían inestabilidad cuántica, por lo que tales configuraciones espaciales no están físicamente permitidas. La ecuación original de Bohr aplicó principios transicionales que resultaron de enorme utilidad para comprender los cimientos de la mecánica ondulatoria; sin embargo, las ecuaciones definitivas utilizadas para definir el átomo moderno son totalmente nuevas.

La mecánica ondulatoria y matricial desarrollada de forma independiente por Erwin Schrödinger, Louis de Broglie y Werner Heisenberg enfatizó las propiedades ondulatorias y el principio de incertidumbre de los electrones para definir la estructura molecular, abandonando la noción de órbitas predecibles por un mapa de densidades probabilísticas.

Resumen de la lección

Niels Bohr revolucionó la física al asumir que los orbitales de los electrones alrededor del núcleo atómico no eran el resultado estricto del impulso angular de las partículas según las leyes mecánicas tradicionales. Razonó con acierto que, para evitar que las órbitas decayeran en espiral hacia el núcleo, cada electrón debía estar restringido a órbitas estacionarias con niveles de energía cuantizados. Cada cambio de nivel orbital se produce mediante la absorción o liberación de una cantidad medible de radiación electromagnética en forma de fotones.

El cambio conceptual desde el modelo de Saturno o de órbitas planetarias libres hacia un modelo cuántico con distancias y niveles de energía discretos fue un hito histórico fundamental para el avance de la teoría cuántica, la cual se mantiene en el foco central de la investigación física del siglo veintiuno. Comprender estas propiedades fundamentales de la materia a escala atómica es un requisito indispensable para la ingeniería de nuevos materiales y para resolver los misterios más profundos del espacio y el tiempo.

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Rodrigo Ricardo Editor y fundador