Robert Hooke: biografía, hechos, teoría celular y contribuciones

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Una disputa científica

Robert Hooke fue una de las mentes científicas más importantes del siglo XVII, un observador meticuloso y un experimentador nato que revolucionó nuestra comprensión del mundo microscópico y macroscópico. Sin embargo, si hoy en día preguntamos a cualquier persona en la calle por los grandes nombres de la Revolución Científica, es muy probable que evoque a Galileo, a Descartes o a Leibniz, mientras que el nombre de Hooke permanece en la penumbra. Este olvido histórico no fue un accidente casual, sino el resultado de una disputa bastante acalorada con Sir Isaac Newton, uno de los científicos más venerados y poderosos del mundo de habla inglesa.

Robert Hooke
Robert Hooke

La raíz de este enfrentamiento encarnizado se encontraba en sus respectivas contribuciones a la mecánica celeste y, específicamente, a la formulación de la Teoría de la gravitación universal. Hooke afirmaba, con justa razón, que él había comunicado a Newton en una serie de cartas la idea de que la atracción gravitatoria disminuía de manera inversamente proporcional al cuadrado de la distancia. Newton, dotado de un aparato matemático infinitamente superior, demostró geométricamente esta relación en su obra cumbre, los Principia Mathematica, pero se negó a otorgarle a Hooke el crédito que este exigía, desatando un conflicto de egos que duraría décadas.

En este caso, sin embargo, Newton no ganó la disputa por tener mejores argumentos o por demostrar una ética superior; simplemente vivió más tiempo y acumuló un poder institucional inmenso. En 1703, el año en que murió Hooke, Newton fue elegido presidente de la Royal Society of London para la mejora del conocimiento natural. Una vez en la cima de la institución científica más prestigiosa del mundo, la sombra de Newton se proyectó de forma implacable sobre la memoria de su antiguo rival.

Durante la larga presidencia de Newton, la Royal Society se mudó de sede y, misteriosamente, el único retrato conocido de Robert Hooke desapareció sin dejar rastro, privando a la posteridad de conocer el rostro del científico. El proceso de destrucción de su reputación no se detuvo ahí. Solo dos años después de su fallecimiento, en 1705, el biógrafo de Hooke y miembro de la misma sociedad, Richard Waller, publicó una semblanza donde describía a Hooke con adjetivos demoledores como «despreciable», «melancólico», «desconfiado» y «corrupto».

Durante los siguientes cientos de años, mientras la figura de Newton saltaba a la fama global y se consolidaba indiscutiblemente como el padre de la física moderna, Hooke fue sistemáticamente presentado en los libros de historia como el archienemigo de Newton: un ogro mezquino, envidioso y odioso cuya única intención en la vida había sido intentar derribar al gran Sir Isaac Newton.

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¿Quién era Robert Hooke?

Para hacer justicia a la historia, es necesario retirar el velo de la propaganda newtoniana y descubrir quién era realmente este hombre. Robert Hooke fue un erudito en toda la extensión de la palabra, lo que hoy clasificamos conceptualmente como un auténtico «hombre del Renacimiento», pero aplicado específicamente a las ciencias de la época barroca. De hecho, el historiador británico Allan Chapman se refirió con gran acierto a Hooke como «la respuesta de Inglaterra a Leonardo Da Vinci», debido a su asombrosa capacidad para dominar, innovar y conectar disciplinas aparentemente inconexas.

Robert Hooke brindó muchas contribuciones importantes a una amplia gama de campos científicos que incluyen la física, la química, la anatomía, la biología, la geología, la paleontología, la arquitectura e incluso los estudios sobre el funcionamiento de la memoria humana. Lejos de ser un teórico de escritorio, Hooke era el «Curador de Experimentos» de la Royal Society, lo que significaba que su trabajo diario consistía en idear, construir y demostrar empíricamente teorías científicas ante los miembros de la sociedad.

  • La ley de la elasticidad: Su famosa teoría de la elasticidad —que establece que la deformación de un cuerpo elástico es directamente proporcional a la fuerza que se le aplica— le proporcionó las herramientas de ingeniería necesarias para convertirse en la primera persona en utilizar resortes de equilibrio (volantes de inercia) para regular los relojes de bolsillo, permitiendo una precisión cronométrica nunca antes vista.
  • La naturaleza de la luz y la materia: Sus agudas observaciones sobre el fenómeno de la refracción de la luz le permitieron deducir y defender la teoría ondulatoria de la luz, adelantándose por mucho a las concepciones corpusculares de su tiempo. Asimismo, fue la primera persona en sugerir que la materia se expande cuando se calienta y que el aire está compuesto por pequeñas partículas separadas por grandes distancias, sentando las bases de la teoría cinética de los gases.
  • Geología y evolución: Su uso exhaustivo del microscopio para examinar fósiles y maderas petrificadas lo llevó a concluir que estos objetos eran restos orgánicos de organismos del pasado y no meras «curiosidades de la tierra», convirtiéndose en uno de los primeros proponentes de la evolución biológica y de los cambios geológicos de la Tierra.
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Además de sus propios descubrimientos, Hooke influyó y trabajó de cerca con muchos otros grandes científicos de su tiempo. Sus extraordinarios diseños para una bomba de aire de alta eficiencia fueron los que permitieron realizar los experimentos que llevaron a la formulación de la famosa Ley de Robert Boyle con respecto a la relación matemática entre la presión y el volumen de los gases. De igual manera, sus detallados grabados e investigaciones con instrumentos ópticos inspiraron de forma directa a Antonie van Leeuwenhoek, quien posteriormente perfeccionaría los lentes para convertirse en el padre de la microbiología. Sin embargo, fue su trabajo pionero sobre la gravitación planetaria y la naturaleza de las órbitas celestes lo que finalmente le metió en problemas insalvables con la susceptible personalidad de Newton.

Contribuciones a la teoría celular

A pesar de sus inmensos aportes a la física y a la astronomía, el mayor legado de Robert Hooke y el motivo por el cual su nombre se pronuncia obligatoriamente en todas las aulas escolares del mundo es su contribución fundamental a la teoría celular. La teoría celular, tal como la conocemos hoy en día, es el resultado del esfuerzo acumulado, la investigación y el trabajo de muchos científicos diferentes a lo largo de los siglos (como Schleiden, Schwann y Virchow). Pero el hito fundacional de esta ciencia pertenece al año 1665: Hooke fue en realidad la primera persona en la historia de la humanidad en ver células bajo un microscopio.

Utilizando un microscopio compuesto que él mismo diseñó y perfeccionó —añadiendo un novedoso sistema de iluminación con una esfera de vidrio llena de agua para concentrar la luz de una lámpara de aceite—, Hooke se dedicó a observar minuciosamente la estructura interna de una gran variedad de objetos cotidianos. Un día, decidió cortar finas rodajas de corcho de una botella y colocarlas bajo su lente.

El Descubrimiento de Micrographia (1665): Lámpara de Aceite ──► Esfera de Agua (Lente) ──► Muestra de Corcho ──► «Celdas»

Al mirar a través del ocular, observó que, bajo el microscopio, el tejido del corcho era profundamente poroso, asemejándose a un intrincado panal de abejas. Hooke notó que estos poros o compartimentos estaban espaciados de manera regular y, debido a su forma cuadrangular y ordenada, le recordaron de inmediato a las pequeñas habitaciones o «celdas» (cells, en inglés) en las que habitaban los monjes en un monasterio. Por lo tanto, en su obra maestra Micrographia, acuñó el término «célula» tal como se usa ahora de forma universal en la biología moderna.

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La teoría celular es una de esas verdades científicas que nos parecen realmente simples, lógicas y evidentes ahora, pero que representó una ruptura epistemológica pionera y revolucionaria en aquel momento. Nadie había visto una célula antes; nadie en el siglo XVII tenía la menor sospecha de que los organismos vivos poseían una estructura interna microscópica tan organizada. ¡Nadie sabía que existían!

Fueron necesarios los descubrimientos de muchos científicos durante cientos de años para desarrollar y consolidar las tres ideas fundamentales de la teoría celular que hoy damos por sentadas:

  1. Todos los seres vivos están compuestos por una o más células. Desde la bacteria más pequeña hasta la ballena azul más imponente, la vida se organiza a nivel celular.
  2. Las células son la unidad básica de la estructura y función de la vida. Es la estructura más pequeña y elemental que puede considerarse legítimamente «viva».
  3. Todas las células surgen de células vivas preexistentes, mediante procesos de división celular, descartando la antigua teoría de la generación espontánea.

Resumen de la lección

A modo de conclusión, podemos afirmar que Robert Hooke fue una de las mentes científicas más brillantes, polifacéticas e importantes del siglo XVII, un verdadero pilar de la Revolución Científica. Su incansable trabajo experimental influyó de manera directa en muchos de los grandes descubrimientos e instrumentos que todavía utilizamos en la actualidad, tales como los muelles reguladores de los relojes mecánicos, los sistemas ópticos de los microscopios compuestos y la teoría ondulatoria de la luz.

Desafortunadamente para su posteridad, Hooke tenía un carácter difícil y la costumbre habitual de discutir de forma pública y vehemente con sus compañeros científicos por la autoría de los inventos. Una discusión prolongada y destructiva con el gran Sir Isaac Newton —uno de los científicos más influyentes y políticamente poderosos de la historia humana— llevó a que su memoria fuera casi borrada por completo de los registros de la ciencia pública durante más de dos siglos.

Sin embargo, el tiempo tiende a colocar cada pieza en su lugar. A pesar de los esfuerzos coloniales de sus detractores por sepultar su nombre, su mayor legado, sus contribuciones inestimables a la teoría celular y la acuñación del término biológico «célula», sigue plenamente vivo, recordándonos que la ciencia es un edificio colectivo construido sobre los hombros de gigantes que supieron mirar más allá de lo evidente.

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