Definición
El agua dulce y el agua salada son los dos grandes tipos de agua que existen en la Tierra, y se distinguen por la cantidad de sales minerales disueltas que contienen. El agua salada, que forma los océanos y mares, contiene una concentración media de treinta y cinco gramos de sal por cada litro de agua. El agua dulce, que se encuentra en ríos, lagos, acuíferos subterráneos, glaciares y en la atmósfera, contiene menos de un gramo de sales por litro.
Esta diferencia aparentemente modesta en la composición química tiene consecuencias colosales. Determina qué organismos pueden vivir en cada ambiente, cómo se mueven las corrientes oceánicas, dónde se instalan las poblaciones humanas y cómo obtenemos el agua que necesitamos para beber, cultivar y fabricar. El planeta está cubierto de agua en un setenta por ciento de su superficie, pero de toda esa agua, solo el dos y medio por ciento es dulce, y de ese porcentaje, la mayor parte está atrapada en glaciares y en acuíferos profundos. El agua dulce accesible para el consumo humano representa menos del uno por ciento del agua total del mundo.
La frontera invisible que parte el planeta en dos
Si observamos una fotografía de la Tierra tomada desde el espacio, lo que vemos es una esfera azul donde los océanos dominan la imagen. Lo que no vemos, porque es demasiado pequeño para apreciarse a esta escala, es la fina película de agua dulce que cubre parcialmente los continentes y que hace posible la vida terrestre tal como la conocemos. Esos dos mundos acuáticos, el salado y el dulce, están conectados por el ciclo hidrológico pero son radicalmente distintos en su química, en su física y en su biología.
La diferencia fundamental entre ambos es la salinidad, es decir, la cantidad de sales disueltas en el agua. Pero la salinidad no es solo un número; es una propiedad que condiciona casi todo lo demás. Determina la densidad del agua y, por tanto, cómo se mezcla y cómo circula. Determina qué organismos pueden sobrevivir en ella, porque las células de los seres vivos no toleran cualquier concentración de sales. Determina a qué temperatura se congela el agua o cuánto oxígeno puede contener. Conocer los tipos de agua no es un ejercicio de clasificación académica; es entender los dos grandes escenarios donde se desarrolla la vida en nuestro planeta.
El agua salada: el gran océano global

La química del mar
El agua de mar es una sopa química compleja donde están disueltos, en mayor o menor medida, casi todos los elementos de la tabla periódica. Los dos iones más abundantes son el cloruro y el sodio, que juntos forman la sal común y que representan aproximadamente el ochenta y cinco por ciento de todas las sales disueltas en el océano. Les siguen el sulfato, el magnesio, el calcio y el potasio.
La salinidad media del océano es de unas treinta y cinco partes por mil, lo que equivale a treinta y cinco gramos de sal por litro de agua. Pero esta cifra no es uniforme. En las zonas tropicales, donde la evaporación es intensa y las lluvias no bastan para compensarla, la salinidad superficial puede superar las treinta y siete partes por mil. En las zonas polares, donde el deshielo de los glaciares vierte agua dulce al mar, la salinidad baja de treinta y cuatro. En mares semicerrados como el Mediterráneo, que pierden más agua por evaporación de la que reciben de los ríos, la salinidad puede alcanzar las treinta y nueve partes por mil. En el mar Báltico, que recibe grandes aportes de agua dulce y tiene una conexión estrecha con el océano Atlántico, la salinidad es tan baja que el agua es casi salobre.
Esta variabilidad en la salinidad tiene consecuencias dinámicas. El agua salada es más densa que el agua dulce, y el agua más salada es más densa que el agua menos salada. Las diferencias de densidad ponen en marcha corrientes marinas profundas que recorren el planeta entero. La circulación termohalina, de la que ya hablamos al tratar la variabilidad climática, es una cinta transportadora oceánica impulsada por las diferencias de temperatura y de salinidad. Sin esas diferencias, los océanos serían mucho más estáticos y el clima del planeta sería radicalmente distinto.
La vida en un mundo hipertónico
Vivir en agua salada supone un desafío fisiológico formidable. El interior de las células de la mayoría de los organismos tiene una concentración de sales mucho menor que la del agua de mar. Eso significa que, por simple ósmosis, el agua tiende a salir de las células hacia el exterior, deshidratándolas. Los organismos marinos han desarrollado estrategias muy variadas para hacer frente a este problema.
Los peces óseos marinos viven en un ambiente que les roba agua constantemente. Para compensarlo, beben agua de mar de forma activa, absorben el agua y los iones en el intestino, y luego excretan el exceso de sales a través de las branquias y de una orina muy concentrada. Es un trabajo continuo y costoso desde el punto de vista energético. Los peces cartilaginosos, como los tiburones y las rayas, han encontrado una solución distinta: acumulan urea en su sangre hasta igualar la concentración total de solutos con la del agua de mar, eliminando así el gradiente osmótico. Su carne sabe ligeramente a orina por esta razón, y cuando mueren, la urea se descompone rápidamente en amoníaco.
Las plantas marinas, como las algas y las fanerógamas, también han tenido que adaptarse a la salinidad. Acumulan en sus tejidos compuestos orgánicos que equilibran la presión osmótica sin necesidad de acumular sales, que en altas concentraciones serían tóxicas. Los manglares, que viven en la frontera entre el agua dulce y la salada, han llevado esta adaptación al extremo: algunas especies filtran la sal en las raíces, otras la excretan por glándulas especializadas en las hojas y otras la acumulan en tejidos destinados a desprenderse.
Las corrientes que mueven el mundo
El agua de los océanos no está quieta. Se mueve impulsada por el viento, por las diferencias de densidad y por la rotación de la Tierra. Las corrientes superficiales, como la corriente del Golfo en el Atlántico o la corriente de Humboldt en el Pacífico, son impulsadas por los vientos dominantes y transportan calor desde el ecuador hacia los polos, moderando el clima de las regiones costeras. La corriente del Golfo, por ejemplo, lleva agua cálida desde el Caribe hasta el norte de Europa, y es la razón de que Londres tenga un clima mucho más suave que Terranova, que está a la misma latitud pero recibe corrientes frías.
Las corrientes profundas, mucho más lentas pero de un volumen colosal, forman la circulación termohalina. En el Atlántico Norte, el agua superficial que ha viajado desde el ecuador se enfría, se vuelve más densa y se hunde, iniciando un viaje de siglos por el fondo oceánico. Esa corriente profunda recorre el Atlántico, rodea la Antártida, se bifurca hacia el Pacífico y el Índico, y emerge de nuevo a la superficie en zonas de afloramiento, donde el agua rica en nutrientes fertiliza algunas de las pesquerías más productivas del mundo.
El agua dulce: el tesoro escaso

Dónde se esconde el agua que bebemos
Del total de agua que hay en la Tierra, solo el dos y medio por ciento es dulce. El noventa y siete y medio por ciento restante es salada. Esa pequeña fracción de agua dulce, que sostiene toda la vida terrestre y toda la civilización humana, está repartida de forma muy desigual.
La mayor parte del agua dulce, aproximadamente el sesenta y nueve por ciento, está congelada en los glaciares y en los casquetes polares de la Antártida y Groenlandia. Es agua que, de momento, no está disponible para el consumo humano, aunque su lenta fusión por el calentamiento global está contribuyendo a la subida del nivel del mar. Otro treinta por ciento del agua dulce está bajo tierra, en los acuíferos subterráneos. Algunos de estos acuíferos, como el Guaraní en Sudamérica o el Gran Cuenca Artesiana en Australia, contienen volúmenes de agua comparables a los de grandes lagos. Pero muchos de ellos son fósiles, es decir, se recargaron en épocas geológicas pasadas y no se renuevan al ritmo al que los estamos extrayendo.
El agua dulce superficial —la que vemos en ríos, lagos y humedales— representa menos del uno por ciento del agua dulce total. Es una fracción minúscula, pero es la más accesible, la que utilizamos para beber, para regar y para la industria, y la que alberga la mayor parte de la biodiversidad de agua dulce. La atmósfera contiene una cantidad pequeña pero dinámica de agua en forma de vapor, y el suelo almacena humedad que las plantas aprovechan entre lluvia y lluvia.
Los ecosistemas de agua dulce
Los ríos son arterias de agua en movimiento que conectan las montañas con el mar. Nacen en manantiales, en lagos de alta montaña o en el deshielo de los glaciares, y van engrosando su caudal a medida que reciben el agua de sus afluentes. Un río no es solo un canal de agua; es un ecosistema lineal que cambia desde el nacimiento hasta la desembocadura. En el curso alto, el agua es fría, rápida y bien oxigenada, y alberga organismos adaptados a agarrarse a las piedras y a vivir en corrientes turbulentas, como las truchas y las larvas de muchos insectos. En el curso medio, el río se ensancha, la corriente se modera y el agua se enturbia con sedimentos. En el curso bajo, el río serpentea lentamente por la llanura de inundación, depositando los sedimentos que ha arrastrado y formando meandros que cambian de posición con cada crecida. La desembocadura, donde el río se encuentra con el mar, forma un estuario, una zona de transición donde el agua dulce y la salada se mezclan y crean un ambiente de salinidad variable que es uno de los ecosistemas más productivos del planeta.
Los lagos son masas de agua quieta, al menos en apariencia. En realidad, el agua de un lago se mueve lentamente, impulsada por el viento y por las diferencias de temperatura. En los lagos de las regiones templadas, el agua se estratifica en verano: una capa superficial cálida y bien oxigenada flota sobre una capa profunda fría y pobre en oxígeno. En otoño, la capa superficial se enfría, se hunde y se mezcla con la profunda, renovando el oxígeno del fondo. En invierno, el agua más fría, que es menos densa, flota sobre el agua a cuatro grados, que es la más densa, y el lago se estratifica de nuevo pero al revés. Esta danza estacional determina la disponibilidad de nutrientes y oxígeno para los organismos que viven en el lago.
Los humedales —pantanos, marismas, turberas, manglares— son zonas donde el agua cubre el suelo de forma permanente o estacional. Durante mucho tiempo fueron considerados terrenos insalubres que había que drenar para convertirlos en tierras agrícolas. Hoy sabemos que los humedales son ecosistemas de una importancia ecológica desproporcionada. Filtran el agua, eliminando contaminantes y sedimentos. Actúan como esponjas que absorben el agua durante las crecidas y la liberan lentamente durante las sequías. Almacenan carbono en sus suelos encharcados, contribuyendo a mitigar el cambio climático. Y albergan una biodiversidad extraordinaria, especialmente de aves acuáticas, anfibios y plantas adaptadas a vivir con las raíces sumergidas.
El agua salobre: la frontera donde se mezclan dos mundos
Entre el agua dulce y el agua salada existe una categoría intermedia, el agua salobre, cuya salinidad oscila entre uno y treinta gramos de sal por litro. Se encuentra en los estuarios, donde los ríos se encuentran con el mar; en los deltas, donde los sedimentos fluviales construyen islas y canales; en las lagunas costeras, separadas del océano por barreras de arena; y en algunos acuíferos subterráneos que han sido invadidos por agua marina.
Los organismos que habitan el agua salobre deben ser especialmente tolerantes a los cambios de salinidad, porque en estos ambientes la concentración de sal puede variar drásticamente en cuestión de horas, según suba o baje la marea, llueva torrencialmente o sople el viento del mar. Pocas especies pueden soportar estas fluctuaciones, y por eso los estuarios, aunque muy productivos, tienen una diversidad menor que los ecosistemas estables de agua dulce o salada. Sin embargo, muchas especies marinas de importancia comercial, como los langostinos, las lubinas o los salmones, pasan parte de su ciclo de vida en los estuarios, aprovechando su riqueza en nutrientes.
Tabla comparativa entre agua dulce y agua salada
| Característica | Agua dulce | Agua salada |
|---|---|---|
| Salinidad | Menos de 1 gramo de sal por litro | Aproximadamente 35 gramos de sal por litro |
| Proporción en la Tierra | 2,5 % del agua total | 97,5 % del agua total |
| Densidad | Menor (1,00 g/cm³) | Mayor (1,03 g/cm³) |
| Punto de congelación | 0 °C | Aproximadamente -1,9 °C |
| Ecosistemas principales | Ríos, lagos, humedales, glaciares, acuíferos | Océanos, mares, arrecifes de coral |
| Desafío fisiológico | Evitar la pérdida de sales por dilución | Evitar la pérdida de agua por ósmosis |
| Disponibilidad para consumo humano | Accesible tras tratamiento mínimo | Requiere desalinización, proceso costoso |
| Oxígeno disuelto | Variable, generalmente mayor | Variable, generalmente menor |
El punto de encuentro: estuarios y zonas de mezcla
Los estuarios son los lugares donde el agua dulce de los ríos y el agua salada del mar se encuentran y se mezclan. Son ecosistemas de transición, sometidos a la influencia de las mareas y a fluctuaciones constantes de salinidad, temperatura y turbidez. Un estuario no es ni un río ni un mar, sino un híbrido dinámico donde las condiciones cambian de un momento a otro.
La mezcla de agua dulce y salada en los estuarios sigue patrones complejos. El agua dulce, menos densa, tiende a fluir sobre el agua salada hacia el mar. El agua salada, más densa, tiende a deslizarse bajo el agua dulce tierra adentro, formando una cuña salina que puede penetrar decenas de kilómetros río arriba. La posición de esta cuña depende del caudal del río y de la fuerza de la marea. Cuando el río baja crecido, la cuña salina retrocede hacia el mar. Durante la estación seca, la cuña avanza tierra adentro y puede salinizar los acuíferos costeros y los campos de cultivo cercanos a la desembocadura.
Esta dinámica tiene consecuencias ecológicas y humanas. Muchas especies de peces, crustáceos y moluscos utilizan los estuarios como zona de cría porque la abundancia de nutrientes y la menor presencia de depredadores oceánicos ofrecen condiciones ideales para el crecimiento de las larvas y los juveniles. Las poblaciones humanas han aprovechado históricamente esta productividad, instalándose en los estuarios y desarrollando pesquerías y cultivos acuícolas. Pero la salinización de los deltas por la subida del nivel del mar y por la reducción del caudal de los ríos —a menudo debido a la construcción de presas— está amenazando estos ecosistemas y a las comunidades que dependen de ellos.
Glosario de términos complicados
- Acuífero: Formación geológica subterránea compuesta por rocas o sedimentos porosos y permeables que almacenan y transmiten agua. De los acuíferos se extrae el agua subterránea mediante pozos.
- Circulación termohalina: Sistema de corrientes oceánicas profundas impulsado por las diferencias de temperatura y salinidad del agua, que conecta todos los océanos en un ciclo que dura siglos.
- Estuario: Zona de transición en la desembocadura de un río donde el agua dulce fluvial se mezcla con el agua salada marina, creando un ambiente de salinidad variable y alta productividad biológica.
- Eurihalino: Organismo capaz de tolerar un amplio rango de salinidades en el agua. Se aplica sobre todo a peces y otros animales acuáticos que pueden vivir tanto en agua dulce como en agua salada.
- Humedal: Ecosistema donde el agua cubre el suelo de forma permanente o estacional, como pantanos, marismas, turberas y manglares. Desempeñan funciones ecológicas esenciales como la filtración del agua y el control de inundaciones.
- Ósmosis: Movimiento de agua a través de una membrana semipermeable desde una solución menos concentrada hacia una más concentrada, tendiendo a igualar las concentraciones a ambos lados de la membrana.
- Salinidad: Concentración de sales minerales disueltas en el agua, expresada generalmente en gramos de sal por litro o en partes por mil.
- Xilema: Tejido conductor de las plantas vasculares encargado de transportar el agua y los nutrientes minerales desde las raíces hasta las hojas.
Resultados de aprendizaje
Al finalizar esta lectura, habrás construido un conocimiento sólido sobre los siguientes aspectos:
- La diferencia fundamental entre agua dulce y agua salada basada en la salinidad, y la distribución de ambos tipos de agua en el planeta, con la abrumadora predominancia del agua salada y la escasez del agua dulce accesible.
- Las propiedades químicas y físicas del agua de mar, las adaptaciones fisiológicas de los organismos marinos para sobrevivir en un ambiente hipertónico y el papel de las corrientes oceánicas en la regulación del clima global.
- La distribución del agua dulce en glaciares, acuíferos, ríos, lagos y humedales, las características de cada uno de estos ecosistemas y su importancia ecológica y para el consumo humano.
- La existencia del agua salobre como categoría intermedia, su localización en estuarios y lagunas costeras, y las adaptaciones de los organismos eurihalinos que pueden vivir en ambientes de salinidad variable.
- Los procesos de conexión entre el agua dulce y la salada a través del ciclo hidrológico y de los estuarios, y los desafíos actuales como la salinización de acuíferos costeros y la desalinización como solución tecnológica.
Preguntas Frecuentes (FAQs)
Porque el agua de los ríos procede de la lluvia, y la lluvia es agua destilada por el Sol. Cuando el agua del mar se evapora, las sales quedan atrás. El vapor de agua que asciende a la atmósfera es agua pura, sin sales. Al condensarse y caer en forma de lluvia o nieve sobre los continentes, esa agua inicia su viaje de regreso al mar a través de los ríos, disolviendo por el camino pequeñas cantidades de minerales del suelo y de las rocas. Esos minerales son las sales que los ríos transportan al océano, pero en concentraciones tan bajas que el agua sigue siendo dulce. Los ríos no son salados porque la fuente de su agua, la lluvia, no lo es.
Sí. El proceso se llama desalinización y consiste en eliminar las sales del agua de mar o del agua salobre mediante tecnologías como la ósmosis inversa o la destilación térmica. La ósmosis inversa hace pasar el agua a alta presión a través de membranas semipermeables que retienen las sales. La destilación calienta el agua hasta evaporarla y luego condensa el vapor, dejando las sales atrás. Ambos procesos consumen mucha energía, lo que encarece el agua obtenida y genera un impacto ambiental si la energía procede de combustibles fósiles. Países como Arabia Saudí, Israel o Emiratos Árabes Unidos dependen en gran medida de la desalinización, y las mejoras tecnológicas están reduciendo progresivamente su coste energético.
Sí. Son los llamados peces eurihalinos, capaces de tolerar un amplio rango de salinidades. El ejemplo más conocido es el salmón, que nace en agua dulce, migra al océano donde pasa la mayor parte de su vida adulta y regresa al río que lo vio nacer para reproducirse. Durante estas transiciones, su cuerpo sufre cambios fisiológicos profundos: modifica la función de sus branquias, altera la concentración de sales en sus fluidos corporales y ajusta su metabolismo. Las anguilas hacen el viaje inverso: nacen en el mar, crecen en los ríos y vuelven al océano para desovar. Otros peces, como los mújoles o las lubinas, se mueven constantemente entre el agua dulce y la salada sin completar migraciones tan espectaculares.
Los lagos salados se forman en cuencas cerradas, sin salida al mar. El agua que llega a ellos, generalmente a través de ríos o de aguas subterráneas, transporta pequeñas cantidades de sales disueltas. Como el lago no tiene desagüe, el agua solo puede salir por evaporación. Al evaporarse, el agua pura se va a la atmósfera pero las sales se quedan. Con el tiempo, la concentración de sales aumenta hasta que el lago se vuelve salado. El mar Muerto, entre Israel, Palestina y Jordania, es el ejemplo más extremo: su salinidad es unas diez veces superior a la del océano. El Gran Lago Salado de Utah, en Estados Unidos, y el mar Caspio, entre Europa y Asia, son otros ejemplos de grandes masas de agua salada en el interior de los continentes.
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