Monofisismo: Historia, doctrinas y legado

Rodrigo Ricardo Publicado el 6 octubre, 2024 8 minutos y 6 segundos de lectura

¿Fue Jesucristo completamente divino y completamente humano, o su naturaleza divina absorbió por completo su humanidad? Esta pregunta, que puede parecer un debate teológico abstracto, provocó cismas, guerras y el nacimiento de iglesias enteras que sobreviven hasta hoy. El monofisismo (del griego monos = único, physis = naturaleza) sostiene que en Cristo existe una sola naturaleza, predominantemente divina. Fue declarado herejía en el Concilio de Calcedonia (451 d.C.), pero su influencia es clave para entender el cristianismo oriental, las primeras disputas doctrinales y el surgimiento de iglesias como la copta, la siríaca ortodoxa y la armenia apostólica. Si quieres comprender por qué el cristianismo no es monolítico y cómo un matiz teológico cambió la historia del mundo antiguo, sigue leyendo.


Contexto histórico: El crisol teológico del Imperio Romano tardío

Para entender el monofisismo, hay que situarse en los siglos IV y V d.C., cuando el Imperio Romano de Oriente (Bizancio) era un hervidero de reflexiones sobre la naturaleza de Cristo. Tras el Edicto de Milán (313 d.C.) y el Concilio de Nicea (325 d.C.), que condenó el arrianismo (que negaba la plena divinidad de Cristo), la Iglesia aún debatía cómo se relacionaban la humanidad y la divinidad en la persona de Jesús.

La escuela alejandrina vs. la escuela antioquena

Dos grandes tradiciones teológicas chocaban:

  • Alejandría (Egipto): Liderada por Atanasio y luego Cirilo, enfatizaba la unidad del sujeto cristológico. Para ellos, Cristo era el Logos encarnado, y su humanidad estaba tan integrada en su divinidad que se hablaba de “una naturaleza encarnada del Verbo”. Priorizaban la divinidad para evitar separar a Cristo en dos personas.
  • Antioquía (Siria): Con Teodoro de Mopsuestia y Nestorio, defendían dos naturalezas completas (humana y divina) en perfecta armonía, pero sin mezcla. Temían que negar la humanidad plena llevara a un docetismo (Cristo solo parecía humano).

Esta tensión estalló con el nestorianismo: Nestorio, patriarca de Constantinopla, rechazó llamar a María Theotokos (Madre de Dios), prefiriendo Christotokos (Madre de Cristo). Cirilo de Alejandría lo atacó, y el Concilio de Éfeso (431 d.C.) condenó a Nestorio, pero no resolvió el fondo.

¿Qué es exactamente el monofisismo? Definición y matices

Definición clásica

El monofisismo postula que después de la encarnación, Jesucristo tiene una sola naturaleza (mia physis), resultado de la unión de lo divino y lo humano, donde la divinidad absorbe o prevalece sobre la humanidad. No es exactamente decir que Cristo no fue humano, sino que su humanidad quedó como un instrumento o un atributo sin sustancia propia.

Monofisismo extremo vs. miafisismo moderado

Es crucial diferenciar:

  • Monofisismo eutiquiano (extremo): Eutiques (siglo V) enseñaba que la humanidad de Cristo fue “como una gota de vino en el mar de la divinidad”. La naturaleza humana desaparece. Esto fue condenado en Calcedonia.
  • Miafisismo (moderado, usado por iglesias ortodoxas orientales): Afirma “una sola naturaleza encarnada del Verbo de Dios”, pero sin negar la realidad de la humanidad. No es absorción, sino una unión inseparable donde las dos naturalezas coexisten sin división, pero sin dualidad. Para muchos historiadores, el miafisismo es una fórmula ortodoxa malinterpretada por los calcedonianos.

Sin embargo, desde la perspectiva del Concilio de Calcedonia (451 d.C.), cualquier fórmula que no dijera explícitamente “dos naturalezas” era considerada monofisita.

El Concilio de Calcedonia (451 d.C.): El punto de quiebre

El emperador Marciano convocó el concilio para resolver la crisis tras el “Latrocinio de Éfeso” (449 d.C.), donde los monofisitas habían forzado sus posturas. Calcedonia reunió a unos 520 obispos.

La definición calcedonia

El concilio declaró que Cristo es “reconocido en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación”. La diferencia entre las naturalezas no se suprime por la unión, sino que se preservan las propiedades de cada una en una sola persona (prosopon) e hipóstasis.

Reacción: El cisma oriental

Las iglesias de Alejandría, Antioquía (parte) y Jerusalén rechazaron el concilio. Acusaron a los calcedonianos de nestorianismo disfrazado (por separar demasiado). Así nacieron las Iglesias Ortodoxas Orientales (no confundir con la Ortodoxa Bizantina):

  • Iglesia Copta (Egipto)
  • Iglesia Siríaca Ortodoxa (Antioquía)
  • Iglesia Apostólica Armenia
  • Iglesia Ortodoxa Etíope (Tewahedo)
  • Iglesia Ortodoxa Eritrea
  • Iglesia Ortodoxa Malankara (India)

Estas iglesias prefieren llamarse miafisitas, no monofisitas, y rechazan la herejía eutiquiana.

Doctrinas centrales del monofisismo (según sus defensores)

Para un estudiante, es vital distinguir entre lo que los monofisitas (miafisitas) realmente creen y lo que sus oponentes les atribuyeron:

La fórmula de Cirilo de Alejandría

“Una naturaleza encarnada del Verbo” (Mia physis tou Theou Logou sesarkomene). Interpretan que lo humano y lo divino forman una única realidad concreta: Jesucristo. No hay un “hombre Jesús” separado del Logos.

Rechazo del “dos naturalezas después de la unión”

Para ellos, hablar de “dos naturalezas” en Cristo sugiere dos sujetos o una yuxtaposición. Prefieren decir que las propiedades humanas (hambre, cansancio) y divinas (omnipotencia) pertenecen a una sola persona, pero sin que la humanidad sea una naturaleza independiente.

Soteriología monofisita

¿Por qué importa? Si Cristo no es completamente humano, ¿cómo puede salvar a la humanidad? Los miafisitas responden: la humanidad no necesita una naturaleza humana autónoma en Cristo, sino que Él asume una naturaleza humana real que queda subsistente en su divinidad. De lo contrario, dirían, se corre el riesgo de adorar a dos Cristos.

El legado histórico: Conflictos, persecuciones y expansión

Persecución bajo Justiniano y los emperadores bizantinos

El emperador Justiniano I (527-565 d.C.) intentó unificar el imperio religiosamente, pero persiguió a los monofisitas. Sin embargo, su esposa Teodora protegió a líderes monofisitas como el monje Severo de Antioquía. Este período creó una identidad nacional egipcia y siria contra Constantinopla.

El nacimiento de las iglesias nacionales

El rechazo a Calcedonia se entrelazó con resistencias políticas: en Egipto, la Iglesia copta se convirtió en símbolo de identidad frente al poder griego. Algo similar ocurrió en Armenia y Etiopía, donde el monofisismo (miafisismo) afianzó la independencia cultural.

Relaciones con el Islam primitivo

Cuando los árabes musulmanes conquistaron Egipto y Siria (siglo VII), encontraron poblaciones monofisitas hostiles al emperador bizantino. Muchos vieron a los musulmanes como liberadores, lo que facilitó la expansión del Islam. No obstante, las iglesias monofisitas sobrevivieron bajo el pacto de dhimmi, pagando impuestos pero conservando su jerarquía.

El monofisismo hoy

Las Iglesias Ortodoxas Orientales representan unos 60 millones de cristianos en el mundo. Han dialogado con la Iglesia Ortodoxa Bizantina y la Católica, llegando a acuerdos cristológicos sustanciales (por ejemplo, declaraciones conjuntas de 1990 y 2001) que reconocen que las diferencias son más de terminología que de fe. Sin embargo, la comunión plena aún no se ha restaurado.

Principales errores y malentendidos sobre el monofisismo

Es común en manuales de herejías simplificar:

  • Error 1: Decir que los monofisitas niegan la humanidad de Cristo. Falso: los miafisitas afirman que Cristo fue plenamente humano, pero esa humanidad no existe como naturaleza separada después de la unión.
  • Error 2: Confundir monofisismo con eutiquianismo. Eutiques fue condenado también por los propios monofisitas moderados.
  • Error 3: Creer que es un tema muerto. Las discusiones cristológicas continúan influyendo en el diálogo ecuménico actual.

Importancia académica y cultural del monofisismo

Para un estudiante de teología, historia o ciencias de la religión, el monofisismo es una ventana para entender:

  • Cómo los concilios ecuménicos no solo definían doctrinas, sino también identidades políticas.
  • La relación entre herejía y resistencia al imperio.
  • La formación de las primeras iglesias nacionales no griegas.
  • El desarrollo de la lengua copta, siríaca y armenia como vehículos teológicos.

Además, el arte copto, la música litúrgica armenia y los manuscritos siríacos conservan tradiciones teológicas que el mundo occidental ignoró durante siglos.

Conclusión: Un conflicto que aún resuena

El monofisismo no es una curiosidad arcaica. Es la raíz de familias eclesiales enteras que hoy dialogan con Roma y Constantinopla. Comprenderlo permite al estudiante captar que el dogma cristiano no se construyó en el vacío, sino en medio de tensiones imperiales, culturales y lingüísticas. Lo que para unos fue herejía, para otros fue la fiel interpretación de Cirilo de Alejandría. Y en ese desacuerdo, nació una diversidad cristiana que sigue viva en Egipto, Etiopía, Armenia, la India y Siria.


Resultados de aprendizaje

  1. Definir con precisión el monofisismo, diferenciándolo del miafisismo y del eutiquianismo.
  2. Identificar las causas históricas del conflicto monofisita: tensiones entre las escuelas de Alejandría y Antioquía, y el papel del Concilio de Calcedonia.
  3. Explicar la doctrina miafisita tal como la sostienen las Iglesias Ortodoxas Orientales, incluyendo su base escriturística y patrística (especialmente Cirilo de Alejandría).
  4. Analizar las consecuencias políticas del cisma: persecuciones bajo Justiniano, formación de iglesias nacionales (copta, siríaca, armenia, etíope) y su relación con el Islam primitivo.
  5. Evaluar los diálogos ecuménicos contemporáneos entre ortodoxos orientales, bizantinos y católicos, reconociendo los acuerdos cristológicos alcanzados.
  6. Distinguir entre herejía histórica y tradición legítima, comprendiendo que el monofisismo moderado (miafisismo) hoy no es considerado herético por muchos teólogos ecuménicos.
  7. Relacionar el monofisismo con la identidad cultural de pueblos como los coptos, armenios y etíopes, y su resistencia al imperialismo bizantino.

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Rodrigo Ricardo Editor y fundador