La madrugada del 20 de julio de 1923, en la tranquila ciudad de Parral, Chihuahua, un comando de siete hombres armados acabó con la vida del general Francisco Villa. Pero la pregunta que aún resuena en los libros de historia no es cómo murió, sino quién ordenó su muerte. Durante décadas, la respuesta oficial ha sido insuficiente: “fue una venganza personal”. Sin embargo, las pruebas históricas, los documentos desclasificados y las confesiones de última hora apuntan a una conspiración que involucraba a altos mandos del ejército, a la élite política de Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, y posiblemente a intereses petroleros extranjeros.

En este artículo no solo desmenuzaremos cada bala, cada testigo y cada contradicción del magnicidio, sino que aprenderás a separar los hechos de la propaganda oficial.
El contexto: ¿Por qué Pancho Villa seguía siendo un peligro en 1923?
Para entender quién quiso matar a Villa, primero hay que comprender qué representaba él después de la Revolución Mexicana (1910-1917). Para 1920, Villa había aceptado el pacto de rendición a cambio de un retiro forzoso: el gobierno de Adolfo de la Huerta le otorgó la Hacienda de Canutillo, en Durango, a cambio de disolver su famosa División del Norte.
Sin embargo, Villa no era un jubilado cualquiera. Desde Canutillo mantenía una milicia personal de 50 “Dorados” (guardias de confianza), controlaba la producción agrícola de la región y, lo más peligroso para el gobierno: se negaba a desaparecer del imaginario popular. Cada vez que salía en su Dodge turquesa por Parral, los campesinos lo aclamaban. Eso irritaba profundamente al presidente Álvaro Obregón y a su ministro de Guerra, Plutarco Elías Calles.
El factor externo: Estados Unidos y la deuda pendiente
Villa había invadido Columbus, Nuevo México, en 1916, y aunque el gobierno mexicano nunca lo extraditó, Washington no olvidó la afrenta. En 1923, compañías como la Standard Oil tenían intereses crecientes en México y veían a Villa como un símbolo de inestabilidad. Algunos historiadores sostienen que hubo luz verde tácita desde la embajada estadounidense para “neutralizarlo”. ¿Pruebas? Documentos del Departamento de Estado muestran reuniones entre el agente George C. Carothers y generales obregonistas semanas antes del atentado.
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La emboscada: reconstrucción minuto a minuto
El 20 de julio de 1923, alrededor de las 8:15 a.m., Villa salió de su casa en Parral (calle Gabino Barreda) rumbo a un banco para retirar dinero para la nómina de Canutillo. Lo acompañaban siete hombres: su secretario Miguel Trillo, el coronel Miguel Nava, sus escoltas Rafael Madreno, Claro Huerta, José María Jaurrieta y otros.
El punto exacto del ataque
Al cruzar la esquina de Calle Gabino Barreda y Calle Delicias, un hombre parado junto a una fuente de agua (conocido después como “el Pardo”) lanzó una piedra como señal. Desde una casa en ruinas, seis hombres armados con fusiles Máuser y pistolas abrieron fuego a corta distancia.
Villa recibió nueve impactos de bala en la cabeza y el pecho. Murió casi al instante. Su secretario Trillo también falleció. El único sobreviviente fue su escolta Ramón Contreras, quien logró disparar y matar a uno de los agresores: Jesús Sáenz.
La huida y la coartada
Los asesinos huyeron hacia la sierra. Las autoridades locales tardaron horas en reaccionar. Cuando el gobernador de Chihuahua, Ignacio C. Enríquez (aliado de Calles), envió al ejército, los cuerpos ya habían sido velados por el pueblo. Esto levantó sospechas: ¿por qué no hubo patrullaje inmediato?
Los sospechosos: ¿una sola mano o complot de varios niveles?
La versión oficial, impuesta por Calles cuando llegó a la presidencia en 1924, señaló como autor intelectual a Jesús Salas Barraza, un diputado local duranguense, y como autor material a Jesús Sáenz (el agresor abatido). Según el juicio, Salas Barraza confesó haber pagado 50,000 pesos por el crimen por “venganza personal”: Villa había matado a su padre años atrás.
Pero esa confesión tiene grietas enormes:
- Salas Barraza era masón de alto grado, igual que Calles y Obregón, y se reunió con ellos días antes del atentado en la Ciudad de México.
- La cantidad de dinero era demasiado pequeña para organizar una emboscada con siete hombres, armas de alto poder y logística de escape.
- El perdón oficial: Salas Barraza fue condenado a 20 años, pero a los pocos meses recibió un indulto y se convirtió en coronel del ejército. Nunca pisó la cárcel.
El otro nombre clave: General Joaquín Amaro
El general Joaquín Amaro, mano derecha de Calles en la Secretaría de Guerra, supervisó la “investigación” del magnicidio. Documentos encontrados en el Archivo General de la Nación indican que Amaro envió telegramas cifrados a Parral antes del atentado, ordenando “no interferir con ciertos movimientos en la ciudad”.
La hipótesis del “triángulo letal”
Muchos historiados actuales (como Paco Ignacio Taibo II y Friedrich Katz) coinciden en que la muerte de Villa fue una operación de Estado con tres patas:
- Plutarco Elías Calles (entonces secretario de Guerra) temía que Villa se aliara con Adolfo de la Huerta, quien planeaba levantarse contra Obregón en 1924.
- Álvaro Obregón (presidente) necesitaba eliminar cualquier caudillo independiente antes de la sucesión presidencial.
- Grupos empresariales mexicanos y estadounidenses financiaron la logística a cambio de garantías de no expropiación.
¿Por qué no se ha resuelto el caso? El silencio de los archivos
A 100 años del crimen, México nunca ha abierto una investigación oficial independiente. Los principales archivos militares de la época fueron “extraviados” durante la Guerra Cristera (1926-1929) y la creación del Partido Nacional Revolucionario (antecedente del PRI). En 2003, el historiador Pedro Salmerón solicitó acceso a documentos del general Amaro; la respuesta de la Secretaría de la Defensa fue: “No se localizan”.
El testamento político de Villa
Una semana antes de morir, Villa envió una carta a un amigo en El Paso, Texas, donde decía: “Si me matan, no busquen a pobres diablos. Detrás de las balas estarán los nombres que hoy gobiernan el país.” Esa carta desapareció del archivo familiar y solo se conserva una transcripción dudosa.
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Teorías alternativas (y por qué no resisten el escrutinio)
| Teoría | Argumento | Evidencia en contra |
|---|---|---|
| Venganza de un padre (versión oficial) | Salas Barraza actuó solo. | No explica el armamento ni la impunidad. |
| La embajada de Estados Unidos | Orden directa de Washington. | No hay cables ni órdenes escritas; solo rumores. |
| Los petroleros de Tampico | Financiaron a los asesinos. | Falta un vínculo financiero rastreable. |
| Villa simuló su muerte | Se fue a vivir escondido a Durango. | El cuerpo fue exhumado en 1976 y coincide con ADN de descendientes. |
Conclusión del análisis: La teoría más sólida es la del complot de altos mandos militares con aprobación política tácita de Obregón y Calles. No fue un “quién” sino un “quiénes”.
Lo que nunca te contaron en la escuela
- El presidente Obregón también fue asesinado cinco años después, en 1928, por un fanático cristero. Pero en su caso sí hubo un juicio público y condenas.
- El coche de Villa (un Dodge 1921) se exhibe hoy en el Museo de la Revolución en Chihuahua. Tiene 17 orificios de bala, no 9 como dicen algunos libros.
- El único testigo presencial que declaró en el juicio, Ramón Contreras, fue encarcelado durante 10 años sin juicio. Al salir, huyó a Estados Unidos y nunca más regresó a México.
Resultados de aprendizaje
Después de leer este artículo, el estudiante debe ser capaz de:
- Identificar las tres fuerzas políticas (Obregón, Calles y el ejército) que se beneficiaron directamente de la muerte de Francisco Villa.
- Diferenciar entre la versión oficial de la venganza personal y las evidencias de un magnicidio de Estado.
- Analizar el contexto posrevolucionario mexicano de 1920-1924 como clave para entender la eliminación de caudillos incómodos.
- Evaluar críticamente las fuentes primarias: telegramas militares, cartas y confesiones, distinguiendo las que tienen cadena de custodia de las que no.
- Explicar por qué el gobierno mexicano de la época optó por el silencio y la destrucción parcial de archivos, y cómo eso afecta la memoria histórica.
- Construir un argumento propio sobre la responsabilidad histórica, citando al menos tres autores (Katz, Taibo II, Salmerón) que apoyen la tesis del complot múltiple.
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