Enlaces iónicos: definiciones, características y ejemplos

Rodrigo Ricardo Publicado el 16 septiembre, 2020 9 minutos y 35 segundos de lectura

Enlaces químicos: La arquitectura de la materia y la formación de iones

A nivel microscópico, el universo está compuesto por piezas fundamentales llamadas átomos. Sin embargo, la gran mayoría de las cosas que nos rodean —desde el agua que bebemos hasta el aire que respiramos o el suelo que pisamos— no están hechas de átomos aislados flotando en el vacío. Los átomos tienden a unirse de forma estable para dar origen a estructuras más complejas conocidas como moléculas y redes cristalinas. Ante esto, surge una pregunta fundamental en la ciencia: ¿cómo se unen los átomos en las moléculas?

Los átomos se mantienen unidos mediante fuerzas electrostáticas denominadas enlaces químicos. Un enlace químico entre átomos es similar a la atracción que se siente entre dos imanes. Si aproximamos dos imanes lo suficiente, la fuerza de atracción se vuelve tan poderosa que eventualmente se pegarán de manera firme. De forma homáloga a los imanes, los átomos experimentan fuerzas de atracción mutua debido a sus cargas eléctricas, y esta interacción es la que mantiene unidos a los elementos. Un enlace químico ocurre cuando dos o más átomos en una molécula comparten o transfieren electrones. Cabe recordar que un electrón es una partícula subatómica con carga eléctrica negativa que orbita alrededor del núcleo del átomo.

¿Qué son los iones? La balanza electrónica de la materia

Para comprender cómo se forman ciertos tipos de enlaces, resulta útil recurrir a una analogía financiera. Imagine que los electrones involucrados en los enlaces químicos funcionan de manera similar al dinero en una cuenta bancaria. Cuando compramos bienes o servicios, gastamos dinero, lo que reduce el saldo de nuestros fondos. Por el contrario, cuando recibimos un salario o un depósito, ganamos dinero y el saldo de la cuenta incrementa.

En el mundo de la química, algunos átomos tienden a «gastar» sus electrones, provocando una pérdida de estas partículas en su estructura. En este escenario, la cuenta bancaria del átomo está representada por la nube de electrones (o corteza atómica), que es la región externa al núcleo donde los electrones se distribuyen en diferentes niveles de energía. Cuando un átomo pierde electrones debido a su baja afinidad por ellos, adquiere una carga eléctrica positiva. Por el contrario, existen átomos que actúan de forma opuesta: tienen una gran tendencia a capturar electrones externos, ganando partículas en su nube electrónica. Un átomo que gana electrones adquiere, por consiguiente, una carga neta negativa.

[Dinámica de los Electrones]: Átomo pierde electrones ---> Exceso de protones ---> Carga POSITIVA Átomo gana electrones ---> Exceso de electrones ---> Carga NEGATIVA 

Los átomos que ganan o pierden electrones dejan de ser eléctricamente neutros y reciben el nombre de iones. Un ion se define formalmente como un átomo o grupo de átomos que posee una carga eléctrica neta debido a la pérdida o ganancia de uno o más electrones. Esta carga surge porque el átomo pasa a tener una cantidad desigual de electrones y protones.

Es fundamental recordar que todos los átomos poseen protones (partículas con carga positiva ubicadas en el núcleo) y electrones (partículas con carga negativa en la corteza). Dado que el núcleo atómico es extremadamente estable y está protegido por fuerzas nucleares fuertes, un átomo solo puede ganar o perder electrones mediante procesos químicos; la cantidad de protones en el núcleo siempre se mantendrá exactamente igual.

Átomos neutros y aniones

En su estado fundamental, un átomo se considera eléctricamente neutro si carece de una carga neta. Un átomo neutro posee exactamente la misma cantidad de protones en su núcleo que de electrones en su nube periférica. Debido a que las cargas positivas y negativas son idénticas en magnitud pero opuestas en signo, se anulan mutuamente, dando como resultado una carga total de cero.

Para visualizar esto, podemos imaginar un átomo neutro colocado sobre una báscula o balanza de precisión. Si un platillo contiene 4 protones y el otro contiene 4 electrones, la báscula se mantendrá perfectamente equilibrada. Un ejemplo de esto es el átomo de berilio (Be) neutro, el cual posee 4 protones y 4 electrones en su estado fundamental, lo que cancela cualquier carga eléctrica total.

Sin embargo, a muchos átomos de la tabla periódica les resulta energéticamente desfavorable permanecer en estado neutro y muestran una gran tendencia a capturar electrones de otros elementos circundantes para alcanzar una configuración electrónica más estable (conocida en química como la regla del octeto). Un ejemplo emblemático de este comportamiento es el flúor (F). El flúor tiene una enorme electronegatividad, lo que le otorga la tendencia a arrancar uno o más electrones de otro átomo, provocando que su nube electrónica tenga más electrones que protones en su núcleo.

Cuando un átomo gana electrones, la balanza de cargas se desequilibra hacia el lado negativo. Un átomo que cuenta con más electrones que protones se denomina anión. Un anión es un ion con una carga negativa general debido a la ganancia de electrones. Por lo general, los elementos que forman aniones son los no metales, los cuales se ubican en el lado derecho de la tabla periódica. Una regla mnemotécnica útil para recordar esto en textos académicos en inglés o latín es asociar las letras de la palabra anión con la frase «A Negative Ion» (Un Ion Negativo).

Cationes

En el extremo opuesto del espectro químico encontramos a los átomos que demuestran una gran facilidad para ceder o regalar sus electrones más externos a otros elementos. Tomemos como ejemplo el átomo de litio (Li). El litio posee una baja energía de ionización, lo que significa que requiere muy poca energía para perder su electrón de valencia en favor de otro átomo que lo requiera.

Si volvemos a imaginar la balanza de cargas, en el momento en que el átomo de litio pierde un electrón, la escala se desequilibra de inmediato hacia el lado opuesto. Al haber entregado una carga negativa, ahora el átomo posee menos electrones que protones. Un átomo en esta condición eléctrica se denomina catión. Un catión es un ion con una carga positiva general debido a la pérdida de uno o más electrones. Los cationes suelen ser metales, elementos que se caracterizan por su alta conductividad y que se localizan en la región central y del lado izquierdo de la tabla periódica.

Enlaces iónicos: La atracción de los opuestos

La naturaleza busca constantemente el equilibrio. Por esta razón, un átomo que prefiere perder electrones (un metal) formará con extrema facilidad un enlace con un átomo que prefiere ganar electrones (un no metal). El famoso refrán popular que afirma que «los opuestos se atraen» se cumple con absoluta rigurosidad matemática en el mundo de la química cuántica: los iones con cargas eléctricas opuestas se experimentan una fuerza de atracción mutua muy intensa. Cuando un catión y un anión se encuentran en el espacio, se produce una transferencia electrónica definitiva que da origen a un enlace químico sumamente rígido y estable.

Esta unión se conoce formalmente como enlace iónico. Un enlace iónico es un tipo de enlace químico que se establece mediante la atracción electrostática entre un catión (cargado positivamente) y un anión (cargado negativamente). Durante este proceso, uno o más electrones se transfieren por completo desde el metal hacia el no metal.

[Mecanismo del Enlace Iónico]: Metal (Cede electrón) ---> Se convierte en Catión (+) --\ |---> Atracción e Enlace Iónico No Metal (Gana electrón) ---> Se convierte en Anión (-) --/ 

Ejemplos de compuestos iónicos

Gránulos de sal de mesa (Cloruro de sodio)

El ejemplo más representativo y abundante de enlace iónico en la Tierra es el cloruro de sodio, abreviado universalmente bajo la fórmula química NaCl. El cloruro de sodio es el nombre científico de la sal de mesa común. A nivel macroscópico, la sal se presenta en forma de pequeños gránulos que, si se observan bajo una lupa, revelan ser perfectos cristales cúbicos.

Los cristales de sal son estructuras sumamente estables debido a la fuerza del enlace iónico que los compone. Cuando sostenemos un grano de sal, nos enfrentamos a una red tridimensional donde cada catión de sodio (Na+) está rodeado de forma simétrica por aniones de cloro (Cl-). No es posible triturar fácilmente una molécula individual de sal ni cambiar su geometría interna de manera simple, ya que los enlaces mantienen la estructura firmemente unida. En este compuesto, el sodio actúa como el catión tras ceder un electrón, y el cloro actúa como el anión tras recibirlo.

Otro ejemplo fundamental de enlace iónico lo constituye el óxido de magnesio, abreviado como MgO. En esta interacción, el magnesio actúa como el catión metálico, pero a diferencia del sodio, posee la capacidad de transferir dos electrones completos hacia el átomo de oxígeno, el cual se transforma en el anión de la molécula. El resultado es un polvo blanco cristalino utilizado ampliamente en la industria de refractarios y en la medicina como antiácido.

Resumen de la Lección

A lo largo de esta lección, hemos aprendido que los átomos no flotan de forma aislada en la materia, sino que se mantienen cohesionados para formar moléculas y compuestos a través de los enlaces químicos. Un enlace químico ocurre cuando dos o más átomos en una sustancia comparten o transfieren sus electrones periféricos.

Esta sesión se ha centrado específicamente en el enlace iónico, un mecanismo gobernado por la presencia de partículas cargadas llamadas iones. Un ion es simplemente un átomo que ha adquirido una carga eléctrica neta debido a la alteración en su número de electrones. Los iones se dividen en dos categorías complementarias: los aniones, que poseen carga negativa debido a la ganancia de electrones, y los cationes, que poseen carga positiva tras la pérdida de los mismos. Cuando un catión y un anión interactúan, sus fuerzas opuestas generan una atracción electrostática indestructible, dando origen a la estabilidad cristalina del enlace iónico.

Resultados del Aprendizaje

Al concluir el estudio detallado de esta lección, usted habrá desarrollado las competencias necesarias para:

  1. Definir conceptualmente qué son los iones y describir el mecanismo de transferencia electrónica que da lugar a los enlaces iónicos.
  2. Identificar y diferenciar con precisión matemática un átomo eléctricamente neutro de un anión (ion negativo) y de un catión (ion positivo) a partir de su balance de protones y electrones.
  3. Citar ejemplos prácticos de compuestos iónicos presentes en la vida cotidiana (como el NaCl y el MgO), explicando sus propiedades de estabilidad estructural y cristalización.

Explora más sobre este tema

Selecciona un tema y sigue aprendiendo...

Rodrigo Ricardo
Rodrigo Ricardo Editor y fundador