En 1541, un conquistador español llamado Francisco de Orellana emprendió una expedición que comenzó como una simple misión de abastecimiento y terminó convirtiéndose en la primera travesía conocida de un río que los indígenas llamaban «Parlá» o «Mar Dulce».

Durante 8 meses y más de 6.000 kilómetros, Orellana y sus hombres navegaron sin mapas, enfrentando hambre, flechas envenenadas y criaturas míticas. Lo que encontraron al final no era un simple río: era el Amazonas, el río más caudaloso y largo del mundo. Esta es su historia real, más allá de la leyenda.
Contexto histórico: La España de los conquistadores y la búsqueda de El Dorado
Para entender la figura de Francisco de Orellana, debemos situarnos en el siglo XVI, cuando el Imperio español vivía su época de máxima expansión. Tras el descubrimiento de América en 1492, la Corona española organizó numerosas expediciones con dos objetivos claros: evangelizar a los pueblos originarios y encontrar riquezas comparables al oro y la plata de México y Perú.
Orellana nació en Trujillo, Extremadura, hacia 1511, en el seno de una familia hidalga. Como muchos jóvenes de su tiempo, cruzó el Atlántico buscando fortuna. Participó en la conquista del Perú junto a Francisco Pizarro y fue uno de los primeros españoles en entrar a Quito. Su vida cambió para siempre cuando conoció a Gonzalo Pizarro, hermano del famoso conquistador, quien lo invitó a una de las expediciones más ambiciosas jamás intentadas: la búsqueda de La Canela y El Dorado.
La expedición de Gonzalo Pizarro (1540-1541): El punto de partida
Gonzalo Pizarro, gobernador de Quito, organizó una expedición hacia el este, en la región amazónica, con unos 200 soldados españoles, 4.000 indígenas portadores y un enorme contingente de caballos, cerdos y perros de guerra. El objetivo era encontrar la «Tierra de la Canela» (Cinnamomum), cuyo comercio era extremadamente valioso en Europa.
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Francisco de Orellana fue nombrado segundo al mando. La expedición partió de Quito en febrero de 1541, cruzando los Andes por pasos nevados a más de 4.000 metros de altitud. Rápidamente enfrentaron tormentas, frío extremo, ríos desbordados y la muerte de cientos de indígenas por enfermedades y deserción.
Al llegar a la selva amazónica, la situación se volvió crítica: los alimentos escaseaban, los caballos morían, y muchos soldados enfermaban de fiebre. Gonzalo Pizarro tomó entonces una decisión que cambiaría la historia: construir un bergantín (un barco pequeño) en medio de la selva para navegar por los ríos.
La separación fatal: Orellana sigue el río Napo
En diciembre de 1541, llegaron al río Napo (actual Ecuador). Allí construyeron el bergantín San Pedro, pero la comida se agotó. Pizarro envió a Orellana con 57 hombres río abajo en busca de alimentos, con la orden expresa de regresar en pocos días.
Sin embargo, la corriente del Napo era tan fuerte que Orellana y sus hombres no pudieron remontarla. Durante semanas intentaron volver, pero los vientos, la velocidad del agua y el hambre los obligaron a seguir adelante. Orellana convocó a sus hombres a una asamblea y, según los cronistas, les dijo: «Puesto que no podemos volver, seguiremos adelante, y si Dios nos da vida, descubriremos nuevas tierras».
Esta decisión fue interpretada por algunos como una traición a Pizarro. De hecho, Pizarro, al ver que Orellana no regresaba, lo declaró amotinado. Pero la historia demostró que aquella «desobediencia» permitió uno de los descubrimientos geográficos más importantes de la humanidad.
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El descenso del Amazonas: 8 meses de infierno y asombro
El viaje de Orellana por el Amazonas fue una sucesión de episodios dramáticos, encuentros con culturas desconocidas y fenómenos naturales que desafiaban toda lógica europea.
Primeros encuentros con indígenas
Al principio, los nativos fueron hostiles, lanzando flechas envenenadas. Pero Orellana aprendió a negociar, intercambiando espejos, cascabeles y cuchillos por comida. Un hecho crucial ocurrió cuando un cacique llamado Aparia les ofreció guías y provisiones a cambio de protección contra tribus enemigas.
La leyenda de las amazonas
En marzo de 1542, la expedición llegó a una región gobernada por mujeres guerreras, según el relato del fraile dominico Gaspar de Carvajal, cronista del viaje. Estas mujeres, aliadas de los indios, luchaban con arcos y flechas, vestían túnicas cortas y vivían sin hombres, excepto para procrear. Carvajal las describió como «muy blancas y altas, con cabello largo trenzado».
Aunque hoy se discute si realmente existió una sociedad de amazonas o si los españoles malinterpretaron rituales y mitos locales, el nombre quedó para siempre: Orellana llamó «río de las Amazonas» a aquella gigantesca corriente. Con el tiempo, el nombre derivó en simplemente Amazonas.
Peligros naturales: pirañas, anacondas y tormentas
Los cronistas relataron con espanto los peligros del río: cardúmenes de pirañas que devoraban un perro en minutos, anacondas de más de 5 metros, mosquitos que transmitían fiebres mortales y tormentas eléctricas tan violentas que parecía que el cielo se abría.
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Además, el río cambiaba constantemente de ancho, desde 2 kilómetros hasta más de 50 kilómetros en el «mar dulce» de la desembocadura. La falta de mapas y la densidad de la selva hacían que cada día fuera una incógnita.
La llegada al Atlántico
En agosto de 1542, tras navegar por el río Negro, el Madeira y finalmente por el cauce principal, Orellana y sus 49 supervivientes (8 murieron en el trayecto) avistaron las aguas salobres del océano Atlántico. Habían recorrido más de 6.000 kilómetros en 8 meses, atravesado toda la cuenca amazónica y demostrado que los Andes se conectaban con el mar.
No tenían brújula, apenas víveres y sus ropas estaban hechas jirones, pero habían logrado algo que nadie antes: cartografiar con su travesía el río más grande del mundo.
El regreso a España y el reconocimiento real
Orellana y sus hombres navegaron hacia la isla de Cubagua (Venezuela) y luego a Santo Domingo, desde donde embarcaron rumbo a España. Llegaron en 1543. Lejos de ser castigado por «traición», Orellana fue recibido como un héroe.
El rey Carlos I de España (y V del Sacro Imperio) le concedió el título de Gobernador de Nueva Andalucía (nombre que recibió la región amazónica) y le autorizó a organizar una nueva expedición para colonizar el río. Sin embargo, los conflictos con Gonzalo Pizarro y la falta de fondos retrasaron el proyecto.
En 1545, Orellana partió con 4 barcos y más de 300 colonos, pero la expedición fue un desastre: naufragios, enfermedades y ataques indígenas acabaron con la mayoría. El propio Orellana murió en noviembre de 1546 en la desembocadura del Amazonas, probablemente de fiebre o envenenamiento. Nunca llegó a fundar la ciudad que soñó: «San Francisco de Orellana».
Legado y controversias: ¿Descubridor o invasor?
Aportes geográficos
- Demostró que el sistema fluvial amazónico era navegable en su totalidad.
- Cartografió por primera vez la cuenca del Amazonas, aunque sus mapas se perdieron y solo conocemos el viaje por el relato de Carvajal.
- Abrió la puerta a futuras expediciones misioneras y científicas.
Críticas éticas
La expedición trajo enfermedades (viruela, sarampión) que diezmaron poblaciones indígenas. Además, Orellana permitió la esclavización de nativos como guías y remeros. Muchos historiadores actuales prefieren llamarlo «explorador europeo» en lugar de «descubridor», pues los pueblos originarios ya conocían el río hacía milenios.
El nombre «Amazonas»: entre mito y realidad
El origen del nombre sigue siendo debatido. Algunos creen que los españoles confundieron a hombres de cabello largo con mujeres; otros defienden que realmente existían cacicazgos matriarcales en la región. Lo cierto es que el nombre se impuso y hoy identifica a un ecosistema, un río y una cultura.
¿Por qué es importante estudiar a Francisco de Orellana hoy?
El estudio de Orellana no solo es relevante para entender la conquista de América, sino también para reflexionar sobre:
- El choque de culturas: Cómo dos mundos (europeo e indígena) se encontraron, negociaron y enfrentaron.
- La resiliencia humana: Navegar 8 meses sin mapas, con hambre y desconociendo el destino, es una lección de supervivencia.
- La construcción de mitos: La leyenda de las amazonas y El Dorado impulsaron la exploración, pero también causaron estragos.
- La ecología amazónica: Hoy sabemos que el Amazonas produce el 20% del oxígeno del planeta y alberga la mayor biodiversidad del mundo. Orellana fue el primer europeo en describir asombrado su inmensidad.
Resultados de aprendizaje
Al leer este artículo, el estudiante habrá aprendido:
- Contextualizar la figura de Francisco de Orellana dentro del proceso de conquista y exploración española del siglo XVI.
- Identificar las causas y consecuencias de la expedición de Gonzalo Pizarro y la posterior separación de Orellana.
- Describir las principales etapas del viaje por el río Amazonas, incluyendo peligros, encuentros culturales y descubrimientos geográficos.
- Analizar críticamente el relato de las amazonas, diferenciando entre fuentes históricas, mito y realidad.
- Evaluar el legado de Orellana tanto desde una perspectiva geográfica (cartografía, navegación) como ética (impacto en pueblos indígenas).
- Explicar por qué el río Amazonas recibió su nombre y cómo este hecho influyó en la toponimia americana.
- Reflexionar sobre la importancia ecológica y cultural actual de la cuenca amazónica, a partir de los primeros testimonios europeos.
- Utilizar correctamente términos clave como «bergantín», «cuenca hidrográfica», «El Dorado», «Carvajal» y «Nueva Andalucía».
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