La diferencia entre la escucha reflexiva y activa

Publicado el 10 noviembre, 2020

Escucha activa

Algunos de los mejores comunicadores le dirán que escuchar es una de las habilidades más importantes en la construcción de relaciones. En un mundo de distracciones crecientes, como teléfonos y horarios ocupados, los oyentes rara vez se toman el tiempo para estar completamente presentes con un orador y comprender genuinamente lo que está diciendo sin juzgar, criticar o aconsejar. Esta es la premisa detrás de la escucha reflexiva y activa.

La escucha activa exige la atención total del oyente y requiere que los oyentes utilicen el lenguaje corporal y las respuestas que demuestren su consideración y comprensión total de lo que el hablante está comunicando. El propósito de la escucha activa es asegurar que el hablante se sienta escuchado y comprendido.

Los oyentes activos no juzgan al hablante ni a su mensaje. Tienen una postura corporal abierta y hacen un contacto visual excelente y apropiado. Estos oyentes usan expresiones faciales y otras señales no verbales para demostrar atención y comprensión. Un oyente activo presta atención al hablante sin distracciones y anima al hablante con frases como “uh huh”, “seguro” y “mm-hm”. Este estilo de escucha utiliza preguntas abiertas para aclarar el mensaje del hablante y declaraciones parafraseadas para su comprensión. Un oyente activo también identificará y expresará los sentimientos del hablante. También guardan silencio cuando es apropiado y resumen el mensaje del orador cuando terminan de hablar.

La escucha reflexiva abarca todo lo que es escucha activa, pero va un paso más allá. El oyente presta especial atención al contenido, los sentimientos y el significado detrás del mensaje y se refleja en el hablante para demostrar comprensión y aclarar el mensaje. El propósito de la escucha reflexiva es actuar como un espejo o reflejo del hablante, ayudando al hablante a darse cuenta y descubrir cosas nuevas sobre sí mismo.

Los oyentes reflexivos utilizan todas las técnicas de un oyente activo, pero también se esfuerzan por reflejar el lenguaje corporal, la postura y las expresiones faciales del hablante. Utilizan el silencio de una manera más terapéutica, lo que permite al hablante reflexionar sobre lo que han dicho y pensar en lo que quieren decir a continuación. Un oyente reflexivo reflexiona no solo sobre los sentimientos aparentes del hablante, sino también sobre las emociones y los sentimientos ocultos que pueden interpretarse a través de cosas como la postura. Este estilo de escucha refleja tanto el contenido como el significado detrás del contenido del mensaje del hablante. También refleja el comportamiento del hablante. Un oyente reflexivo se abstiene de emitir juicios, prejuicios, diagnósticos, elogios, soluciones y otras cosas que pueden impedir que el hablante se exprese.

Escucha reflexiva

No hay duda de que la escucha activa y reflexiva se superponen, lo que a veces hace que sea difícil distinguir entre los dos. De hecho, usar declaraciones reflexivas es un aspecto de la escucha activa. Pero la escucha reflexiva es una forma de escucha más especializada, donde la escucha activa es más general. Analicemos las principales diferencias entre los dos.

Nivel de habilidad

Si bien la escucha activa es una habilidad que se puede aprender en el taller de un día, la escucha reflexiva requiere más experiencia. Los requisitos de la escucha reflexiva se extienden mucho más allá de los de la escucha activa. Por ejemplo, los oyentes reflexivos deben prestar especial atención para evitar respuestas de alto riesgo, como declaraciones de acuerdo, juicios, diagnósticos, resolución prematura de problemas, discusiones lógicas, retraimiento e incluso elogios, todos los cuales pueden ser barreras de comunicación que impiden al hablante. de expresarse plenamente.

Además, los oyentes reflexivos deben parafrasear posibles emociones ocultas del hablante para ayudarlo a comprender las emociones secundarias que puedan estar sintiendo. Por ejemplo, puede ser obvio para un hablante que está sintiendo enojo, pero no tan obvio que este enojo provenga de la emoción más compleja del resentimiento. Un oyente reflexivo puede ayudar al hablante a darse cuenta de esto.

Casual versus formal

La escucha activa es apropiada para conversaciones más casuales, como eventos de redes profesionales, mientras que la escucha reflexiva es más íntima e involucrada y podría ser más apropiada entre parientes cercanos o en un entorno terapéutico entre un terapeuta y un cliente.

Preámbulos

A diferencia de la escucha activa, la escucha reflexiva implica evitar los preámbulos. Los preámbulos son declaraciones como ~ parece que estás diciendo. . . o ‘lo que te escucho decir es. . . Los preámbulos pueden hacer que el hablante se sienta como si estuviera siendo psicoanalizado, y esto puede ser molesto y molesto. Es por eso que los oyentes reflexivos deben decir cosas como “te sientes solo” o incluso simplemente “estás triste” al parafrasear los sentimientos del hablante.

Propósito

El propósito de la escucha activa es hacer que el hablante se sienta escuchado y escuchado, y que el oyente aprenda cosas nuevas y comprenda completamente lo que dice el hablante. Esto también es válido para la escucha reflexiva, pero existe un propósito terapéutico adicional para ayudar al hablante a comprender más sobre sus propias necesidades, sentimientos y pensamientos.

Resumen de la lección

Las diferencias entre la escucha reflexiva y activa pueden resultar confusas. La escucha activa requiere la atención total del oyente, así como el lenguaje corporal y las respuestas que demuestren consideración y comprensión total del hablante.

La escucha reflexiva abarca todo lo que es la escucha activa, pero implica un enfoque especial en el contenido, los sentimientos y el significado detrás del mensaje del hablante, que se reflejan en el hablante. La escucha reflexiva es más específica y extensa, requiere un mayor nivel de habilidad, es más formal e íntima, evita respuestas y preámbulos de alto riesgo y tiene un propósito más elevado en el desarrollo de la percepción del hablante.

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