Jasón y los Argonautas: Mito completo, misión y legado

Rodrigo Ricardo Publicado el 7 agosto, 2024 13 minutos y 49 segundos de lectura

Antes de que Aquiles desatara su furia en Troya, antes de que Odiseo ideara el caballo de madera, hubo un héroe que unió a los campeones de Grecia para embarcarse en la misión más peligrosa jamás concebida. Su nombre era Jasón, y su objetivo era arrebatarle al rey tracio Eetes el objeto más codiciado del mundo antiguo: el Vellocino de Oro. Pero el viaje de los Argonautas no es solo una historia de monstruos y conquistas; es un relato complejo sobre el honor, la traición, el papel de la mujer en la mitología y la delgada línea que separa al héroe del villano. ¿Por qué sigue resonando este mito tres mil años después? Porque en el fondo, Argo no solo navegó hacia el fin del mundo; navegó hacia las profundidades de la ambición humana.


El origen del conflicto: La sombra de Pelias

Para entender la misión de Jasón, debemos remontarnos a la turbulenta ciudad de Yolcos, en Tesalia. El rey legítimo era Esón, pero su ambicioso medio hermano, Pelias, usurpó el trono. Temiendo por la vida de su hijo, Esón envió al pequeño Jasón al centauro Quirón, el más sabio de los centauros, quien lo crio en las laderas del monte Pelión, instruyéndolo en el arte de la guerra, la medicina y la virtud heroica.

Veinte años después, un joven de porte majestuoso, vestido con una piel de leopardo (la vestimenta típica de los héroes primitivos) y con una sola sandalia (había perdido la otra en un río ayudando a una anciana que resultó ser la diosa Hera), llegó a Yolcos. Pelias, al ver al hombre de una sola sandalia, sintió un escalofrío. Un oráculo le había advertido: “Guárdate del hombre que lleve una sola sandalia”.

Pelias, artero y cínico, reconoció a su sobrino. En lugar de devolverle el trono, le planteó una trampa con forma de desafío. Aprovechando el rencor que Jasón sentía por el robo del reino, Pelias le dijo:
—Para demostrar que eres digno de la corona, debes realizar una hazaña que vengue nuestra honra. Ve y trae el Vellocino de Oro, la piel del carnero alado que salvó a nuestros antepasados. Solo un gran rey merece poseer tal tesoro.

Jasón, impulsado por la hybris (arrogancia juvenil) y la promesa del trono, aceptó. No sabía que Pelias lo enviaba a una misión suicida. El Vellocino se encontraba en la remota Cólquide (la actual Georgia), en el confín del mundo conocido, custodiado por un dragón que nunca dormía y por un rey bárbaro implacable.


La construcción de la nave: El Argo y los héroes

Todo gran mito necesita un gran barco. Jasón encargó la construcción de una nave sin precedentes, diseñada por Argos (de ahí el nombre Argo). Era una pentecontera (barco de cincuenta remos) pero con una característica única: en su proa se insertó una tabla de madera sagrada del bosque de Dodona, la cual tenía el don de la palabra y podía pronunciar oráculos.

Pero lo que hace excepcional a esta travesía es el grupo de héroes que Jasón logró convocar. A diferencia de las epopeyas posteriores (como la Ilíada), aquí los héroes no luchan entre sí por un botín, sino que colaboran en una misión común. La lista de los Argonautas (tripulantes del Argo) es un quién es quién de la mitología griega. Entre ellos destacaban:

  • Hércules (Heracles): El más fuerte de los mortales, aunque se quedó en el camino (según algunas versiones, buscando a su amado Hilas, lo que simboliza que ni el más fuerte está exento de la pasión).
  • Orfeo: El músico divino, cuya lira podía calmar las aguas turbulentas y rivalizar con el canto de las sirenas.
  • Cástor y Pólux (Dioscuros): Gemelos divinos, protectores de marineros.
  • Atalanta: En algunas versiones, la única mujer del grupo, una cazadora velocísima.
  • Peleo y Telamón: Padres de Aquiles y Áyax, respectivamente.
  • Teseo: El futuro rey de Atenas, vencedor del Minotauro (aunque en algunas cronologías no coincidía).
  • Laertes: Padre de Odiseo.
  • Zetes y Calais: Hijos alados del dios Bóreas (viento del norte).

Esta tripulación representa la areté (excelencia) griega en su máxima expresión. No eran súbditos, sino reyes y semidioses que se sometieron voluntariamente al mando de Jasón, un líder más joven y menos experimentado que muchos de ellos. Este hecho subraya el carisma inicial del protagonista.


El viaje de ida: Obstáculos y prodigios

El periplo del Argo es un catálogo de los peligros del mundo conocido y desconocido. Cada escala es una lección de mitografía.

Lemnos y la guerra de los sexos

La primera parada fue la isla de Lemnos, habitada únicamente por mujeres. Habían asesinado a todos sus maridos por despecho (al haber sido despreciadas por estos por mujeres tracias). Las lemnias, temiendo una invasión, salieron al encuentro de los argonautas con ofertas de hospitalidad. Jasón y sus hombres engendraron una nueva raza (los minias). Esta parada, aunque placentera, casi destruye la misión. Finalmente, Hércules (quien no se dejó distraer) los avergonzó para que retomaran el viaje. Este episodio refleja el temor griego a la disolución de la sociedad si se abandonaba el ethos guerrero por el placer.

Los Gegeines y la profecía de Fineo

En la costa de Misia, el joven Hilas (escudero de Hércules) fue raptado por ninfas acuáticas mientras buscaba agua. Hércules, desesperado, se internó en el bosque. El Argo zarpó sin él. Aunque se cuenta como una pérdida, la partida de Hércules es narrativamente necesaria: si el semidiós hubiera estado presente, el peligro de la Cólquide habría sido trivial.

Más adelante, encontraron a Fineo, un adivino ciego atormentado por las Arpías (monstruos alados con rostro de mujer y cuerpo de ave que robaban su comida). A cambio de la liberación de Fineo (ejecutada por los hijos alados de Bóreas), el ciego les reveló cómo cruzar las Simplégades (las Rocas Azules).

Las Simplégades eran dos acantilados que chocaban entre sí a velocidad vertiginosa, destruyendo cualquier nave que intentara pasar. La estrategia de Fineo fue clave: soltar una paloma para que volara entre las rocas; si la paloma sobrevivía, ellos debían remar con toda su fuerza en el instante preciso en que las rocas se separaban tras el choque. La paloma perdió solo las plumas de la cola. Los argonautas remaron con furia. El Argo pasó, perdiendo solo el extremo del timón. Desde entonces, las Simplégades quedaron fijas para siempre, cumpliendo la profecía de que si una nave lograba cruzarlas, perderían su poder.


La Cólquide: Medea y la conquista del Vellocino

La llegada a Cólquide no fue una invasión, sino un ejercicio de diplomacia fracasada. Jasón, confiado en su fama, se presentó ante el rey Eetes exigiendo el Vellocino. El rey, enfurecido, accedió a dárselo solo si Jasón realizaba tres hazañas que consideraba imposibles para un mortal:

  1. Arar un campo sagrado de Ares con dos toros de bronce que exhalaban fuego y tenían pezuñas de bronce.
  2. Sembrar en ese campo los dientes de un dragón que, al ser plantados, brotaban como un ejército de hombres armados (los espartoi).
  3. Matar al dragón que nunca dormía, que custodiaba el Vellocino enrollado en un roble sagrado.

Jasón estaba perdido. Pero aquí entra en escena el personaje más complejo de la mitología: Medea.

Medea era hija de Eetes y sacerdotisa de Hécate, la diosa de la magia y la brujería. La diosa Hera, que seguía protegiendo a Jasón (en agradecimiento por haber ayudado a la anciana en el río años atrás), hizo que Eros (Cupido) disparara una flecha al corazón de Medea, desatando en ella una pasión irrefrenable por Jasón.

El conflicto interno de Medea
Medea se debate entre la lealtad a su padre y su amor por el extranjero. Finalmente, el amor (y la magia) triunfan. Ella le ofrece a Jasón un pacto: ella le daría la victoria si él juraba ante los dioses llevarla a Grecia como su esposa. Jasón juró.

Medea le entregó un ungüento mágico (hecho con la savia de una planta prometeica) que volvía invulnerable por un día. Gracias a ello, Jasón enfrentó a los toros de bronce, los uncío al arado y sembró los dientes. Cuando los espartoi nacieron, siguiendo el consejo de Medea, lanzó una piedra en medio de ellos. Los guerreros, creyéndose atacados entre sí, se enfrentaron en una masacre fratricida, y Jasón acabó con los sobrevivientes.

Finalmente, Medea llevó a Jasón al bosque sagrado. Con sus conjuros, adormeció al dragón colquidio (un monstruo de cien cabezas o, según otras versiones, una serpiente colosal). Jasón tomó el Vellocino y, junto con los argonautas y Medea (que llevaba consigo a su hermano menor, Apsirto), huyeron bajo el manto de la noche.


El viaje de regreso: La huida y la tragedia

El retorno no fue menos azaroso. Eetes, furioso, envió su flota en persecución. Para retrasarlos, Medea cometió el acto más oscuro de su juventud: asesinó a su propio hermano Apsirto, lo desmembró y arrojó los pedazos al mar. Eetes, desesperado por recoger los restos de su hijo para darle sepultura, detuvo la persecución. Este acto de sparagmos (desmembramiento) no solo muestra la lealtad absoluta de Medea hacia Jasón, sino también la condena trágica que pesaría sobre su futura relación. Jasón, aunque cómplice, se benefició del crimen.

En el viaje, el Argo enfrentó otros peligros:

  • Las Sirenas: Mujeres-ave cuyo canto hacía estrellar las naves contra los acantilados. Orfeo tomó su lira y tocó una melodía tan hermosa que ahogó el canto de las sirenas.
  • Escila y Caribdis: En algunas versiones, lograron esquivar a estos monstruos gracias a la ayuda de Tetis (la nereida, madre de Aquiles).
  • Talia (la isla de las ninfas): Tras una purificación por el asesinato de Apsirto, el Argo finalmente arribó a Yolcos.

El regreso a Yolcos: La venganza de Medea

Al llegar, Jasón descubrió que su padre Esón había sido envejecido forzosamente por Pelias (o se había suicidado, según versiones). Jasón entregó el Vellocino, pero Pelias se negó a ceder el trono.

Una vez más, Jasón recurrió a Medea. Ella ideó un plan siniestro: se presentó ante las hijas de Pelias (las Peliades) como una sacerdotisa capaz de rejuvenecer a los ancianos. Para demostrarlo, tomó un viejo carnero, lo descuartizó y lo hirvió en un caldero con hierbas mágicas, haciendo surgir de él un cordero vivo. Las hijas de Pelias, engañadas, descuartizaron a su propio padre y lo hirvieron, esperando que resucitara joven. Pelias murió.

Aunque Jasón obtuvo el trono de Yolcos (que pronto perdió por el exilio que le siguió a este crimen), este acto marcó el principio del fin. Su reinado no fue recordado por la prosperidad, sino por el asesinato ritual que permitió. Jasón y Medea fueron exiliados a Corinto.


El legado: La traición, la soledad y la venganza

Los últimos años de la pareja en Corinto fueron, inicialmente, de estabilidad. Tuvieron hijos. Sin embargo, Jasón, movido por la ambición política y el deseo de asegurar su linaje, decidió repudiar a Medea para casarse con Glauce (también llamada Creúsa), la hija del rey Creonte de Corinto.

Este es el punto de inflexión donde el héroe se convierte en antagonista de su propia historia. Jasón justificó su traición alegando que buscaba un matrimonio ventajoso para garantizar el futuro de sus hijos, menospreciando los sacrificios de Medea (abandono de su patria, asesinato de su hermano, traición a su padre). Medea, desposeída y exiliada por Creonte, reaccionó con la furia de una diosa vengativa.

La venganza de Medea es una de las más terribles de la literatura clásica:

  1. Envió a Glauce un vestido y una diadema impregnados de veneno. Al ponérselos, la princesa ardió en llamas. Su padre, Creonte, murió al intentar salvarla.
  2. Para castigar a Jasón en lo más profundo, Medea asesinó a sus propios hijos (Mérmero y Feres) frente a él.

La obra de Eurípides, Medea (431 a.C.), humaniza este episodio mostrando el dolor de una mujer traicionada en una sociedad patriarcal. Jasón termina solo, maldito y sin descendencia. Según la tradición, años después, mientras reposaba la sombra de su nave Argo (que había sido arrastrada a la playa), una viga podrida se desprendió y golpeó a Jasón en la cabeza, matando al héroe en la más ignominiosa de las soledades.


Interpretación y legado cultural

El mito de Jasón y los Argonautas es mucho más que una simple aventura. Es un espejo de la evolución del pensamiento griego.

El anti-héroe
A diferencia de Heracles (que redime sus crímenes con trabajos) o Aquiles (que elige la gloria sobre la longevidad), Jasón es un héroe «fallido». Carece de la sophrosyne (moderación). Su éxito depende completamente de la magia de una mujer (Medea) y su carisma inicial se disuelve en egoísmo. Su historia advierte sobre los peligros del oportunismo sin responsabilidad ética.

El papel de la mujer
Medea es el personaje más poderoso del mito. Mientras Jasón representa la fuerza física ineficaz sin ayuda, Medea simboliza el conocimiento esotérico, la magia y la pasión irracional. La tragedia de su relación refleja el conflicto ateniense entre el logos (razón masculina, aunque en Jasón es una razón torpe) y el pathos (emoción femenina).

El viaje iniciático
La expedición de los Argonautas es el arquetipo del viaje iniciático. El cruce de las Simplégades representa la superación de obstáculos insalvables que, una vez vencidos, dejan de existir. Es la primera gran nostos (viaje de regreso) en la literatura occidental, precursora de la Odisea.

El Vellocino como símbolo
El Vellocino de Oro no era solo una piel de carnero. Los estudiosos modernos lo interpretan como un símbolo de poder real, de técnicas de minería aluvial (se usaban vellones para atrapar el oro en los ríos) o incluso como un símbolo solar. Lo importante es que el objeto en sí mismo es casi irrelevante en la narrativa; lo que importa es lo que los héroes sacrifican para obtenerlo.


Resultados de aprendizaje

Después de la lectura exhaustiva de este artículo, el estudiante estará capacitado para:

  1. Identificar las causas y consecuencias del viaje de los Argonautas, comprendiendo la estructura narrativa que va desde la usurpación de Pelias hasta la muerte solitaria de Jasón.
  2. Analizar el rol de los Argonautas como un colectivo heroico, diferenciando este modelo del héroe solitario típico de otras epopeyas (como Aquiles o Heracles).
  3. Explicar la función de Medea como deus ex machina y antihéroe femenino, valorando su evolución desde una princesa enamorada hasta una figura trágica de venganza absoluta.
  4. Describir los principales obstáculos mitológicos (Simplégades, Sirenas, Dragón de Cólquide, Toros de Bronce) y su significado simbólico dentro de la iniciación heroica.
  5. Relacionar el mito con sus fuentes literarias clásicas, mencionando a Apolonio de Rodas (Argonáuticas), Eurípides (Medea) y las referencias en la Odisea.
  6. Evaluar el concepto de «héroe trágico» en la cultura griega, contrastando la areté (excelencia) inicial de Jasón con su hamartía (error trágico) que conduce a su caída moral y social.

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Rodrigo Ricardo Editor y fundador