¿El Huevo Cocido aumenta el Colesterol? Mito o realidad

Rodrigo Ricardo Publicado el 19 octubre, 2025 10 minutos y 58 segundos de lectura

Entre lo que se dice y lo que realmente pasa

Durante años, el pobre huevo ha cargado con una mala fama que no se merece. A donde voltearas, había alguien diciendo que comer muchos huevos te tapaba las arterias o te subía el colesterol hasta el cielo. Era casi como si cada yema fuera una amenaza. En los noventa, por ejemplo, se repetía eso de “uno a la semana y ya”.
Pero el tiempo ha pasado, y la ciencia también ha ido cambiando de opinión. Y ahí es donde empieza lo interesante, porque resulta que todo eso de que el huevo cocido “aumenta el colesterol” no es tan simple como lo pintaban.

Lo primero que hay que entender es que el colesterol no es un villano, ni mucho menos. Nuestro cuerpo necesita colesterol para fabricar hormonas, vitamina D y hasta para mantener sanas las células. Es como el aceite en un motor: si falta, el motor se traba; si sobra, entonces sí hay bronca.
El asunto está en el tipo de colesterol y en cómo se comporta dentro del cuerpo, no tanto en cuántos huevos te comas.

Hay dos tipos principales:

  • El colesterol LDL, conocido como el “malo”, que puede acumularse en las arterias y formar esas placas que dificultan el paso de la sangre.
  • El colesterol HDL, el “bueno”, que actúa como una especie de escoba, limpiando el exceso y llevándolo al hígado para eliminarlo.

Y aquí entra el huevo. Sí, tiene colesterol, sobre todo en la yema (unos 180 a 200 mg por unidad), pero eso no significa automáticamente que te va a subir el colesterol en la sangre. Esa idea viene de estudios viejos, cuando aún se pensaba que todo el colesterol que comías terminaba flotando en tu sangre, lo cual no es tan cierto.
Nuestro hígado fabrica la mayor parte del colesterol, y cuando comes más, tu cuerpo produce menos. Es un sistema bastante equilibrado, como si tuviera un regulador interno.

Muchos investigadores se dieron cuenta de esto cuando comenzaron a comparar a personas que comían huevos todos los días con las que apenas los probaban. Y el resultado fue curioso: en la mayoría no se observaban aumentos significativos en el colesterol malo. De hecho, algunos veían subir un poquito el HDL, el “bueno”. Así que, en pocas palabras, el huevo cocido no es el enemigo que nos pintaron.

Y ojo, que esto no quiere decir que uno deba desayunar media docena todos los días. Como todo en la vida, el equilibrio cuenta. Pero tampoco hay que tenerle miedo. Lo interesante es que el huevo no solo aporta colesterol, sino también proteína de alta calidad, vitamina B12, selenio, y colina, que ayuda al cerebro y al sistema nervioso.

Por eso muchos nutriólogos lo siguen recomendando, sobre todo hervido o cocido, que es la forma más ligera de comerlo sin añadir grasa extra.

El cuerpo no funciona como una calculadora

El error más común cuando se habla del huevo es pensar que si te comes uno con 200 miligramos de colesterol, automáticamente tu cuerpo absorbe esos mismos 200.

Pero la verdad es que el cuerpo no trabaja así de matemático, ni suma y resta lo que comes al nivel de tu sangre. El hígado, que es el que regula casi todo este rollo, tiene un sistema bien curioso: si ve que le estás mandando más colesterol por la dieta, produce menos; y si detecta que le mandas poco, fabrica más. Es como si tuviera un sensor interno que busca mantener el equilibrio.

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Por eso, a menos que tengas una condición especial (como hipercolesterolemia familiar, que hace que el cuerpo no pueda regular bien esos niveles), comer huevos cocidos no te va a mover los números del colesterol de forma grave.

De hecho, se han hecho montones de estudios con gente que come hasta uno o dos huevos diarios y, en la mayoría de los casos, el colesterol total apenas cambia o incluso mejora un poquito.

Y lo más curioso: en algunos estudios, la gente que come más huevo tiende a tener mayor colesterol HDL, el que ayuda a “limpiar” las arterias. Entonces, si lo piensas, el efecto puede ser hasta positivo.

Ahora, tampoco hay que olvidarse de algo clave: no solo importa lo que comes, sino con qué lo acompañas.

No es lo mismo un huevo cocido con verduras y pan integral que un par de huevos fritos con tocino y pan blanco lleno de mantequilla. El contexto lo cambia todo. Ahí es donde muchos se confunden: el huevo no es el culpable, sino el combo con el que suele venir. Es como culpar al pan por lo que hace la mermelada.

Si quieres ponerlo en claro, digamos que el impacto del huevo cocido sobre el colesterol depende de varios factores:

  • Tu genética (algunas personas son más sensibles al colesterol dietético que otras).
  • El resto de tu dieta (si comes muchas grasas saturadas, eso sí eleva el LDL).
  • Tu nivel de actividad física.
  • Y la forma en que cocinas el huevo (cocido, revuelto sin grasa, o frito con manteca… cambia mucho).

Un ejemplo típico: una persona con hábitos saludables, que hace ejercicio y come equilibrado, puede desayunar huevo cocido casi diario sin problema. Pero alguien con sobrepeso, sedentario y con una dieta cargada de embutidos y frituras, ahí sí el huevo se suma a un contexto que ya es riesgoso.
Entonces no se trata del huevo en sí, sino del panorama completo.

Cuando la ciencia se retractó

En algún momento, allá por los años setenta y ochenta, los investigadores pensaban que todo el colesterol que comías era el mismo que terminaba flotando en tu sangre. Y claro, el huevo era el blanco perfecto: barato, fácil de estudiar y con una yema llena de colesterol.
Así que se volvió el “villano favorito”. Las recomendaciones oficiales decían que no había que pasar de 300 mg al día, y con solo dos huevos ya te pasabas. Pero después de décadas de seguir ese consejo, algo no cuadraba. Las enfermedades cardíacas seguían aumentando y, curiosamente, la gente comía menos huevo. Entonces, ¿qué estaba fallando?

Ahí fue cuando empezaron a revisar los estudios con lupa y salieron datos nuevos. Investigaciones del Harvard School of Public Health, por ejemplo, analizaron miles de casos y encontraron que no existía una relación directa entre comer huevos y sufrir infartos o subir el colesterol en la mayoría de las personas. Sí, había casos aislados de gente sensible al colesterol dietético, pero eran los menos.

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Otro estudio grande, publicado en el American Journal of Clinical Nutrition, siguió a más de 170 mil personas de distintos países y concluyó que consumir hasta un huevo diario no aumentaba el riesgo cardiovascular. Y hasta hubo ensayos con deportistas y adultos mayores donde comer huevos cocidos todos los días mejoraba la masa muscular y los niveles de colesterol “bueno” sin afectar el “malo”.

Todo esto cambió las guías alimentarias. En 2015, las recomendaciones en Estados Unidos eliminaron el límite diario de colesterol en la dieta. Ya no aparece ese “no más de 300 mg”, porque se entendió que el colesterol en los alimentos no influye tanto en el colesterol en sangre como se pensaba.
Lo que más afecta son las grasas saturadas y trans, esas sí son las que alteran el balance del LDL y el HDL.

Y eso tiene mucho sentido si piensas en cómo comemos en la vida real. No hay comparación entre un huevo cocido y una hamburguesa con queso doble, mayonesa y papas fritas. El huevo cocido es casi un alimento completo por sí mismo: tiene proteína, vitaminas A, D, E y B12, minerales como hierro y zinc, y además colina, que ayuda a la memoria y al metabolismo.
Aparte es económico, fácil de preparar y se conserva bien. Difícil encontrar algo tan práctico.

En México, muchos nutriólogos hoy lo incluyen sin problema en los planes alimenticios. Algunos hasta recomiendan uno o dos huevos diarios, sobre todo si se preparan cocidos o en tortilla con verduras.
Lo que sí se sigue aconsejando es evitar abusar de las grasas con las que se cocina, porque ahí es donde el colesterol “malo” se multiplica.

El mito que se resiste a morir

A pesar de todo lo que la ciencia ya aclaró, mucha gente sigue con la idea de que el huevo “sube el colesterol”. Es un mito que cuesta trabajo soltar, quizá porque por años se repitió tanto que se volvió una verdad automática. Es como esas frases que uno crece escuchando y, aunque cambien los tiempos, siguen rondando por costumbre. Y pasa mucho: alguien va al médico, le dicen que tiene el colesterol un poco alto y lo primero que hace es dejar el huevo. Pero luego sigue comiendo pan dulce, carnes procesadas, frituras… y cree que ya se está cuidando.

El problema es que el colesterol en la sangre no depende solo de un alimento, sino de todo un estilo de vida. Si duermes poco, te estresas, no haces ejercicio y tu dieta está cargada de grasas malas, da igual si eliminas el huevo cocido. Pero si comes equilibrado, con frutas, verduras, cereales integrales, y haces algo de actividad física, el huevo entra sin problema, más bien como un aliado.

Y hay que decirlo: el huevo cocido es una joya nutricional. Aporta proteínas completas, de esas que el cuerpo aprovecha al cien por ciento, y tiene colina, que es esencial para el cerebro y el hígado. Además, su grasa no es tan mala como muchos creen; gran parte son grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas, las mismas que ayudan a regular el colesterol.
En pocas palabras, si se come con medida y dentro de una dieta equilibrada, no solo no daña, sino que puede beneficiar.

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Ahora, claro, no se trata de exagerar. Comer ocho huevos al día porque “no hacen daño” tampoco tiene sentido. El equilibrio siempre gana. Y si una persona ya tiene un diagnóstico médico o antecedentes familiares de colesterol alto, lo ideal es consultar a un especialista antes de cambiar hábitos. Cada cuerpo tiene su propio ritmo, y lo que a uno le funciona, a otro puede no resultarle igual.

Al final, todo se resume en que el huevo no fue el culpable que nos hicieron creer. Fue una víctima de la desinformación, de las ideas que se repetían sin revisarse. Hoy sabemos que un huevo cocido, dentro de una dieta normal, no aumenta el colesterol de forma peligrosa, ni causa infartos, ni nada por el estilo.
Más bien, lo que puede aumentar el riesgo es el exceso de azúcares, las frituras, el sedentarismo y el estrés de todos los días.

Así que sí, después de tantos años de miedo injustificado, ya se puede decir sin culpa: el huevo cocido no aumenta el colesterol. Y no solo eso: puede ser parte de una alimentación sana, práctica y completa.
Si te gusta, cómelo sin miedo, acompáñalo con algo verde, con fruta o con pan integral, y deja que la ciencia te dé permiso de disfrutarlo en paz.

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