Heráclito y Parménides: Filosofía, metafísica y argumentación

Rodrigo Ricardo Publicado el 11 agosto, 2024 3 minutos y 41 segundos de lectura

Heráclito

Heráclito de Éfeso, a veces llamado «el Oscuro», fue un filósofo presocrático que vivió hasta finales del siglo VI a. C. y murió en el siglo V. De su pensamiento sólo nos han llegado fragmentos, aunque aparentemente incluso en la época de su vida su pensamiento era difícil de interpretar. Uno de sus fragmentos incluso indica que, si bien él entiende el logos, o fórmula, del cosmos, la mayoría de los hombres son incapaces de comprender la verdad que intenta comunicarles. Señaló que, en lugar de comprender sus palabras, la mayoría de los hombres comprenden y recuerdan lo que tiene que decir en la misma medida en que comprenden y recuerdan lo que hacen mientras duermen.

El principio central de su pensamiento se denomina doctrina del flujo/unidad de los opuestos. En pocas palabras, todas las cosas están en relación con sus opuestos. Por ejemplo, la noche siempre se transforma en día y viceversa. Cada estación pasa a la siguiente hasta que finalmente el ciclo se reinicia. Lo que es caliente se vuelve más frío y viceversa. Y aunque todo está cambiando constantemente, esta estructura de oposición permanece constante e inteligible, y es por eso que podemos tener algún tipo de conocimiento en un mundo que está en constante transformación. O en otras palabras, todo cambia, pero todo cambia de acuerdo con una regla constante de la razón. Más que cualquier otro elemento, el fuego parecía simbolizar mejor esta verdad sobre el cambio. El orden del mundo, entonces, es un fuego siempre vivo, que constantemente se enciende y se apaga por turnos. Para decirlo de otra manera, Heráclito sostiene que el principio creador del cosmos es el fuego.

Logos de Heráclito

Para Heráclito, el logos es una fórmula que subyace al cambiante mundo aparente. Aunque el mundo de nuestros sentidos parece caótico y siempre cambiante, tiene, no obstante, una especie de lógica. Una persona sabia buscaría y comprendería esta lógica en lugar de sorprenderse constantemente por el cambio y la lucha. Sólo un dios, observó Heráclito en uno de sus aforismos, sería capaz de un conocimiento perfecto del logos ; sin embargo, los humanos pueden alcanzar cierto grado de sabiduría. Tal conocimiento sería divino, pero sin embargo no llegaría a ser una sabiduría completa.

Heráclito contra Parménides

A primera vista, Heráclito y Parménides parecen tener teorías opuestas: el primero hace hincapié en el cambio y el segundo en la permanencia. Sin embargo, cuando prestamos atención a lo que estos dos filósofos presocráticos tienen en común, las diferencias pueden explicarse en gran medida por diferentes estilos e intereses ligeramente distintos. Mientras que Heráclito está interesado en explicar una lógica que subyace y estructura lo que podemos percibir, Parménides dirige su atención directamente a las verdades lógicas tal como deben ser. Además, ambos admiten que lo que percibimos directamente es inestable, cambiante y, por lo tanto, no es una fuente apropiada de conocimiento. Para ambos pensadores, el conocimiento genuino requiere que nuestro entendimiento se dirija a lo que es estable y necesario. Fundamentalmente, el logos (como razón) es la fuente última de sabiduría para ambos filósofos.

Resumen de la lección

Heráclito, filósofo presocrático, teorizó que todo lo aparente estaba en constante cambio. Sin embargo, una ley de cambio estable, una doctrina de flujo/unidad de opuestos, gobierna el cosmos. Esta lógica subyacente, el logos, es el objeto propio de la sabiduría. Heráclito sostiene que el principio creador del cosmos es el fuego.

Para Parménides, otro filósofo presocrático, la verdad exige captar lo que es eterno, inmóvil y único, porque estas son características de los objetos tal como son realmente (porque excluyen lo que no lo es). El mundo tal como se da en la percepción, entonces, es en cierto sentido ilusorio ya que nada de lo que percibimos tiene estas características. Ambos pensadores, entonces, proponen la razón como el camino hacia el conocimiento en lugar de la percepción, aunque la mayoría de las personas se aferran a lo que meramente parece ser el caso.

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Rodrigo Ricardo Editor y fundador