Papisa Juana: Leyenda y evidencia histórica

Rodrigo Ricardo Publicado el 26 septiembre, 2024 6 minutos y 40 segundos de lectura

¿Una mujer sentada en el trono de San Pedro? La historia de la Papisa Juana es una de las leyendas más fascinantes y controvertidas de la Iglesia católica. Durante más de cinco siglos, se creyó que una mujer había logrado infiltrarse en el papado bajo el nombre de Juan VIII, gobernando entre 855 y 858 d.C.

Esta narrativa, repleta de giros dramáticos, desafía las estructuras patriarcales del poder religioso medieval. Pero, ¿cuánto hay de cierto? ¿Existe evidencia histórica sólida o solo se trata de un mito anticlerical? Acompáñanos a diseccionar fuentes, contradicciones y el impacto cultural de esta figura que sigue generando debate en la historiografía moderna.

El origen de la leyenda: ¿quién fue la Papisa Juana?

La versión más difundida de la leyenda proviene del dominico Jean de Mailly (siglo XIII) y, con mayor detalle, del cronista polaco Martín de Opava en su Chronicon Pontificum et Imperatorum (hacia 1277). Según estos relatos, Juana nació en Maguncia (Alemania) o en Inglaterra. Dotada de una inteligencia excepcional, se disfrazó de hombre para acompañar a un amante erudito a Atenas, entonces centro del conocimiento. Allí destacó en teología y filosofía.

Al llegar a Roma, su sabiduría le valió ascender rápidamente en la jerarquía eclesiástica. Fue nombrada cardenal y, a la muerte del papa León IV (855), fue elegida por aclamación como su sucesora. Durante dos años, su papado transcurrió sin incidentes. Sin embargo, la verdad salió a la luz de la forma más inesperada: mientras cabalgaba en procesión por la calle que conecta el Coliseo con la Basílica de San Clemente, dio a luz repentinamente entre la multitud. Según la leyenda, murió poco después, ya fuera asesinada o por complicaciones del parto. Las versiones más crueles añaden que fue arrastrada atada a la cola de un caballo y lapidada.

El castigo ritual: la «silla perforada» y las pruebas de masculinidad

Un elemento recurrente en la tradición medieval es la supuesta existencia de un protocolo para evitar otro caso similar. Según esta creencia, durante siglos los papas electos debían sentarse en una silla perforada (llamada sedia stercoraria) para que un diácono joven verificara su sexo. El ritual incluía el toque: «Testiculos habet, et bene pendentes» («Tiene testículos, y bien colgantes»).

Aunque hoy suene grotesco, varios cronistas dieron por cierto este examen hasta el siglo XV. Sin embargo, los historiadores actuales consideran que dichas sillas eran en realidad antiguos asientos de mármol utilizados en letrinas romanas o en ceremonias de coronación sin connotación genital. El mito probablemente surgió para explicar objetos cuyo uso original se había perdido en el tiempo.

¿Qué dicen las fuentes contemporáneas? El gran vacío documental

El mayor problema para los defensores de la historicidad de Juana es el silencio absoluto de las fuentes de los siglos IX y X. Ni los anales francos, ni las crónicas de Roma, ni la correspondencia papal de la época mencionan un papado femenino. Tampoco los historiadores musulmanes, que documentaron meticulosamente los asuntos romanos. El primer texto que alude a una mujer en el papado data de mediados del siglo XIII, ¡400 años después de los supuestos hechos!

Además, la lista oficial de papas no presenta ningún vacío en el período 855-858: a León IV le sucedió Benedicto III, cuyo pontificado está bien atestiguado por monedas y documentos. Algunos autores medievales intentaron resolver esta contradicción afirmando que Juana habría gobernado con el nombre de Juan VIII, pero Juan VIII realmente existió entre 872 y 882, fechas que no coinciden.

La evidencia que sí existe: monedas, manuscritos y una curiosa estatua

A pesar de las lagunas, los proponentes de la historicidad señalan varios indicios. Por ejemplo:

  1. La estatua de la «Papisa» en la catedral de Siena: Entre las efigies de los papas, se encuentra una mujer con un niño en brazos, identificada como Johannes VIII, Femina ex Anglia. Fue colocada en el siglo XV y solo se retiró tras protestas en 1601.
  2. Manuscritos censurados: Varios códices medievales presentan tachaduras o raspaduras en pasajes referentes a una «mujer papa», lo que sugiere un intento deliberado de borrar la memoria.
  3. La procesión desviada: Durante siglos, los papas recién elegidos evitaban la Vía Sacra (el lugar del supuesto parto) en su recorrido desde San Juan de Letrán hasta San Pedro. Este desvío ritual se mantuvo hasta finales del Renacimiento.

Estas pruebas son, no obstante, circunstanciales. La mayoría de los historiadores actuales (como la medievalista Valérie Theis) interpretan estos vestigios como manifestaciones de una leyenda que, una vez arraigada, generó sus propias tradiciones «confirmatorias».

Interpretaciones historiográficas: ¿mito con función social?

¿Por qué una leyenda tan persistente? Las teorías principales son:

  • Propaganda anticlerical: En la Baja Edad Media y durante la Reforma Protestante, protestantes y críticos de la Iglesia usaron la historia de Juana para ridiculizar la institución papal, acusándola de corrupción y desorden.
  • Sátira de género: Representa el miedo masculino a la infiltración femenina en espacios de poder exclusivos. En una sociedad profundamente patriarcal, la idea de que una mujer pudiera engañar a todo el clero era tan aterradora como cómicamente subversiva.
  • Etiología ritual: Explica por qué ciertas costumbres (como la silla perforada o el desvío procesional) existían, dándoles un origen legendario.
  • Reflejo de tensiones teológicas: En el siglo IX, la Iglesia debatió la ordenación de mujeres como diaconisas. La leyenda pudo ser una advertencia contra cualquier avance en ese sentido.

El estado actual del debate académico

Hoy, el consenso entre los historiadores es abrumador: la Papisa Juana no existió como persona histórica. Los manuales universitarios de historia de la Iglesia la tratan como un mito medieval sin base factual. Sin embargo, esto no resta valor al fenómeno: el estudio de cómo nació y evolucionó la leyenda revela mucho sobre las mentalidades, los miedos y las luchas de poder en la Europa medieval y moderna.

Algunos autores (como el filólogo Alain Boureau) sostienen que incluso siendo ficticia, Juana «es real en sus efectos»: inspiró arte, literatura, debates teológicos y hasta movimientos feministas del siglo XIX que la reivindicaron como un símbolo de resistencia.

Curiosidades y malentendidos famosos

  • El papa Juan Pablo I (1978): Cuando fue elegido, algunos recordaron que Juan Pablo I era el primer papa en tomar un nombre doble. Surgieron bromas sobre si sería «Juana» disfrazada, mostrando la pervivencia del mito en la cultura popular.
  • Cine y novela: La película La Papisa Juana (2009, basada en la novela de Donna Woolfolk Cross) revitalizó el interés público, aunque los historiadores criticaron sus licencias.
  • El error de Boccaccio: En De mulieribus claris (Sobre mujeres ilustres), el autor italiano incluyó a Juana como figura histórica, contribuyendo a su difusión.

Resultados de aprendizaje

Después de leer este artículo, el estudiante será capaz de:

  1. Distinguir entre leyenda medieval y hecho histórico aplicando criterios de crítica de fuentes (contemporaneidad, sesgo, coherencia documental).
  2. Explicar el origen y la evolución del mito de la Papisa Juana desde el siglo XIII hasta la actualidad, identificando a sus principales cronistas.
  3. Analizar el contexto sociopolítico del siglo IX para comprender por qué un papado femenino habría sido casi imposible de ocultar.
  4. Evaluar las pruebas circunstanciales (estatuas, manuscritos censurados, desvíos procesionales) separando indicios de evidencia concluyente.
  5. Reconocer el valor historiográfico de los mitos como reflejo de tensiones religiosas, de género y de poder en la Edad Media.
  6. Debatir críticamente sobre la diferencia entre «verdad histórica» y «verdad simbólica» aplicada a figuras legendarias.
  7. Citar correctamente al menos tres fuentes primarias o secundarias relevantes sobre el tema.

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Rodrigo Ricardo Editor y fundador