Segundo New Deal: reformas estructurales (1935-1938)

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Introducción al Segundo New Deal

El Segundo New Deal, implementado entre 1935 y 1938, representó una fase más audaz y estructural dentro de las políticas del presidente Franklin D. Roosevelt para combatir la Gran Depresión. Mientras que el Primer New Deal (1933-1934) se enfocó en medidas de emergencia para estabilizar la economía, el Segundo New Deal buscó reformas de largo plazo que modificaran las relaciones laborales, la seguridad social y el papel del Estado en la economía.

Este período estuvo marcado por una creciente influencia de figuras progresistas dentro del gobierno, como Frances Perkins y Harry Hopkins, quienes abogaron por políticas más redistributivas. Además, el contexto político influyó decisivamente: la presión de movimientos sociales, como el del líder populista Huey Long, y el temor a una radicalización de la clase trabajadora llevaron a Roosevelt a adoptar medidas más transformadoras. Entre las principales iniciativas destacan la Ley de Seguridad Social, la Ley Wagner y la creación de la Works Progress Administration (WPA), instituciones que redefinieron el contrato social en Estados Unidos.

El Segundo New Deal también reflejó un cambio en la estrategia de Roosevelt frente a la Corte Suprema, que había anulado varias leyes del Primer New Deal. Para evitar nuevos bloqueos, el gobierno diseñó normas con bases constitucionales más sólidas, asegurando su permanencia. Además, este período consolidó la alianza entre el Partido Demócrata y los sindicatos, los afroamericanos y otros grupos marginados, sentando las bases para una coalición política duradera.

Las reformas no solo buscaban reactivar la economía, sino también reducir las desigualdades y garantizar derechos laborales, como la negociación colectiva. Aunque algunas medidas fueron controvertidas en su momento, muchas de ellas perduraron y se convirtieron en pilares del Estado de bienestar estadounidense.

La Ley de Seguridad Social de 1935: Un Hito Histórico

Uno de los logros más significativos del Segundo New Deal fue la aprobación de la Ley de Seguridad Social en 1935, un sistema de pensiones y seguro de desempleo que transformó la relación entre el gobierno y los ciudadanos. Antes de esta ley, no existía un sistema federal de protección para los adultos mayores o desempleados, dejando a millones en la indigencia. La nueva legislación estableció un fondo financiado mediante contribuciones de trabajadores y empleadores, garantizando pensiones a partir de los 65 años.

Además, introdujo ayudas federales para personas con discapacidades y familias dependientes, marcando un precedente en la intervención estatal en materia de bienestar social. La ley no estuvo exenta de críticas: algunos la consideraron insuficiente, ya que inicialmente excluyó a trabajadores agrícolas y domésticos, muchos de ellos afroamericanos. Sin embargo, sentó las bases para futuras ampliaciones y se convirtió en uno de los programas más populares de la historia de EE.UU.

La creación del Seguro Social también reflejó un cambio ideológico en la sociedad estadounidense, que comenzó a aceptar un mayor rol del gobierno en la protección de los ciudadanos. Roosevelt defendió la ley argumentando que ningún país podía considerarse civilizado si abandonaba a sus ancianos y desempleados. A largo plazo, el programa no solo redujo la pobreza entre los jubilados, sino que también estimuló la economía al proporcionar un ingreso estable a millones de personas.

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La estructura de financiamiento, basada en impuestos sobre la nómina, aseguró su sostenibilidad, aunque en décadas posteriores enfrentaría desafíos demográficos debido al envejecimiento de la población. Pese a sus limitaciones iniciales, la Ley de Seguridad Social fue un avance monumental en la construcción de un Estado de bienestar en Estados Unidos.

La Ley Wagner y el Fortalecimiento de los Sindicatos

Otra pieza clave del Segundo New Deal fue la Ley Nacional de Relaciones Laborales de 1935, conocida como Ley Wagner, que transformó el panorama laboral al garantizar el derecho a la sindicalización y la negociación colectiva. Antes de esta ley, los empleadores tenían amplia libertad para despedir trabajadores que intentaran organizarse, recurriendo incluso a la violencia.

La Ley Wagner estableció la Junta Nacional de Relaciones Laborales (NLRB), un organismo encargado de mediar en conflictos y prevenir prácticas antisindicales. Esto permitió un auge en la afiliación sindical, especialmente en industrias clave como la automotriz y la siderúrgica. La medida fue crucial para mejorar salarios y condiciones laborales, contribuyendo a la creación de una clase media más sólida.

La ley también tuvo un impacto político, ya que consolidó el apoyo de los trabajadores al Partido Demócrata. Roosevelt vio en los sindicatos un aliado clave para su reelección y para impulsar reformas económicas más amplias. Sin embargo, la oposición empresarial fue feroz; muchos industriales la consideraron una intromisión del gobierno en sus negocios.

Pese a esto, la Corte Suprema validó la constitucionalidad de la ley en 1937, en un giro jurisprudencial conocido como «el cambio a tiempo que salvó a nueve». A largo plazo, la Ley Wagner sentó las bases para el movimiento obrero moderno, aunque su influencia disminuiría en las décadas posteriores debido a la globalización y cambios en la estructura industrial. No obstante, sigue siendo un referente en la defensa de los derechos laborales.

La Works Progress Administration (WPA) y el Empleo Público

La Works Progress Administration (WPA), creada en 1935, fue una de las agencias más emblemáticas del Segundo New Deal, enfocada en generar empleo masivo mediante proyectos públicos. A diferencia de programas anteriores, la WPA no solo se limitó a la construcción de infraestructura, sino que también empleó a artistas, escritores y músicos, financiando obras culturales que enriquecieron el patrimonio nacional. En su peak, la WPA empleó a más de 3 millones de personas anuales, construyendo carreteras, escuelas, hospitales y hasta murales en edificios públicos. Este enfoque integral buscaba no solo aliviar el desempleo, sino también preservar la dignidad de los trabajadores al ofrecer empleos significativos.

La WPA tuvo un impacto social profundo, especialmente en comunidades rurales y urbanas marginadas. Proyectos como el Federal Writers’ Project documentaron historias orales de esclavos liberados, mientras que el Federal Theatre Project llevó obras a audiencias que nunca habían tenido acceso al arte.

Sin embargo, la agencia enfrentó críticas por supuesto despilfarro y por ser utilizada con fines políticos. Pese a ello, su legado perdura en la infraestructura y cultura estadounidense. Cuando fue disuelta en 1943, ya había cumplido su misión de reactivar la economía y demostrar el poder del gasto público en tiempos de crisis.

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El Impuesto sobre la Renta Progresivo y la Redistribución de la Riqueza

Otra reforma clave del Segundo New Deal fue la implementación de un sistema de impuestos más progresivo, diseñado para reducir las desigualdades económicas exacerbadas por la Gran Depresión. La Revenue Act de 1935, conocida como «Wealth Tax Act», incrementó significativamente los impuestos a los ingresos más altos y a las grandes fortunas, estableciendo tasas marginales de hasta el 75% para las rentas más elevadas.

Esta medida buscaba financiar los programas sociales del New Deal y, al mismo tiempo, corregir la concentración excesiva de riqueza que había caracterizado a la década de 1920. Roosevelt argumentaba que una economía sana requería una distribución más equitativa del ingreso, ya que el poder adquisitivo de las masas era esencial para reactivar el consumo y la producción.

Aunque el impacto recaudatorio de estos impuestos fue limitado debido a evasiones y exenciones, su significado político fue profundo. Marcó un giro en la filosofía fiscal estadounidense, aceptando que el Estado tenía un rol activo en la redistribución de la riqueza. Los críticos, principalmente empresarios y conservadores, acusaron a Roosevelt de promover un «socialismo encubierto» y de desincentivar la inversión privada.

Sin embargo, el presidente defendió la medida como una forma de justicia social y estabilidad económica. A largo plazo, este enfoque progresivo influyó en políticas fiscales futuras, especialmente en períodos de alta desigualdad, como en las décadas de 1960 y 2020.

La Rural Electrification Administration (REA) y la Modernización del Campo

Uno de los problemas más graves en la América rural durante los años 30 era la falta de acceso a la electricidad, lo que mantenía a miles de comunidades en el atraso económico. Para solucionarlo, el Segundo New Deal creó en 1935 la Rural Electrification Administration (REA), una agencia que facilitó créditos bajos a cooperativas locales para construir infraestructura eléctrica.

Antes de la REA, solo el 10% de las granjas tenían electricidad; para 1950, más del 90% contaba con este servicio. Este avance no solo mejoró la calidad de vida en el campo, sino que también aumentó la productividad agrícola al permitir el uso de maquinaria moderna y sistemas de riego.

La REA fue un ejemplo exitoso de cómo el gobierno federal podía colaborar con iniciativas locales para resolver problemas estructurales. A diferencia de otros programas, no dependía de la caridad estatal, sino de un modelo de autogestión financiera que aseguraba su sostenibilidad. Además, la electrificación rural tuvo efectos secundarios positivos, como la reducción del éxodo hacia las ciudades y la creación de empleos técnicos en zonas deprimidas.

Pese a su éxito, el programa enfrentó resistencia de las compañías eléctricas privadas, que veían una amenaza a sus monopolios regionales. Sin embargo, la REA demostró que ciertos servicios básicos, debido a su alto costo inicial, requerían participación pública para llegar a toda la población.

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El Fair Labor Standards Act (1938): Salario Mínimo y Jornada Laboral

Uno de los últimos grandes logros del Segundo New Deal fue la aprobación del Fair Labor Standards Act (FLSA) en 1938, que estableció por primera vez un salario mínimo federal (25 centavos por hora, equivalente a unos $5 hoy), la semana laboral de 40 horas y la prohibición del trabajo infantil en industrias interestatales.

Esta ley fue el resultado de años de lucha del movimiento obrero y respondía a las pésimas condiciones laborales de la época, donde era común trabajar 60 horas semanales por sueldos miserables. El FLSA no solo mejoró el nivel de vida de los trabajadores, sino que también buscó estimular la economía al aumentar el poder adquisitivo de las clases bajas.

Aunque inicialmente excluyó a sectores como la agricultura y el servicio doméstico (donde predominaban afroamericanos e inmigrantes), su alcance se amplió en décadas posteriores. La ley también enfrentó resistencia judicial, pero la Corte Suprema, ya más alineada con el New Deal tras la polémica reforma de Roosevelt en 1937, la avaló en 1941. El FLSA sentó un precedente global en la regulación laboral y hoy sigue siendo la base de derechos fundamentales en el trabajo.

Sin embargo, su implementación también reveló las tensiones entre el gobierno federal y los estados, especialmente en el Sur, donde las élites locales se resistían a cambios que alteraran su modelo económico basado en mano de obra barata.

El Declive del Segundo New Deal y su Impacto Histórico

Hacia 1938, el impulso reformista del Segundo New Deal comenzó a debilitarse debido a factores políticos y económicos. Por un lado, la oposición conservadora, tanto republicana como dentro del propio Partido Demócrata (especialmente sureños), logró frenar nuevas iniciativas progresistas. Por otro, la «recesión dentro de la depresión» de 1937-38, causada en parte por recortes prematures al gasto público, llevó a Roosevelt a moderar su agenda.

A esto se sumó el fracaso de su plan para «empacar» la Corte Suprema con jueces afines, que dañó su imagen y dividió a sus aliados. Sin embargo, para entonces ya se habían consolidado cambios irreversibles: el Estado asumió un rol activo en la economía, los sindicatos ganaron fuerza y se creó un incipiente sistema de protección social.

El legado del Segundo New Deal sigue siendo objeto de debate. Para algunos, fue un modelo de cómo el intervencionismo estatal puede corregir fallas del mercado y reducir desigualdades. Para otros, representó un exceso de regulación que ralentizó la recuperación completa (que solo llegaría con la Segunda Guerra Mundial). Lo innegable es que redefinió las expectativas de los ciudadanos hacia su gobierno: desde entonces, en tiempos de crisis, se espera que el Estado actúe como garante del bienestar colectivo.

Muchas de sus políticas, como la Seguridad Social o el salario mínimo, son hoy pilares intocables de la sociedad estadounidense, demostrando que las reformas de 1935-1938 no fueron meros parches temporales, sino una reestructuración profunda del pacto entre capital, trabajo y gobierno.

Rodrigo Ricardo
Rodrigo Ricardo Editor y fundador