Definición
Los capilares son el tipo de vaso sanguíneo más pequeño del cuerpo. Su trabajo es permitir el intercambio de sustancias entre la sangre y los tejidos circundantes. Un lugar donde se pueden ver fácilmente (¡sin juego de palabras!) Desde el exterior es en el blanco de los ojos.
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Los capilares se encuentran en cada centímetro cuadrado del cuerpo, desde la piel hasta los tejidos más profundos de las cavidades corporales. Hay entre 60,000 y 100,000 millas de vasos sanguíneos que se extienden por todo el cuerpo humano, dependiendo del tamaño y el peso de la persona, y la mayoría de estos son capilares.
Estructura y función capilar
Los capilares son los vasos sanguíneos más pequeños y delicados del sistema circulatorio, pero también son los más importantes a nivel funcional. Su tarea principal consiste en actuar como punto de intercambio entre la sangre y los tejidos del cuerpo. A través de ellos, las células reciben el oxígeno y los nutrientes que necesitan para vivir, y al mismo tiempo eliminan los desechos que producen, como el dióxido de carbono y el agua.
En la mayoría de los tejidos, los capilares transportan sangre rica en oxígeno hacia las células y recogen sangre pobre en oxígeno para llevarla de regreso al corazón y a los pulmones. La excepción ocurre precisamente en los pulmones, donde el proceso se invierte: allí los capilares liberan dióxido de carbono y captan oxígeno.
Una de las características más destacadas de los capilares es la extrema delgadez de sus paredes. Están formados por una sola capa de células endoteliales, lo que permite que las sustancias pasen a través de ellas de forma rápida y eficiente. Esta simplicidad estructural los diferencia claramente de arterias y venas, que tienen paredes mucho más gruesas y complejas.
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Además, los capilares son selectivamente permeables, lo que significa que no todo puede atravesarlos libremente. Permiten el paso de ciertas sustancias —como gases, nutrientes y algunas moléculas pequeñas— mientras restringen otras. Esta capacidad varía según el órgano o tejido, adaptándose a las necesidades específicas de cada parte del cuerpo.
Tipos de capilares
Los capilares no son todos iguales. De hecho, se clasifican en tres tipos principales según la estructura de sus paredes y su nivel de permeabilidad:
Capilares fenestrados
Los capilares fenestrados presentan pequeños poros (fenestraciones) en sus paredes, lo que facilita el paso de sustancias. Estos poros pueden variar en tamaño, permitiendo una mayor o menor filtración según el tejido.
Un ejemplo claro se encuentra en el intestino delgado, donde estos capilares permiten que los nutrientes resultantes de la digestión pasen con facilidad al torrente sanguíneo. Gracias a esta estructura, el cuerpo puede absorber de manera eficiente lo que ingerimos.
Capilares continuos
Los capilares continuos tienen una estructura mucho más cerrada. Sus células endoteliales están unidas estrechamente, lo que limita el paso de sustancias y los hace altamente selectivos.
Vasos sanguíneos | Definición, tipos y funciones
Este tipo de capilares se encuentra en tejidos que requieren un control muy preciso, como el cerebro. Allí forman parte de la barrera hematoencefálica, una estructura que protege al sistema nervioso al permitir solo el paso de moléculas muy pequeñas, como agua e iones, y bloquear sustancias potencialmente dañinas.
Capilares discontinuos
También conocidos como capilares sinusoidales, los capilares discontinuos presentan grandes aberturas y espacios entre sus células. Esta estructura permite el paso de moléculas grandes e incluso de células.
Se encuentran principalmente en órganos como el hígado, donde es necesario intercambiar proteínas y otras sustancias de mayor tamaño. También están presentes en el bazo, la médula ósea, los ganglios linfáticos y algunas glándulas endocrinas.
Su diseño amplio y flexible facilita funciones complejas, como la producción de proteínas o la filtración de células sanguíneas.
Lechos capilares
El sistema circulatorio humano es un sistema cerrado, lo que significa que la sangre siempre circula dentro de vasos sanguíneos. En este contexto, los capilares no terminan de forma aislada ni se abren directamente en los tejidos.
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En lugar de eso, forman estructuras llamadas lechos capilares, que son redes extensas y ramificadas donde ocurre el intercambio de sustancias entre la sangre y el líquido intersticial (el fluido que rodea a las células).
Estos lechos conectan las arterias con las venas, permitiendo que la sangre fluya de manera continua. Después de liberar oxígeno y nutrientes, y recoger desechos, la sangre regresa al corazón y luego a los pulmones para reiniciar el ciclo.
Gracias a esta organización en red, el cuerpo puede asegurar que prácticamente todas las células estén a una distancia mínima de un capilar, optimizando así el intercambio de sustancias.
Regulación del flujo sanguíneo en los capilares
El cuerpo humano no distribuye la sangre de manera uniforme en todo momento. Por el contrario, regula cuidadosamente cuánta sangre llega a cada tejido según sus necesidades. En este proceso, los capilares desempeñan un papel clave, pero no trabajan solos: están controlados por pequeñas estructuras llamadas esfínteres precapilares.
Estos esfínteres son anillos de músculo que se encuentran en la entrada de los capilares. Su función es abrirse o cerrarse para permitir o restringir el paso de la sangre. Cuando un tejido necesita más oxígeno o nutrientes, los esfínteres se relajan y permiten un mayor flujo sanguíneo. En cambio, cuando la demanda es baja, se contraen y reducen el paso de sangre.
Este mecanismo es dinámico y responde constantemente a las condiciones del organismo. Por ejemplo, durante el ejercicio físico, los músculos requieren más oxígeno, por lo que los esfínteres precapilares se abren en mayor medida, aumentando el flujo sanguíneo hacia esas zonas. En situaciones de frío, en cambio, muchos capilares cercanos a la piel se cierran parcialmente para conservar el calor corporal. Durante la digestión, la sangre se dirige en mayor cantidad hacia el sistema digestivo para facilitar la absorción de nutrientes.
Gracias a esta regulación precisa, el cuerpo puede optimizar sus recursos y asegurar que cada órgano reciba exactamente lo que necesita en cada momento.
Intercambio de sustancias: difusión, filtración y ósmosis
El verdadero trabajo de los capilares ocurre a nivel microscópico, donde se produce el intercambio de sustancias entre la sangre y las células. Este intercambio no es aleatorio, sino que sigue tres mecanismos principales: difusión, filtración y ósmosis.
La difusión es el proceso mediante el cual las moléculas se mueven desde una zona donde están más concentradas hacia otra donde hay menos concentración. Gracias a este mecanismo, el oxígeno pasa de la sangre a las células, mientras que el dióxido de carbono realiza el camino inverso para ser eliminado del organismo.
La filtración ocurre debido a la presión que ejerce la sangre dentro de los capilares. Esta presión empuja parte del líquido plasmático hacia el exterior del capilar, transportando consigo nutrientes y otras sustancias necesarias para las células. Es, en cierto modo, una forma de “empujar” recursos hacia los tejidos.
Por otro lado, la ósmosis permite que parte de ese líquido regrese al interior del capilar. Este proceso se basa en diferencias de concentración de solutos, especialmente proteínas plasmáticas, que “atraen” el agua de vuelta hacia la sangre.
El equilibrio entre estos tres mecanismos es fundamental para mantener el correcto funcionamiento de los tejidos. Si alguno se altera, pueden aparecer problemas como acumulación de líquidos o deficiencias en el aporte de nutrientes.
Relación con el sistema linfático
No todo el líquido que sale de los capilares durante la filtración regresa a ellos mediante la ósmosis. De hecho, una pequeña cantidad permanece en los espacios entre las células, formando parte del llamado líquido intersticial.
Aquí es donde entra en juego el sistema linfático, un sistema complementario que actúa como una red de drenaje. Su función es recoger ese exceso de líquido que los capilares no reabsorben y devolverlo gradualmente al torrente sanguíneo.
Los vasos linfáticos absorben este líquido, ahora llamado linfa, y lo transportan a través del cuerpo hasta reintegrarlo en la circulación. Este proceso no solo ayuda a mantener el equilibrio de líquidos, sino que también cumple un papel importante en la defensa del organismo, ya que la linfa transporta células del sistema inmunológico.
Cuando este sistema no funciona correctamente o se ve sobrecargado, el líquido puede acumularse en los tejidos, provocando lo que conocemos como edema, es decir, hinchazón. Por eso, la coordinación entre capilares y sistema linfático es esencial para mantener el equilibrio interno del cuerpo y evitar alteraciones.
Resumen de la lección
Los capilares son los vasos sanguíneos más finos y abundantes del cuerpo, y cumplen una función esencial: permitir el intercambio directo de sustancias entre la sangre y las células.
Su estructura simple —una sola capa de células— les permite ser altamente eficientes. Además, su permeabilidad selectiva asegura que solo ciertas sustancias puedan atravesarlos, adaptándose a las necesidades de cada tejido.
Existen tres tipos principales de capilares:
- Fenestrados, con poros que facilitan el intercambio de nutrientes.
- Continuos, con uniones estrechas que limitan el paso de sustancias.
- Discontinuos, con grandes aberturas que permiten el paso de moléculas y células de mayor tamaño.
Organizados en lechos capilares, estos vasos conectan arterias y venas, garantizando la circulación continua y el correcto funcionamiento del organismo.
Términos clave
Capilares: vasos sanguíneos microscópicos distribuidos por todo el cuerpo, encargados del intercambio de sustancias entre la sangre y los tejidos.
Selectivamente permeable: propiedad de las paredes capilares que permite el paso de algunas sustancias mientras restringe otras.
Sistema circulatorio cerrado: sistema en el que la sangre circula siempre dentro de vasos sanguíneos.
Los resultados del aprendizaje
Después de estudiar este tema, deberías ser capaz de:
- Comprender qué son los capilares y dónde se encuentran en el cuerpo.
- Explicar su función en el transporte de oxígeno, nutrientes y desechos.
- Diferenciar los tres tipos de capilares según su estructura.
- Entender la importancia de los lechos capilares en la circulación sanguínea.
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