Impacto de la variabilidad climática en la agricultura y la seguridad alimentaria

Avatar del autor
Publicado el • 18 minutos y 20 segundos de lectura
Ver mi bloc de notas

Mis Artículos Guardados

El impacto de la variabilidad climática en la agricultura se refiere a los efectos que las fluctuaciones naturales del clima —sequías, inundaciones, olas de calor, heladas tardías o lluvias fuera de temporada— tienen sobre la producción de alimentos. Estos fenómenos, que forman parte del funcionamiento normal del sistema climático, pueden arruinar cosechas enteras, reducir el rendimiento de los cultivos, alterar los calendarios de siembra y recolección y desestabilizar los mercados de alimentos. Cuando estas fluctuaciones afectan a regiones que ya son vulnerables, el resultado puede ser una crisis alimentaria de consecuencias devastadoras.

La seguridad alimentaria, definida como la situación en la que todas las personas tienen acceso físico, social y económico a alimentos suficientes, inocuos y nutritivos, depende de muchos factores: la producción, el transporte, los precios, los ingresos y las políticas públicas. La variabilidad climática golpea directamente el primer eslabón de esa cadena, la producción agrícola, y sus efectos se propagan hacia los demás. Un agricultor que pierde su cosecha por una sequía no solo deja de ganar dinero, sino que reduce la oferta de alimentos en el mercado, lo que hace subir los precios y dificulta el acceso a la comida de las familias más pobres. La relación entre clima y alimentación es, por tanto, una de las más directas y brutales que existen entre el medio ambiente y el bienestar humano.

El agricultor que miraba al cielo

Durante milenios, la agricultura ha sido un oficio gobernado por el clima. Antes de que existieran los satélites meteorológicos, los sistemas de riego por goteo o las variedades de semillas resistentes a la sequía, los campesinos dependían por completo de que el cielo les fuera favorable. Una primavera con lluvias a tiempo significaba una buena cosecha y un año de prosperidad. Una helada tardía, un verano abrasador o una tormenta de granizo en el momento equivocado podían significar la ruina, el hambre y, en los casos más extremos, la migración forzosa o la muerte.

Esa dependencia no ha desaparecido. Aunque la tecnología ha amortiguado en parte los caprichos del clima, la agricultura sigue siendo la actividad económica más expuesta a la variabilidad climática. Ninguna otra industria depende tan directamente de la temperatura, la lluvia, la insolación y la ausencia de fenómenos extremos como la que produce nuestros alimentos. Un banco puede operar con normalidad bajo una ola de calor siempre que tenga aire acondicionado. Una fábrica de automóviles no se ve afectada por la sequía. Pero un campo de maíz necesita agua en el momento justo y en la cantidad justa, y si no la recibe, simplemente no produce. Esa vulnerabilidad intrínseca convierte a la agricultura en el termómetro más sensible de la variabilidad climática y en el sector donde sus consecuencias se miden en vidas humanas.

Cómo el clima gobierna la vida de las plantas

La temperatura y el reloj biológico de los cultivos

Cada planta tiene su propio termómetro interno. El desarrollo fenológico, que es el calendario de crecimiento de una planta desde la germinación hasta la maduración del fruto, depende de la temperatura de una forma muy precisa. Muchas especies necesitan acumular una cierta cantidad de calor a lo largo de su ciclo, lo que los agrónomos miden mediante el concepto de grados-día de crecimiento. Si la temperatura es más baja de lo habitual, la planta se retrasa. Si es más alta, se adelanta. Ambos escenarios pueden ser problemáticos.

Un ejemplo ayuda a entenderlo. El trigo de invierno necesita pasar por un período de frío, la vernalización, para poder florecer en primavera. Si el invierno es demasiado cálido, la vernalización no se completa correctamente y la producción de grano se reduce. A la inversa, si la primavera llega demasiado pronto y las temperaturas son anormalmente altas, el trigo acelera su ciclo, florece antes de tiempo y las espigas tienen menos tiempo para llenarse de grano, con lo que el rendimiento final cae. Los frutales de hoja caduca, como los manzanos o los cerezos, necesitan un cierto número de horas de frío durante el invierno para romper la dormancia y brotar en primavera. Los inviernos cada vez más templados están reduciendo esas horas de frío en muchas regiones productoras, lo que provoca floraciones erráticas, menor cuajado de frutos y pérdidas económicas para los agricultores.

Las olas de calor son quizá la manifestación más destructiva de la variabilidad de la temperatura para la agricultura. Unos pocos días con temperaturas superiores a treinta y cinco grados centígrados durante la floración pueden esterilizar el polen de muchos cereales y reducir la cosecha a la mitad. Durante la ola de calor que sufrió Rusia en 2010, las temperaturas superaron los cuarenta grados durante semanas. La producción de trigo se desplomó. El gobierno ruso prohibió las exportaciones de cereales. Los precios internacionales del trigo se dispararon. En países como Egipto, que dependía del trigo ruso para alimentar a su población, el precio del pan subió de forma insoportable, y muchos analistas consideran que aquella crisis de precios fue uno de los detonantes de las protestas de la Primavera Árabe de 2011. Un episodio de variabilidad climática en Rusia contribuyó a desencadenar una revolución política a miles de kilómetros de distancia.

  ¿Qué diferencia hay entre un Huracán y un Ciclón?

El agua: cuando falta y cuando sobra

El agua es, junto con la temperatura, el factor climático que más limita la producción agrícola mundial. La mayor parte de la agricultura del planeta depende de la lluvia, no del riego. Solo una minoría de las tierras cultivadas recibe agua de forma artificial. Para el resto, la diferencia entre una buena cosecha y una mala es que llueva lo justo en el momento justo.

La sequía meteorológica, definida como un período prolongado de precipitaciones inferiores a lo normal, es la amenaza más temida por los agricultores de secano. Cuando la sequía coincide con fases del ciclo del cultivo especialmente sensibles a la falta de agua —la floración del maíz, el llenado del grano del arroz, la formación de vainas en la soja— el daño puede ser irreversible. La sequía que afectó al Cuerno de África en 2011, agravada por un episodio de La Niña, provocó la pérdida de cosechas y de ganado en Somalia, Etiopía y Kenia, y desencadenó una hambruna que causó la muerte de más de doscientas cincuenta mil personas, la mitad de ellas niños menores de cinco años.

Pero el exceso de agua puede ser igual de destructivo que su falta. Las inundaciones anegan los campos, asfixian las raíces de las plantas, lavan los nutrientes del suelo y favorecen la proliferación de hongos y enfermedades. En 2010, unas lluvias monzónicas excepcionalmente intensas en Pakistán sumergieron un quinto del país bajo el agua. Millones de hectáreas de cultivos quedaron destruidas. El precio de los alimentos básicos se multiplicó. Millones de personas perdieron sus hogares, sus cosechas y sus medios de vida en cuestión de días.

Existe además un peligro más sutil pero muy dañino: la distribución errática de las lluvias. No se trata de que llueva poco o mucho en total, sino de que llueva de forma distinta a como solía hacerlo. Las lluvias que antes se repartían a lo largo de varios meses se concentran ahora en unos pocos aguaceros torrenciales, separados por largos períodos secos. El agricultor siembra confiando en que las lluvias llegarán en determinada fecha, pero las lluvias se retrasan, o llegan antes, o caen de golpe y se llevan la tierra recién sembrada. Los calendarios agrícolas tradicionales, perfeccionados durante generaciones, se vuelven inútiles. La previsibilidad del clima, que era el mayor activo de la agricultura tradicional, se está perdiendo.

El dióxido de carbono y la paradoja del fertilizante

El dióxido de carbono no es solo un gas de efecto invernadero; es también el alimento básico de las plantas. La fotosíntesis toma CO₂ de la atmósfera y, con la energía del Sol y el agua del suelo, lo convierte en azúcares y en todos los compuestos que forman la biomasa vegetal. En principio, más CO₂ en la atmósfera debería significar más fotosíntesis y más crecimiento. Es lo que se conoce como efecto fertilizante del CO₂, y durante años se debatió si este efecto podría compensar, al menos en parte, los impactos negativos del cambio climático sobre la agricultura.

La realidad, desvelada por décadas de experimentos de campo, es menos optimista de lo que sugerían los primeros modelos de laboratorio. Las plantas expuestas a concentraciones elevadas de CO₂ crecen más, sí, pero suelen hacerlo a costa de reducir la concentración de nutrientes en sus tejidos. El trigo, el arroz y la soja cultivados bajo alto CO₂ contienen menos proteínas, menos zinc y menos hierro que los cultivados bajo CO₂ normal. Un aumento del CO₂ atmosférico podría, por tanto, incrementar el rendimiento de los cultivos en algunas regiones, pero a cambio de reducir su calidad nutricional, un efecto perverso que afectaría sobre todo a las poblaciones que dependen de unos pocos alimentos básicos para cubrir sus necesidades de micronutrientes.

Además, el efecto fertilizante del CO₂ solo se materializa si los demás recursos —agua, nutrientes del suelo, temperaturas adecuadas— no son limitantes. En el mundo real, y especialmente en las regiones tropicales y subtropicales donde se concentra la inseguridad alimentaria, el calor excesivo y la falta de agua anulan con creces cualquier beneficio derivado del aumento del CO₂. La paradoja del fertilizante es, en cierto modo, una metáfora de la relación entre cambio climático y agricultura: los efectos negativos suelen superar a los positivos, y los más vulnerables son quienes menos capacidad tienen de adaptarse.

Tabla de efectos de la variabilidad climática en los principales cultivos

Fenómeno climáticoEfecto en los cultivosCultivos más afectadosRegiones de mayor riesgo
Sequía prolongadaReducción drástica del rendimiento; pérdida total de la cosechaMaíz, trigo, sorgo, legumbresÁfrica subsahariana, Asia meridional, Mediterráneo
Ola de calor en floraciónEsterilización del polen; granos vanos o vacíosTrigo, arroz, maízAsia meridional, Oriente Medio, sur de Europa
InundacionesAsfixia radicular, lavado de nutrientes, enfermedades fúngicasArroz, maíz, hortalizasAsia monzónica, sureste asiático, Centroamérica
Helada tardíaDaños en flores y frutos recién cuajadosFrutales de hoja caduca, vid, almendroZonas templadas de Europa, Norteamérica y Asia
Lluvias erráticasFallos en la germinación; pérdida de la cosecha por siembra fallidaCereales de secano, legumbresSahel, Cuerno de África, América Central

El Niño como amenaza global para los alimentos

Si hay un fenómeno de variabilidad climática que concentra los peores impactos sobre la agricultura mundial, ese es El Niño. Cada vez que el Pacífico tropical se calienta y se forma un episodio de El Niño, los patrones de lluvia y temperatura se alteran en regiones que producen una parte sustancial de los alimentos del planeta.

  ¿Qué Aplicaciones tiene la Edición Genética CRISPR en la Medicina y la Agricultura?

Durante un El Niño típico, el sureste asiático y Australia sufren sequías que reducen la producción de arroz, trigo y caña de azúcar. India experimenta un debilitamiento del monzón que puede recortar su cosecha de arroz y legumbres en un diez o un quince por ciento. En África austral, las sequías asociadas a El Niño diezman las cosechas de maíz, el alimento básico de la región. En América del Sur, en cambio, las lluvias torrenciales inundan los campos de soja y maíz en Argentina, Uruguay y el sur de Brasil, pero al mismo tiempo calientan las aguas frente a Perú y colapsan la pesquería de anchoveta, una fuente esencial de proteína animal para la industria de harinas de pescado.

El episodio de El Niño de 1997-1998, uno de los más intensos del siglo XX, causó pérdidas agrícolas estimadas en decenas de miles de millones de dólares y dejó a millones de personas en situación de inseguridad alimentaria. El de 2015-2016 agravó las sequías en Etiopía y en el sur de África, forzando a gobiernos y agencias humanitarias a lanzar operaciones de emergencia para evitar hambrunas. Cada nuevo El Niño es un recordatorio de que la variabilidad climática no es una abstracción estadística, sino un mecanismo concreto que, en cuestión de meses, puede quitar el pan de la mesa a millones de personas.

La seguridad alimentaria: un castillo con varios muros

La seguridad alimentaria es un concepto que va mucho más allá de que haya suficiente comida producida en el mundo. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) la define a partir de cuatro pilares: disponibilidad (que haya alimentos), acceso (que las personas puedan obtenerlos físicamente y pagarlos), utilización (que los alimentos sean nutritivos y se puedan aprovechar biológicamente) y estabilidad (que los tres pilares anteriores se mantengan en el tiempo).

La variabilidad climática puede golpear cualquiera de esos pilares. El más obvio es la disponibilidad: una sequía o una inundación reducen directamente la cantidad de alimentos producidos en una región. Pero el golpe se transmite rápidamente al acceso. Un agricultor de subsistencia que pierde su cosecha pierde también sus ingresos, y con ellos la capacidad de comprar comida en el mercado. Si la mala cosecha es regional y la oferta de alimentos se reduce, los precios suben, y las familias pobres, que gastan en comida hasta el setenta por ciento de sus ingresos, se ven obligadas a reducir la cantidad y la calidad de lo que comen. Saltan de tres comidas al día a dos, de dos a una. Los adultos comen menos para que los niños coman algo. Los niños, a su vez, sufren malnutrición crónica o aguda, que debilita su sistema inmunitario y los hace más vulnerables a enfermedades que, en condiciones normales, no serían mortales.

La utilización también se resiente. La falta de agua potable, frecuente en contextos de sequía, favorece las enfermedades diarreicas, que impiden al organismo absorber los nutrientes de los pocos alimentos disponibles. Los cultivos que sobreviven a una sequía o a una ola de calor pueden tener un valor nutricional reducido. La estabilidad, finalmente, se rompe cuando los fenómenos climáticos extremos se repiten con demasiada frecuencia, impidiendo a las comunidades recuperarse entre un desastre y el siguiente. La resiliencia, que es la capacidad de absorber un golpe y seguir funcionando, se agota cuando los golpes no dejan de llegar.

La cadena de suministro y los precios mundiales

La agricultura moderna no es solo una actividad local; está integrada en un mercado global donde lo que ocurre en una región productora afecta a los precios y a la disponibilidad de alimentos en el otro extremo del mundo. La variabilidad climática introduce una fuente de inestabilidad en ese mercado que se transmite con rapidez a través de las cadenas de suministro.

  Plan de lecciones de agricultura en el Antiguo Egipto y Mesopotamia

El mecanismo es sencillo. Cuando un gran productor de un alimento básico —pongamos Rusia con el trigo, Brasil con la soja o Tailandia con el arroz— sufre una mala cosecha por una sequía o una ola de calor, el país tiende a restringir sus exportaciones para garantizar el abastecimiento interno. Esa restricción reduce la oferta mundial, los precios internacionales suben y los países importadores, que dependen de comprar comida en el exterior, se enfrentan a facturas más altas o a dificultades para encontrar vendedores. En 2008, una combinación de malas cosechas en varios países productores, restricciones a la exportación y especulación financiera disparó los precios de los cereales y desencadenó disturbios por alimentos en más de treinta países.

El transporte de alimentos también es vulnerable a la variabilidad climática. Las sequías prolongadas reducen el caudal de ríos como el Misisipi o el Rin, que son arterias fundamentales para el transporte de grano en Estados Unidos y Europa. Un río bajo obliga a las barcazas a cargar menos peso y encarece el transporte. Los fenómenos extremos, como huracanes o tifones, pueden dañar puertos, carreteras y almacenes, interrumpiendo la cadena de frío y echando a perder cargamentos enteros de alimentos perecederos. La globalización de la alimentación ha aumentado la eficiencia del sistema, pero también su fragilidad frente a perturbaciones climáticas localizadas.

Los más golpeados: pequeños agricultores y hogares pobres

La variabilidad climática no afecta a todos por igual. Los pequeños agricultores de los países en desarrollo, que cultivan parcelas de menos de dos hectáreas y dependen de la lluvia para regar, son los más expuestos y los que menos herramientas tienen para defenderse. Carecen de seguros agrarios, de sistemas de riego, de acceso al crédito y, a menudo, de títulos de propiedad que les permitan invertir en mejoras a largo plazo. Un año malo puede obligarles a endeudarse con prestamistas locales a tipos abusivos, vender sus tierras o emigrar a las ciudades, donde se incorporan a la economía informal en condiciones precarias.

Los hogares urbanos pobres también son extremadamente vulnerables, aunque no cultiven la tierra. Su vulnerabilidad se canaliza a través de los precios. Cuando los alimentos básicos se encarecen, estas familias, que ya gastan la mayor parte de sus ingresos en comida, se ven obligadas a recortar gastos en educación, salud o vivienda, o a sustituir alimentos nutritivos por alternativas más baratas pero de menor calidad, como harinas refinadas o aceites de baja calidad. Los niños son los primeros en sufrir las consecuencias de esta degradación de la dieta: la desnutrición infantil, incluso en sus formas moderadas, deja secuelas cognitivas y físicas que duran toda la vida.

Glosario de términos complicados

  • Desarrollo fenológico: Secuencia de etapas por las que pasa una planta a lo largo de su ciclo de vida (germinación, crecimiento vegetativo, floración, fructificación, maduración), cada una de las cuales es sensible a las condiciones climáticas.
  • Efecto fertilizante del CO₂: Aumento de la tasa de fotosíntesis y del crecimiento vegetal que se produce al incrementarse la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, siempre que los demás recursos (agua, nutrientes, temperatura) no sean limitantes.
  • Grados-día de crecimiento: Unidad de medida que cuantifica la cantidad de calor acumulado que una planta necesita para completar una etapa de su desarrollo. Se calcula sumando las temperaturas medias diarias por encima de un umbral mínimo.
  • Ola de calor: Período prolongado de temperaturas excepcionalmente altas para una región y una época del año determinadas. En agricultura, su impacto depende de si coincide con fases sensibles del cultivo, como la floración.
  • Resiliencia: Capacidad de un sistema, una comunidad o un individuo para absorber una perturbación, adaptarse a ella y recuperar su funcionamiento básico sin colapsar.
  • Seguridad alimentaria: Situación en la que todas las personas tienen acceso físico, social y económico a alimentos suficientes, inocuos y nutritivos que satisfacen sus necesidades dietéticas para una vida activa y saludable.
  • Sequía meteorológica: Período prolongado de precipitaciones significativamente inferiores a la media histórica en una región determinada. Es distinta de la sequía agrícola (cuando la humedad del suelo es insuficiente para los cultivos) y de la sequía hidrológica (cuando los caudales de los ríos y las reservas de agua bajan de niveles críticos).
  • Vernalización: Exposición de ciertas plantas a un período prolongado de frío invernal, necesaria para que puedan florecer en primavera. El trigo de invierno y muchos frutales de clima templado dependen de este mecanismo.

Resultados de aprendizaje

Al finalizar esta lectura, habrás construido un conocimiento sólido sobre los siguientes aspectos:

  • La forma en que la temperatura, el agua y el dióxido de carbono gobiernan el desarrollo de los cultivos y cómo las anomalías en cualquiera de estos factores —olas de calor, sequías, inundaciones, lluvias erráticas— pueden reducir drásticamente la producción agrícola.
  • El papel de fenómenos de variabilidad climática como El Niño en la desestabilización de la producción mundial de alimentos y su conexión con crisis de precios y hambrunas en regiones vulnerables.
  • El concepto de seguridad alimentaria y sus cuatro pilares (disponibilidad, acceso, utilización y estabilidad), y cómo la variabilidad climática puede debilitar cada uno de ellos de forma directa o indirecta.
  • La transmisión de los impactos climáticos a través de los mercados internacionales de alimentos y la vulnerabilidad de los pequeños agricultores y los hogares urbanos pobres frente a las fluctuaciones de precios y cosechas.
  • Los límites de la tecnología para compensar los efectos de la variabilidad climática y la necesidad de distinguir entre los impactos de la variabilidad natural y los del cambio climático a largo plazo.

Preguntas Frecuentes (FAQs)

Hasta cierto punto, sí. Las variedades de semillas resistentes a la sequía, los sistemas de riego eficientes, la agricultura de precisión y los seguros agrarios basados en índices climáticos pueden reducir la vulnerabilidad de los agricultores. Pero estas tecnologías requieren inversión, acceso al crédito y conocimientos técnicos que a menudo no están al alcance de los pequeños agricultores de los países en desarrollo. La tecnología puede amortiguar los impactos de la variabilidad climática, pero no eliminarlos, y existe el riesgo de que la brecha entre quienes pueden pagar esas tecnologías y quienes no puede hacerlo agrande las desigualdades existentes.

La variabilidad climática se refiere a las fluctuaciones naturales del clima a corto plazo; el cambio climático, a la alteración a largo plazo de las condiciones medias. En la práctica, ambos se superponen. El cambio climático está intensificando ciertos fenómenos de variabilidad: las olas de calor son más frecuentes e intensas, las sequías se prolongan y las lluvias torrenciales son más probables. Lo que antes era un año malo excepcional empieza a convertirse en la nueva normalidad. Para el agricultor, la distinción entre variabilidad y cambio es menos relevante que la constatación de que el clima se está volviendo menos predecible y más extremo.

De múltiples formas. Las olas de calor reducen el apetito de los animales, disminuyen la producción de leche y, en casos extremos, provocan la muerte por estrés térmico. Las sequías agotan los pastos y los abrevaderos, obligando a los pastores a desplazarse largas distancias o a vender su ganado a precios de miseria. Las inundaciones pueden ahogar al ganado y propagar enfermedades como la fiebre aftosa. La ganadería extensiva, que depende de los pastos naturales, es especialmente vulnerable, y muchas comunidades de pastores nómadas en África y Asia están viendo amenazada su forma de vida por la creciente imprevisibilidad del clima.

Algunos cultivos pueden experimentar aumentos puntuales de rendimiento en determinadas condiciones. Un invierno más cálido puede alargar la temporada de crecimiento en latitudes altas, permitiendo cultivar maíz o soja donde antes no era posible. Pero estos beneficios suelen ser temporales y locales, y a menudo se ven contrarrestados por la mayor presión de plagas y enfermedades que también se benefician del calor. A escala global, el balance de la variabilidad climática para la agricultura es negativo, y todos los informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático coinciden en que el cambio climático está reduciendo el crecimiento de la productividad agrícola mundial.

Continúa con:

  1. Meteorología

    Factores que afectan la variabilidad climática: océanos, atmósfera y radiación solar

    ¿Qué es la variabilidad climática? La variabilidad climática es la fluctuación natural de las condiciones...

  2. Medio ambiente y Ecología

    ¿Qué es la agricultura sostenible? – Definición, beneficios y problemas

    ¿Qué es la agricultura sostenible? Si tuviera que elegir, ¿qué preferiría comer: alimentos que se...

  3. Sociología

    Características de las sociedades agrarias

    Las sociedades agrarias han sido fundamentales en el desarrollo de la humanidad. Antes de la...

  4. Historia Mundial

    Plan de lecciones de agricultura en el Antiguo Egipto y Mesopotamia

    Objetivos de aprendizaje Después de esta lección, los estudiantes podrán: Identificar ubicaciones de Egipto y...

Selecciona un tema para seguir aprendiendo