Los ácaros en gatos son parásitos microscópicos, similares a arañas diminutas, que pertenecen a la clase de los arácnidos. A diferencia de las pulgas, que suelen ser visibles, muchos ácaros son imperceptibles al ojo humano y se instalan en la piel, los oídos o el pelaje del felino para alimentarse de células muertas, sangre o fluidos tisulares. Esta actividad genera una respuesta inflamatoria intensa que se traduce en el síntoma más característico: el picor descontrolado.

La peligrosidad de estos organismos no reside en su tamaño, sino en su capacidad de multiplicarse de forma explosiva y en las infecciones secundarias que suelen provocar. Un gato con ácaros puede pasar de un rascado ocasional a producirse heridas profundas en cuestión de días. Identificar el tipo específico de ácaro es fundamental, ya que existen variedades que excavan túneles en la piel y otras que viven en la superficie del conducto auditivo. El tratamiento, por lo tanto, debe ser siempre dirigido por un veterinario especializado en dermatología felina, evitando remedios caseros que pueden empeorar la condición.
¿Qué son exactamente los ácaros felinos?

Pequeños arácnidos con un gran impacto
Conviene aclarar que no todos los organismos que llamamos «bichos» son insectos. Los ácaros pertenecen a la familia de los arácnidos, la misma que las arañas y las garrapatas. Esto significa que, en su etapa adulta, poseen ocho patas (aunque en su fase larvaria tienen seis). Su tamaño es ínfimo, generalmente inferior a medio milímetro, lo que los convierte en habitantes invisibles del nicho ecológico que representa la piel del gato. Para entender su tamaño, podemos compararlos con un grano de sal fina. Un solo grano de sal sobre la encimera es casi imperceptible; ahora imagina ese mismo tamaño dotado de movimiento y capacidad reproductiva.
Lo que define a un ácaro como parásito es su dependencia del huésped. Necesitan al gato para completar su ciclo de vida. Algunos viven en la superficie y se alimentan de queratina y restos celulares, mientras que otros excavan galerías microscópicas en la epidermis para depositar sus huevos. La saliva y los desechos metabólicos de estos organismos contienen sustancias altamente alergénicas. El sistema inmunológico del felino reacciona violentamente contra estas sustancias extrañas, y esa reacción es lo que percibimos como picor. La inflamación resultante puede alterar la barrera cutánea, facilitando la entrada de bacterias y levaduras.
Un ecosistema en la piel
La piel del gato no es una superficie inerte, sino un ecosistema vivo con un equilibrio delicado. En condiciones normales, la barrera lipídica actúa como una muralla defensiva. Cuando los ácaros colonizan esta zona, rompen esa armonía de dos maneras: mediante la agresión mecánica de sus quelíceros (las piezas bucales con las que muerden) y mediante la agresión química de sus secreciones. El resultado es una dermatitis parasitaria que, en función de la especie de ácaro involucrada, recibirá un nombre clínico distinto.
¿Cómo identificar una infestación de ácaros?

Señales físicas que no debes ignorar
El picor, conocido médicamente como prurito, es el principal indicio. Sin embargo, hay que diferenciar entre el acicalamiento normal y la respuesta patológica. Un gato que se detiene a lamerse el costado durante la siesta es normal. Un gato que interrumpe su comida, su juego o su sueño profundo para morderse con furia la base de la cola o las patas está emitiendo una señal de socorro. La intensidad es la clave. Los ácaros no causan una molestia leve; causan una irritación persistente que anula la capacidad del animal para relajarse.
Más allá del picor, la piel ofrece pistas visuales que pueden reconocerse al separar el pelaje. Las pápulas son pequeñas elevaciones rojizas similares a la superficie de una pelota de baloncesto vista desde lejos. Cuando estas pápulas confluyen, se forman costras amarillentas o marrones. Si observamos con atención en zonas donde el pelo es escaso, podríamos ver un patrón de pequeños puntos rojos que los veterinarios describen como «picaduras de sal y pimienta». Este moteado es casi diagnóstico en ciertas sarnas. El pelaje, además, pierde su brillo natural. Se vuelve opaco, quebradizo y, en zonas de rascado crónico, se cae dejando áreas de alopecia con bordes irregulares.
Un cambio de comportamiento silencioso
El dolor y el picor crónicos modifican el carácter. Un gato sociable y mimoso puede volverse huidizo. No quiere que le toquen ciertas zonas, especialmente el lomo o las orejas, porque la presión digital sobre la piel inflamada le genera una descarga de dolor. En otros casos, el comportamiento cambia hacia la apatía; el animal deja de saltar a los muebles altos o se queda enroscado durante horas en una postura defensiva. Los dueños de gatos con experiencia saben que un cambio en el mapa de zonas de descanso del animal suele ser un signo temprano de enfermedad. Si el gato que solía dormir en la almohada ahora se esconde bajo la cama, el malestar físico, posiblemente causado por ácaros que se activan en la oscuridad, puede estar detrás de esta nueva rutina.
Las variedades más frecuentes que atacan a los gatos
No existe un único tipo de ácaro, sino varios enemigos distintos con estrategias de ataque particulares. Conocer sus diferencias es vital para que el tratamiento no fracase. Si se aplica un producto pensado para una especie equivocada, la infestación no se resolverá.
El enemigo auditivo: Otodectes cynotis
Si se habla de ácaros en gatos, el Otodectes cynotis es el protagonista absoluto de la sarna otodéctica. Es la causa más común de otitis externa en gatos jóvenes y también puede afectar a adultos. Este parásito tiene una predilección casi exclusiva por el canal auditivo, aunque en infestaciones severas puede migrar a la cabeza y el cuello. Su ciclo biológico, desde huevo hasta adulto, se completa en aproximadamente tres semanas y lo realiza enteramente sobre el huésped. Sobrevive poco tiempo en el ambiente, pero el suficiente para contagiar a otros gatos en el hogar.
Imagina un poso de café muy fino y oscuro. Ese es el aspecto del exudado que generan estos ácaros dentro del oído. Es una mezcla de cera, sangre digerida y restos del parásito. El gato afectado sacude la cabeza con violencia, como si intentara expulsar agua del oído. Puede inclinar la cabeza hacia un lado, un gesto clínico llamado inclinación cefálica. Si la inflamación progresa sin control, el tímpano corre riesgo de perforarse, y la infección puede migrar al oído interno, provocando trastornos vestibulares graves donde el gato camina en círculos o pierde el equilibrio. Resulta ilustrativo comparar esta molestia con la sensación humana de tener un insecto vivo zumbando dentro del oído, pero multiplicada y sin capacidad de extraerlo con los dedos.
El excavador silencioso: Notoedres cati
La sarna notoédrica está provocada por el Notoedres cati. Esta variante es prima hermana de la sarna sarcóptica del perro, pero con una marcada preferencia por los felinos. Su modo de actuar es más invasivo. Las hembras fecundadas no se quedan en la superficie; excavan túneles en la capa córnea de la piel para depositar sus huevos. El cuerpo del gato interpreta estos túneles como una agresión masiva y responde con un engrosamiento de la piel, llamado hiperqueratosis, y una producción excesiva de costras grisáceas y gruesas.
Este parásito tiene un patrón de ataque geográfico muy concreto. Suele comenzar en los bordes de las orejas, extendiéndose rápidamente hacia la frente, la nariz y los párpados. Las costras pueden llegar a ser tan densas que agrietan la piel, dándole un aspecto de cuero viejo. El picor es atroz y no responde a los corticoides, lo que ayuda al veterinario a diferenciarlo de alergias comunes. La comparación visual más clara es la de una coliflor seca. Así se ven los márgenes de las orejas en un caso avanzado, con un tejido engrosado y deformado por la cronicidad del rascado y la costra.
El intruso oportunista: Cheyletiella
Conocida como la caspa andante, esta infestación está causada por el Cheyletiella blakei. Aquí el enfoque cambia, porque este ácaro es superficial y de un tamaño relativamente grande, a veces visible con lupa como motas blancas móviles. No excava, sino que se desplaza por la capa queratínica, depositando huevos que se adhieren a los tallos pilosos. El síntoma más engañoso es la descamación masiva. El dueño puede pensar que el gato tiene la piel seca o caspa común, sobre todo en la línea dorsal, desde los hombros hasta la cola.
Los movimientos del ácaro arrastrando las escamas de piel muerta le dan ese apelativo de «caspa andante». El picor varía mucho entre individuos; algunos gatos lo toleran con leves molestias y otros desarrollan una dermatitis miliar (pequeñas costras que parecen semillas) muy pruriginosa. Cheyletiella es un ácaro que puede sobrevivir varias semanas en el ambiente y, lo que es una señal de alerta para la familia, puede saltar a los humanos causando pequeñas ronchas en brazos y abdomen, aunque no completa su ciclo en nosotros. Si varios miembros de la familia empiezan a rascarse tras la llegada de un nuevo gato a casa, el diagnóstico apunta en esta dirección.
El enemigo inmunitario: Demodex cati
Aquí la lógica se invierte. Mientras que los anteriores son parásitos altamente contagiosos, Demodex cati habita de forma natural en los folículos pilosos de muchos gatos sanos sin causar enfermedad. El sistema de defensa del cuerpo mantiene su población a raya, en un equilibrio parecido al de las bacterias buenas en el intestino. El problema surge cuando ese sistema se debilita. Patologías como la leucemia felina, la inmunodeficiencia viral felina, diabetes no controlada o tratamientos inmunosupresores prolongados abren la puerta a una proliferación descontrolada.
El Demodex no causa picor al principio. Su presencia se manifiesta con pérdida de pelo localizada, a menudo alrededor de los ojos, el mentón o los párpados, zonas con folículos pilosos finos. La piel se enrojece y puede tornarse grasienta (seborrea). Si se complica con una infección bacteriana secundaria, entonces sí aparece el picor. La presencia de este ácaro en un gato adulto obliga al veterinario a buscar la enfermedad subyacente que lo ha permitido. No se trata de matar al ácaro y olvidarse; se trata de diagnosticar qué está fallando en la inmunidad del paciente. En este caso, la comparación es con un jardinero y la hierba mala: las hierbas siempre están, pero el jardinero (el sistema inmune) las corta; si el jardinero enferma, el jardín se invade.
Tabla comparativa de ácaros felinos habituales
| Tipo de ácaro | Localización principal | Signo clínico distintivo | ¿Contagia a humanos? |
|---|---|---|---|
| Otodectes cynotis | Canal auditivo (oídos) | Secreción oscura similar al café molido; sacudidas de cabeza. | No (es muy raro) |
| Notoedres cati | Cabeza, bordes de orejas, cuello | Costras gruesas y grisáceas con piel engrosada; picor extremo. | Sí (de forma temporal) |
| Cheyletiella blakei | Dorso (espalda) | Caspa abundante que se mueve; escamas grandes. | Sí (lesiones transitorias) |
| Demodex cati | Párpados, mentón, patas | Alopecia sin picor inicial; piel grasa o enrojecida. | No |
Cómo se llega al diagnóstico correcto
La certeza no se obtiene a simple vista. El veterinario debe ponerle nombre y apellido al parásito. Las pruebas para identificar ácaros no suelen ser invasivas ni dolorosas, pero requieren meticulosidad. La herramienta más directa es el raspado cutáneo. Con una hoja de bisturí sin filo, se raspa suavemente la piel hasta provocar un ligero sangrado capilar. No se trata de un corte, sino de un barrido de las capas superficiales. Este material se extiende en un portaobjetos con aceite mineral y se examina al microscopio. Es una técnica eficaz para los ácaros excavadores como Notoedres o Demodex. Ver a estos organismos moviéndose entre las escamas de piel confirma el diagnóstico de inmediato.
Para los ácaros superficiales como Cheyletiella, el raspado a veces los aplasta o los expulsa. En esos casos se recurre a la prueba de la cinta adhesiva, presionando una tira transparente sobre la piel y el pelo para capturar a los parásitos intactos. La sarna de oídos, por su parte, se diagnostica con un hisopo de algodón y un otoscopio, examinando el cerumen oscuro bajo el microscopio. A menudo, los ácaros del oído se ven moviéndose entre los restos de cera. En clínicas avanzadas, se puede usar una tricoscopia, una cámara de aumento que permite ver los huevos adheridos a los pelos en tiempo real sin arrancarlos.
Cómo erradicarlos eficazmente
Falsos mitos que agravan el problema
Antes de detallar los tratamientos efectivos, resulta necesario desmontar creencias arraigadas que circulan en internet. Los remedios caseros, como el aceite de cocina o el vinagre de manzana dentro del oído, son contraproducentes. El vinagre tiene un pH ácido que daña la piel ya erosionada y puede ser ótico si el tímpano está dañado. El aceite puede asfixiar a los ácaros adultos momentáneamente, pero no elimina los huevos, por lo que la infestación rebrota a los pocos días. Usar collares antipulgas no específicos para ácaros o baños con jabón de lavar platos solo reseca más la barrera cutánea, agravando la irritación. El tiempo perdido con estos intentos es el tiempo que los ácaros usan para seguir reproduciéndose y lesionando la piel.
La farmacología dirigida al sistema nervioso del parásito
El enfoque moderno se basa en moléculas que interfieren en los canales de cloro de los parásitos, causándoles parálisis y muerte. Las lactonas macrocíclicas y las isoxazolinas han revolucionado el manejo de estos problemas. Fármacos como la selamectina o la moxidectina, presentados en formato de pipetas de aplicación tópica en la nuca, tienen acción sistémica. Esto significa que, tras su aplicación, el principio activo circula por el torrente sanguíneo y la piel, matando a los ácaros cuando intentan alimentarse.
Las isoxazolinas, como el fluralaner, disponibles en comprimidos masticables o pipetas de larga duración, ofrecen una protección de entre cuatro y doce semanas con una sola administración. Funcionan como un apagón neurológico para el parásito. La ventaja es la certeza de la dosis y la facilidad para gatos difíciles de manipular. La elección entre pipeta o pastilla depende del temperamento del gato y de la presencia de vómitos o problemas digestivos. Ninguna de estas moléculas actúa contra los huevos, por lo que la pauta de tratamiento debe cubrir la duración del ciclo biológico de la especie de ácaro implicada, lo que obliga a repetir las administraciones durante al menos seis u ocho semanas.
Tratamiento del entorno
Aquí reside la diferencia entre una solución definitiva y una reinfestación constante. Los huevos y las larvas no solo están sobre el gato; muchos caen al suelo, se alojan en el rascador, en las mantas, en el sofá o en el transportín. La limpieza profunda forma parte del tratamiento médico. Se recomienda aspirar a conciencia todas las superficies textiles, prestando especial atención a las zonas donde el gato duerme. La bolsa de la aspiradora debe desecharse de inmediato en un cubo fuera de casa. Las mantas y cojines deben lavarse con agua caliente a un mínimo de 60 grados centígrados. El calor sostenido destruye la cutícula de los ácaros y desnaturaliza sus proteínas.
Para ácaros especialmente resistentes en el ambiente, como Cheyletiella, se pueden utilizar aerosoles acaricidas ambientales específicos para mascotas. Durante el tratamiento del entorno, los gatos afectados deben permanecer fuera de la habitación tratada hasta que el producto seque. El proceso de limpieza no es un extra opcional. Si el gato se cura pero salta de nuevo al cojín contaminado que no se ha lavado, los ácaros recién eclosionados colonizarán sus orejas o su lomo de nuevo, obligando a empezar el ciclo desde cero.
El impacto en la salud a largo plazo
Una sarna no diagnosticada durante meses deja secuelas que van más allá de la piel. La inflamación crónica y el estrés del picor continuo elevan los niveles de cortisol en el gato, lo que deprime aún más el sistema inmunológico. Se crea un círculo vicioso donde la bajada de defensas facilita infecciones por hongos, como la tiña, o por bacterias resistentes. En los oídos, las otitis crónicas por Otodectes provocan el engrosamiento y la calcificación del conducto auditivo, una condición irreversible que requiere cirugía para aliviar el dolor.
La piel, por su parte, puede desarrollar una reacción granulomatosa a cuerpo extraño por los restos de ácaros muertos. Estos granulomas son nódulos duros que requieren biopsia para confirmar que no se trata de un proceso tumoral. A nivel estético, el pelo puede tardar meses en crecer de forma uniforme tras una infestación severa, sobre todo en razas de pelo denso como el persa. Sin embargo, con un tratamiento constante y sin abandono prematuro, las lesiones en la epidermis se regeneran y el gato recupera un aspecto saludable.
Prevención y convivencia segura
La prevención se apoya en dos columnas: la protección farmacológica continua y la higiene. Los protocolos modernos de desparasitación externa incluyen moléculas acaricidas que se aplican mensualmente, incluso en gatos que viven exclusivamente dentro de casa. Los humanos podemos transportar ácaros en la ropa o los zapatos tras visitar colonias felinas o criaderos. La revisión semanal del gato en casa, levantando las orejas, palpando la piel del lomo y observando si hay zonas de calvicie, permite detectar problemas antes de que se agraven. El cepillado diario no es solo un gesto afectivo; es una maniobra de inspección. Pasar un cepillo fino o un guante de goma por el lomo permite ver si se desprenden escamas de caspa anormales o si el gato manifiesta dolor en algún punto.
Al introducir un nuevo gato en casa, el aislamiento preventivo durante dos a cuatro semanas y una revisión veterinaria con raspado de piel es una inversión en tranquilidad. Los criaderos y refugios responsables tienen protocolos de cuarentena para evitar brotes de sarna notoédrica o Cheyletiella, que se propagan con enorme rapidez en colectividades felinas. Si un gato de la colonia o de la calle necesita ser rescatado, manipularlo con guantes y cambiarse de ropa antes de tocar a los gatos residentes reduce significativamente el riesgo de introducir estos parásitos en el hogar.
Términos complejos explicados de forma sencilla
- Alopecia: Caída anormal del pelo que puede presentarse en zonas circulares o difusas sobre la piel del animal. No siempre implica picor; a veces es solo la respuesta del folículo piloso a la inflamación.
- Costra: Capa endurecida compuesta por suero sanguíneo seco, pus y restos celulares que se forma sobre una erosión de la piel como barrera protectora natural durante la cicatrización.
- Cortisol: Hormona que las glándulas suprarrenales liberan en situaciones de estrés prolongado. Niveles altos de cortisol sostenidos debilitan la respuesta inmunitaria del gato frente a infecciones.
- Dermatitis: Inflamación de la dermis y epidermis que cursa con enrojecimiento, calor, hinchazón y dolor. En gatos, la dermatitis suele ser la manifestación visible de una reacción alérgica o parasitaria.
- Ectoparásito: Parásito que vive en la superficie externa del huésped, como la piel o los oídos, a diferencia de los endoparásitos que viven en órganos internos.
- Eritema: Enrojecimiento difuso de la piel causado por la dilatación de los capilares sanguíneos como respuesta a una agresión, inflamación o alergia.
- Hiperqueratosis: Engrosamiento anormal de la capa externa de la piel debido a una producción excesiva de queratina, frecuentemente como respuesta al rascado crónico y la inflamación.
- Lactonas macrocíclicas: Familia de fármacos antiparasitarios producidos por la bacteria Streptomyces, que actúan interfiriendo en los canales de cloro de los invertebrados, paralizándolos.
- Otitis externa: Inflamación del conducto auditivo externo, que va desde el pabellón auricular hasta el tímpano, sin afectar necesariamente al oído medio o interno.
- Pápula: Pequeña lesión elevada y sólida sobre la piel, de menos de un centímetro de diámetro, que suele ser de color rojo y constituye la lesión primaria en muchas enfermedades cutáneas.
- Prurito: Sensación desagradable que provoca el deseo irreprimible de rascarse. Es un síntoma, no una enfermedad en sí mismo, y en dermatología felina su intensidad orienta hacia el diagnóstico.
- Quelícero: Cada una de las piezas bucales en forma de pinza o uña que poseen los arácnidos, incluidos los ácaros, para sujetar y cortar el alimento o para perforar la piel del huésped.
- Zoonosis: Enfermedad o infestación que puede transmitirse de forma natural desde los animales vertebrados a los seres humanos y viceversa.
Resultados de aprendizaje
Después de leer este artículo, se habrán alcanzado las siguientes competencias sobre el cuidado dermatológico felino:
- Identificar las principales variedades de ácaros que infestan a los gatos domésticos, reconociendo sus diferencias biológicas y las distintas amenazas que representan para la salud cutánea y auditiva.
- Diferenciar los signos clínicos específicos de cada tipo de sarna, permitiendo describir con precisión al veterinario si el origen es oído, cabeza o dorso, y el tipo de lesión presente.
- Comprender las pruebas diagnósticas que utiliza el especialista, como el raspado cutáneo y la cinta adhesiva, y la importancia de confirmar la especie antes de iniciar un tratamiento.
- Evaluar las opciones farmacológicas actuales, distinguiendo entre remedios caseros ineficaces y medicamentos acaricidas con respaldo científico para asegurar la erradicación completa del parásito.
- Ejecutar un plan de limpieza ambiental eficaz que abarque textil, suelos y mobiliario, comprendiendo la capacidad de supervivencia de los ácaros fuera del animal para prevenir reinfestaciones.
- Reconocer los riesgos de transmisión a humanos y otras mascotas, aplicando las medidas de cuarentena y protección personal adecuadas frente a ácaros zoonóticos como Cheyletiella y Notoedres.
- Establecer una pauta de prevención continua mediante el uso regular de antiparasitarios externos acaricidas y la inspección visual semanal, manteniendo la integridad de la barrera cutánea del gato a largo plazo.
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Preguntas Frecuentes (FAQs)
La respuesta varía según el tipo de ácaro. El Cheyletiella y el Notoedres son zoonóticos, lo que implica que pueden pasar a las personas de forma temporal. En humanos, las lesiones suelen aparecer como pequeñas ronchas rojas con picor en brazos, cintura y abdomen. Estas lesiones desaparecen por sí solas en unas semanas cuando el gato recibe tratamiento eficaz, ya que no completan su ciclo vital en la piel humana. Los perros en el hogar también deben ser revisados, porque pueden actuar como portadores sin síntomas claros. El Otodectes cynotis y el Demodex cati no se transmiten a humanos.
La causa más habitual es la presencia de restos de ácaros muertos y secreciones que aún irritan el canal auditivo. Es necesario limpiar el oído con un limpiador ceruminolítico prescrito para eliminar ese detritus. Otra posibilidad es que la infestación haya dañado el tímpano y se haya generado una infección bacteriana o por levaduras (Malassezia) que requiere antibióticos o antimicóticos adicionales. La pipeta elimina los parásitos vivos, pero no repara el tejido dañado. Si el picor persiste más de tres semanas tras el tratamiento acaricida, el veterinario debe tomar una muestra para citología ótica y descartar resistencias o complicaciones.
La sarna no deja inmunidad. Un gato que ha superado una infección por Notoedres o Cheyletiella puede volver a infestarse si se expone nuevamente al parásito. La erradicación total del cuerpo del gato es posible con el tratamiento adecuado, pero el riesgo ambiental sigue existiendo. Los gatos con acceso al exterior, especialmente si cazan roedores o entran en contacto con colonias felinas no controladas, tienen mayor riesgo de reinfestación. Mantener un calendario regular de protección acaricida mensual es la única forma de romper permanentemente el ciclo.
No hay una predisposición racial genética directa para la mayoría de los ácaros, excepto en el caso del Demodex cati, donde razas como el siamés y el birmano han mostrado una mayor incidencia en estudios clínicos, posiblemente asociado a predisposiciones inmunológicas. La verdadera predisposición la marcan las condiciones de hacinamiento y la juventud. Los gatitos de refugios, criaderos con escasa higiene o gatos que viven en grupos numerosos tienen muchas más probabilidades de sufrir brotes de sarna otodéctica o notoédrica por la facilidad de transmisión directa.
Para eliminar los ácaros por completo, se debe seguir un protocolo de tres pasos: Visita obligatoria al veterinario: Antes de aplicar cualquier producto, un profesional debe confirmar mediante un raspado de piel o un examen con otoscopio qué tipo de ácaro tiene el gato. Nunca uses tratamientos para perros, ya que muchos contienen principios activos (como las permetrinas) que son altamente tóxicos y mortales para los felinos. Tratamiento antiparasitario específico: El veterinario recetará el tratamiento más adecuado, que suele consistir en: Pipetas de aplicación de doble acción (endectocidas que eliminan parásitos internos y externos). Gotas óticas directamente en el canal auditivo (si la infestación es exclusivamente de oído). Limpieza del oído: Si hay acumulación de secreción oscura, se debe usar un limpiador de oídos felino específico para ablandar la cera antes de aplicar los medicamentos, permitiendo que actúen directamente sobre la piel del oído.
Los ácaros son parásitos microscópicos que se alojan en la piel y los oídos de los gatos. El tipo más común es el Otodectes cynotis (ácaro del oído), aunque también existen los ácaros de la sarna (Sarcoptes o Demodex). Causan una irritación extrema, picazón, descamación y, si no se tratan, pueden derivar en infecciones bacterianas graves.
Debes estar alerta si notas alguno de los siguientes comportamientos o signos físicos: Sacudidas constantes de cabeza o rascado excesivo en las orejas y el cuello. Secreción de color marrón oscuro o negro (con aspecto de posos de café) dentro del canal auditivo. Mal olor proveniente de los oídos. Costras, calvas (alopecia) o enrojecimiento en la piel, especialmente alrededor de la cara, orejas y cuello. Irritabilidad o decaimiento debido a la molestia constante.
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